LOS MINICUENTOS DEL TALLER HORACIO QUIROGA

 

Por José Luis Guarino

- La sencillez con que se desarrolla este acto, no debe ser impedimento para que tengamos la convicción de que estamos ante una celebración múltiple, que en algún sentido también se corresponde con esta etapa del año que es propicia para la mirada evaluadora, para la cosecha de cuanto se ha hecho.

- Y voy por parte: el Taller Horacio Quiroga acaba de ser reconocido con el Premio Morosoli. El director de este Taller, acaba de regresar de un viaje enriquecedor, siguiendo las huellas de Odiseo, y está entre nosotros luego atravesar el torbellino de Escila y Caribdis, el país de los feacios y conservando en sus oídos el canto de la sirena que el Héroe escuchaba atado al mástil para no sucumbir a su encanto. Y como coronación del año, los integrantes del Taller Literario Horacio Quiroga, concretan en un libro virtual, su trabajo creativo, sobre el cual quiero expresar algunas consideraciones, no sin antes agradecer el inmerecido honor de que se me haya solicitado estas breves palabras de presentación.

- Y bien. El libro se titula MENOS ES MAS, y es una colección de minicuentos. . El académico Leonardo Garet le ha escrito un MINIPRÓLOGO. De modo que para no desentonar, esta es una MINIPRESENTACIÓN.

 

- La lectura de estos cuentos me ha hecho recordar algunas frases hechas, que vienen de lejos. Aquel “Esto brevis et placebis” (Sé breve y agradarás) de los antiguos romanos, y que en el período barroco Baltasar Gracián adaptó para su teoría conceptista expresando: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”

La verdad es que el primer complacido por la belleza del libro he sido yo.

La brevedad exige concisión, dominio del lenguaje, uso certero de las palabras.

Cuando uno lee, por ejemplo: “Abrió un paraguas que no debía y el viento se lo llevó”, bastan la exposición de la causa y la consecuencia, para la comunicación de un suceso fugaz, pero completo en sí mismo.

- O cuando encontramos escrito: “ Desde su cama, envuelto en yeso, vio dos gatos caminando sobre el pretil. –Ellos sí saben hacerlo –pensó- y además, no toman alcohol”, estamos frente a una arquitectura sólida y frágil a la vez. Porque se basta a si misma con suficiencia. Nada falta, ni nada sobra. Una palabra más y se derrumba su armonía. Una de menos y queda la construcción inconclusa.

- Estos minicuentos apresan el momento. Se desentienden del antes y del después. Tienen algo del relámpago y su momentáneo fulgor; algo del pájaro que pasa volando y desaparece, dejándonos sin referencia de dónde y hacia dónde; algo del golpe de brisa que nos toca con su canto y se vuelve silencio.

 

- Y pese a lo fugaz, hay un contenido, un mensaje completo, que en la totalidad del libro abre un abanico de propuestas , sentimientos e impactos en el lector.

Hay, a modo de breves ejemplos, textos que apuestan a lo fantástico, como el que lleva por título “Miedo inconsciente”, otros al misterio, como el que se titula “Otra”, los hay relacionados con las creencias populares, como “ Oportunidad”, o con las tragedias que suelen ser causadas por hechos casuales, como puede verse en “El duelo”, o apuntan a la ironía de la vida, tan bien reflejada en “Destino”, y también en el titulado “Luna de miel”; o hacia lo cómico, como en “Un futuro mejor”, o en “Familia numerosa”,o hacia lo mágico, como en “Callejero”, o a lo lúdico y macabro, como en “Jugando”.

 

No quiero abundar en ejemplos, para no quitarles a ustedes el interés a la lectura que harán los autores a continuación.

Simplemente, quiero dejar constancia de la variedad de contenidos, objetivos y efectos que producen estos cuentos: algunos orientados hacia la ironía, otros nos dan una visión jocosa de los acontecimientos, no faltan los que toman un sesgo trágico, y aún los que mezclan estas características anotadas. Pero en general, la brevedad se resuelve en una contundencia que en breve tiempo, de un golpe de vista, lleva al lector a un final muchas veces impensable, inesperado, entonces el factor sorpresa es otro de los ingredientes que conducen a esa complacencia a que se referían los romanos, y a ese mejor (dos veces bueno) de los conceptistas del barroco.

- Y eso supone un trabajo de refinamiento, de purificación de todo lastre verbal, de concreción, de buena orientación sin perderse en bifurcaciones innecesarias, de ingenio: decía Shakespeare que “la brevedad es el alma del ingenio”.

- Por su parte Pascal, ironizaba: “He hecho esta carta más larga porque no he tenido tiempo de hacerla más corta”. Creo que acá, todos tuvieron tiempo para una producción en la que con lo indispensable, todo está dicho. Y en ese todo está lo dicho explícitamente, y lo que queda implícito y el lector entiende, y se ha dejado de lado lo que no es necesario que el destinatario sepa. Por esto, estas creaciones valen por las palabras y por los silencios.

- Han sabido captar la esencia, y despojarse de todo lo superfluo. Estos textos tienen la levedad del vuelo, la contundencia de la gota que estalla en la tierra,. la maestría de la palabra justa, medida, exacta.

- Y por último, se trata de un libro muy original. No es común, y menos en la literatura salteña esta clase de publicaciones dedicadas a los cuentos cortos.

La originalidad, el nivel de esta producción colectiva, forman un acorde sonoro, armónico, que canta la calidad de un taller literario, de luminosa trayectoria, reconocida y premiada, y por lo tanto relevante realidad de esta cultura salteña de la que tanto nos enorgullecemos. A todos los escritores que publican estos minicuentos: Alfredo Sobesky, Juan Carlos Ferreira, Miguel González, Sonia Hornos, Teresita Picción, Irene Viera, Lilí Ribero, Wáshiongton Díaz, Juan hablo Nickleson, Damaris Sobesky, Myriam Albisu, Silvana Montenegro, Rocío Menoni, Alejandra Guglielmone, Rocío Cardona, Roberto Machado, Raquel Panganini, Ana Irene Bentos Pereira, María Angélica Pérez Pallares, Lorena de los Santos, Patricia Coitiño, Laura Reina, Silvia Corti y Roberto Machado, al director del taller literario Horacio Quiroga, don Leonardo Garet, las felicitaciones y el augurio de nuevos logros.

 

José Luis Guarino.

       
 

 

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