ANTE EL ÚLTIMO LIBRO DE JULIO GARET MAS

 

Por Jorge Meretta

Sólo nos conocimos por intercambio de poemas, es decir, por dentro, concientes que esa insensata tarea de la poesía era la lógica de la transparencia. Hablo de Julio Garet Mas ante su libro El Nauta (Colección de Escritores Salteños, número 15) que me acercara su hijo Leonardo con un lúcido prólogo del Prof. Gerardo Ciancio. Lejos en mi del propósito de estas líneas de un juicio crítico, tarea para aquellos que poseen el método y oficio de tan ardua lucha.

Las vanguardias de hoy son las retaguardias del mañana; de allí que sea necesario decir que el soneto, por ejemplo, ha transformado a muchos en “gimnastas”, lejos del lúcido conocimiento de lo que significa versificación, cuerpo en la música del lenguaje llevada a una “magia emocionada”, en larga discusión y coincidencia con el poeta Walter González Penelas.

De allí que lo de “hombre-soneto” me resulte sólo válido por la precocidad y constancia de Julio en ese formato; lo acertado está en “hombre-palabra” de Ciancio, limitando la afirmación de Sabat Pebet, en cuanto la poesía viaja a través de ella, porque llevar un poema, sea el formato que tenga, a u análisis forense, sería encontrarnos sólo con vocales y consonantes.

El tiempo, esa imagen móvil de la eternidad, se encargará de ubicar la poesía de Julio Garet Mas en el sitio que le corresponda, porque como dice el gran dominicano Manuel del Cabral es “un agua pura, tan limpia / que da trabajo mirarla”.

       
 

 

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