Galera de mago

En la capilla ordenaban la ropa donada para los inundados, cuando encontraron el traje negro metido en una bolsa todo arrugado incluida su achatada galera, todos pensaron en Pablo. Muchacho aficionado a los trucos que por las tardes divertía al grupo de gurises que el agua movía a su antojo.

Familiares y vecinos esperaron en el patio hasta que se presentó con sus nuevas pilchas, el silencio de su aparición fue roto por los aplausos. El flamante mago inclinó su cabeza quitándose el sombrero en gentil saludo. Pasó su mano izquierda con el amanerado gesto del misterio; una paloma surgió y voló robando las miradas y el clamor de todos, este segundo de euforia los imposibilitó de notar como Pablo se estremeció.

De la galera siguieron saliendo deslumbradoras palomas para deleite de aquella gurizada, sentados en el suelo y con algunos mayores atrás, como de pasada, pero tan emocionados como sus propios críos. La magia era fantástica, cinco, diez veinte palomas, alas blancas y pecho rosa, grises con amarillos, celestes y coloradas, Pablo era dueño de liberar tanta alegría.

Apoyado en su novel fama fue convocado a mostrar su destreza en el club social del pueblo, con propaganda, ventas anticipadas y por supuesto una recompensa para el artista, todo arreglado. Se haría la función la noche del primer sábado. Las candilejas estaban encendidas el animador lo convocó al escenario, intuyó la platea expectante, quedo solo, la obscuridad rota por el murmullo, se encendió un solo foco, potente, el haz de luz lo mostró con su disfraz con una tenue inclinación trató de saludar y comenzó.

Fue entonces que Pablo comprendió que el enigma de la galera no lo manejaba a su antojo, había servido para alejar las penas de los niños, pero… se prestaría aquel misterio a entretener sin importar la causa? Realizó la farsa de no esconderlas entre las ropas adelantó la galera cerró los ojos y esperó el milagro, solo se impuso el mutis porque las palomas no volaron y no volarían, el público no aplaudió, silbó, recriminó. La luz bajando lentamente dejó borrarse la abatida figura del mago.

 

Miguel Ángel González

Nací en Montevideo el 17/09/1955 donde estudié y trabajé
en 1989 me traslado a Bella Unión, vivía y trabajaba en el Ingenio azucarero CALNU
y desde 2008 estoy en Salto.
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