La melancolía de un narrador

 

Por Sergio Stipanic

Leonardo Garet vive en Salto. Profesor de Literatura, se ha dedicado a la docencia y a escribir ensayos críticos. Pero también navega por la poesía y la narrativa. Salto ha dado muy buenos creadores literarios. Leonardo Garet es uno de ellos. Hace unos días presentó su última obra, un libro de cuentos cuyo título es "Los días de Rogelio" y que ha sido editado por Fin de Siglo. En el mismo se podrá encontrar, letras de una pulida escritura, la melancolía de un creador que observa la endeblez de los seres humanos.
-Háblame de su vida.
-Nací en Salto en 1949. Soy el resultado de la docencia a la que pertenece toda nuestra familia materna y la creación literaria a la que pertenece mi familia paterna. Julio Garet Mas, mi padre, fue un poeta que recorrió América en innumerables oportunidades, y Enrique Ricardo Garet, mi tío, fue un poeta de un solo libro, "Paracaídas", pero que se mantuvo viviendo como poeta todo el resto de su vida, escribiendo crónicas periodísticas con mano poética.
Me siento resultado de esas dos fuentes, docencia y creación, cuando trabajo en los talleres literarios desde hace diez años del Ministerio de Educación y Cultura. Voy a Artigas los martes y a Paysandú los jueves.
Tengo que distribuir muy bien mi tiempo para poder seguir trabajando en Secundaria.
-Los libros publicados.
-Me es fácil reconocer los libros publicados en poesía y en narrativa. Cuando publiqué en 1991 "Palabra sobre palabra" hice una recopilación de pequeños libros anteriores que no habían tenido repercusión. Yo me inicié con un libro de poesía en 1972 y estaba entonces viviendo en Bella Unión. Me quedé con casi toda la edición de ese libro, porque no sabía bien que había que hacer con él. En el año 1975 la revista "Árbol de fuego" de Venezuela me publica un libro llamado "Primer escenario" y de él me llegaron quince ejemplares. En 1978 publiqué un libro de poesía, "Máquina final", muy apocalíptico, muy vehemente, con una poesía muy experimental, contundente.
En 1988 me ofrecen publicar un libro de poesía también, que se llamó "Pájaros extranjeros". Pero el editor hizo muy pocos ejemplares.
De modo que por eso digo que en 1991 sale mi primer libro, ya que ese es el que se divulga. Se llama "Palabra sobre palabra" y lo presentaron en Montevideo Marosa Di Giorgio y Napoleón Baccino. Allí se inicia públicamente mi carrera literaria.
-¿Se considera poeta o narrador?
-En este momento diría narrador, sin lugar a dudas. A pesar de tener una trayectoria mucho más continuada en la poesía.
En la narrativa me inicié tardíamente en el 1988 con "Los hombres del agua". Después vino "Los hombres del fuego" en el 1993 y "La casa del juglar" en el 1996 y ahora "Los días de Rogelio".
Sin embargo no dudo para nada en decir que soy narrador. Desterré para siempre otra inclinación que tuve, que fue la crítica literaria. Publiqué varios libros de crítica. Cervantes, Sabat Ercasty, Enrique Amorim, Vicente, Aleixandre, Horacio Quiroga.
-Hábleme de Horacio Quiroga y Enrique Amorim.
-Son dos figuras muy distintas. No solo en sus obras, en sus vidas, sino en sus enfoques. A pesar de que llegaron a ser amigos. Quiroga lo ayudó en sus comienzos a Amorim en Buenos Aires.
Son muy distintos en su forma de concebir la literatura. Por un lado la literatura puede tener una relación bastante estrecha con la política, como es el caso de Amorim, y Quiroga tenía muy claro que no era así. Quiroga no volvió más a Salto después que se fue y Amorim viajó nueve veces a Europa, pero siempre volvió a Salto.
Amorim fue fundamentalmente un novelista y Quiroga se especializó en el cuento.
-¿Que es "Los días de Rogelio"?
-En primer lugar Rogelio es un nombre que me gusta mucho. Creo que le da continuidad que el recuerdo atribuye al pasado la expresión "los días".
Es la reconstrucción de un niño que es en parte el autor. Son los niños que vi y los niños que sentí. Es muy posible que haya melancolía, como usted dice.
En el cuento "Mi tío" creo que lo que hay es una tristeza por la imposibilidad del amor.
-¿Es difícil ser escritor en Salto?
-Yo prácticamente estoy arriba del ómnibus. Es muy difícil en el interior, no solo en Salto. Yo trato de impulsar con distintas ediciones de los talleristas míos tanto de Paysandú como de Artigas. Es muy difícil no ceder. Es muy difícil mantener un nivel de lo que uno cree que debe ser la literatura.
-¿A qué escritores les rinde tributos?
-Las influencias es difícil que uno mismo las reconozca. En el caso de "Los días de Rogelio" está muy visible un reconocimiento a Borges. En el sentido de exigencia para con la palabra.
Pero en la predilección por algunos climas narrativas me siento cerca de Guimaraes Rosa y de García Márquez.
-Pero usted no profesa el realismo mágico.
-No, no. Pero me siento cerca. En lo mío siempre aparecen algunas cosas fantásticas. Yo les doy una trascendencia simbólica. Pero creo que no estoy dentro del realismo mágico.
-Si tuviera que optar entre la docencia y la creación literaria, ¿qué haría?
-Creo que la opción la fui haciendo a lo largo de veintisiete años en que mantuve las dos actividades.
Como la docencia es un trabajo más formalmente considerado, creo que llega un momento en que se le puede poner un punto final y hasta sería deseable, por los estudiantes, que ese punto final no estuviera muy lejos. Pero para la creación no hay punto final.
-Los poetas de Salto.
-Salto tuvo poetas muy importantes en el período en que se vivía acá el posmodernismo. Tuvo a José Maria Delgado, Walter Schuk, Víctor Lima; Amorin fue poeta también y creo que la figura más importante es Marosa di Giorgio.
-Si tuviera que dejar de vivir en este país, ¿qué lugar elegiría?
-No lo he pensado. Tengo muchos deseos de conocer todo, cualquier lugar del mundo.
-¿Con quién le hubiera gustado tomar un café?
-Con Horacio Quiroga, en Misiones.
-Una música.
-La medieval. Sobre todo unas hermosas cantigas que he escuchado del rey Alfonso el Sabio. En galaico portugués.
-Una ciudad.
-Roma.
-Los amigos.
-Es la vida.
-Un recuerdo de infancia.
-Cruzaba un día en el ómnibus por la ciudad de Young y estaban quemando judas y quemaban un judas con forma de bruja montada en una escoba. Y a mí siempre me pareció que la bruja se iba a volar. Siempre me quedó esa imagen en la retina.

Sergio Stipanic
Ultimas Noticias- Domingo 13 de diciembre de 1998.

 


Sergio Stipanic nació en Montevideo en 1944. Periodista y escritor. Trabajó en el diario Clarín, de Buenos Aires. Publicó El pescador perdido (1980), Punta del este, mate y candombre (19829, Con la frente marchita ( 1993) y Cara de niño (2007).

       
 

 

Dirección para
contactarse con esta
página:

leogaret2017@gmail.com