Crónicas del medio siglo


Crónicas del medio siglo


La crónica de lugares y personajes se alimenta, más que ningún otro sub género literario, de la empatía del autor con su tema. No puede un extraño hacer la crónica que se merecen aquellos rincones y personas que están impregnados de una significación especial en una comunidad determinada. Salto ha tenido pocos de estos cronistas, quizás el más recordado sea Eduardo S. Taborda, con sus charlas radiales de Salto de ayer y de hoy, que es espejo de los años finales del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX.

Un cronista vocacional fue el doctor Nery Campos Pierri, más conocido como Toto Campos. Ingresó al Taller Literario Horacio Quiroga explicando que a él lo movía exclusivamente el deseo de escribir crónicas.

Para escribir sobre los pequeños temas de la ciudad, sus costumbres, sus personajes típicos es necesario en primer lugar sentir hacia ellos una atracción de amor. Porque se sabe que con nombrarlos se los salva del olvido.

El plan de Toto era ambicioso y nos consta a todos los que compartimos los encuentros de taller, que quería dedicarse a los clubes, las cantinas, los grupos, las esquinas, las confiterías, los personajes que habían acompañado su niñez y su juventud. La muerte no le permitió dejarnos sino algunas crónicas. Es que su tiempo se ocupaba en forma mucho más premiosa en sus múltiples actividades de ayuda a la colectividad. Las que hoy damos a conocer alcanzan a ser ilustrativas de sus intenciones. [1]

La crónica (modalidad de literatura historiográfica consistente en la narración de acontecimientos correspondientes a un período histórico y según un orden cronológico), en el caso de Crónicas del medio siglo se confunde con la memoria (relato autobiográfico, escrito en retrospectiva). El resultado es el ayer colorido de Salto en la primera mitad del siglo XX que se corporiza en nombres, esquinas, y situaciones que

-diría Víctor Lima-, bailan en nuestro corazón. A quien tanto hay que agradecerle como hombre solidario, también se le debe agradecer que se haya sentado como un abuelo y haya contado algunas vivencias de la familia salteña.

 

Leonardo Garet


[1] Toto dejó manuscritos sus textos; la digitalización corresponde a dos integrantes del Taller Horacio Quiroga: Myriam Albisu y Rocío Menoni.


       
 

 

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