Amalia Zaldua

Los niños que bajaban del tren miraban todo con curiosidad y desconfianza... No obstante, rápidamente se integraban a los juegos y actividades que el Dr. proponía.
Antes que nada se distribuían las habitaciones que correspondían a los recién llegados mientras, los que ya estaban, ayudaban a acomodar lo que Praetorius traía en cada viaje. Se llevaban los animales nuevos a sus respectivas jaulas y se apilaban los paquetes que contenían las imitaciones de lanzas antiguas, semejantes a la que se hallaba sobre una pared del recinto principal.
Entre las actividades estaba la preparación de figuras que luego se colocarían sobre los techos .Con catapultas, se arrojaban los pequeños animales exóticos sobre ellas. Este juego despertaba entusiasmo entre los niños, aunque luego se tuvieran que lavar las tejas...
Praetorius, con sus juegos , pretendía demostrar que en todo ser humano hay un guerrero . Se valía de aquellos seres apagados por el hambre y la necesidad para despertar en ellos la fuerza latente que requiere la lucha.. . Así, un día eran las armas arrojadizas, otro, la lucha cuerpo a cuerpo con las pequeñas lanzas, en medio de corridas y alaridos de combate. Praetorius los dirigía con sabiduría a fin de que no se dañaran seriamente y matizaba aquellos encuentros con excursiones al arroyo cercano donde se estimulaba el compañerismo, se despertaba la curiosidad por la naturaleza al tiempo que se combatía el miedo a lo que se contaba acerca del Gualicho. Los lugareños tenían temor de cruzarlo por la noche porque, según decían, se escuchaba el quejido de un cristiano que había muerto allí.
Un día todo fue diferente: entre los recién llegados había un niño algo mayor que los demás. Alto, desgarbado, serio y triste no quiso participar en los juegos. Se apartó, huraño, junto a un árbol y así se mantuvo mientras duró la lucha.
Teófilo lo llamó _¿Qué pasa ? ¿No te gusta jugar?
_No. Las armas no son verdaderas.
Praetorius lo miró sorprendido, sacudió la cabeza y lo dejó ir.

Esa la noche, cuando el silencio se hizo en el caserón, el doctor, como siempre, recorrió las galerías y escuchó si en las habitaciones todo estaba en orden.
Bajaba la escalera hacia el vestíbulo cuando con sorpresa vio que la vieja lanza de Colliqueo, el gran guerrero de las Pampas, había desaparecido de su sitio. Casi no tuvo tiempo de reaccionar: sólo sintió el terrible golpe en el pecho y el filo del hierro que lo penetraba. Mientras rodaba por la escalera, en un segundo, desfiló en su memoria el tiempo de su infame oficio de informante de los nazis, cuando su patria estaba ocupada…
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El crimen nunca fue aclarado -Nadie pudo imaginar que aquel niño judío que se negaba a los juegos, había vengado a su padre con un certero lanzazo.
Final para el cuento de Borges.
Propuesta de Amalia Zaldúa

 

El viaje inmóvil.

Las amigas reunidas contemplaban el montón de valijas abiertas, en el dormitorio de Elis, luego de su viaje.
Paquetes y paquetitos eran extraídos de entre las ropas, en medio de las exclamaciones y comentarios.
-Esto es de Alejandría- decía mostrando una serie de medallas con símbolos egipcios.-
Y esto lo compré en Calcuta.
-¡También fuiste a Calcuta ¡! - exclamaron todas asombradas
- Mi viaje a la India fue el más duro y a la vez el más maravilloso.
Su rostro cambió y su mirada quedó como perdida en un recuerdo.
- Cuenta, cuenta ¡!
- Saben que los viajes como éste no pueden contarse… Sí…es imposible…
Claudia escuchó estas palabras y pensó “es una egoísta, no quiere que nosotras conozcamos sus experiencias.”
Elisa entregó a cada una un recuerdo de su pasaje por lugares exóticos.
Cuando llegó a Claudia rebuscó entre los paquetes y le entregó una pequeña caja en vuelta en papel dorado.
Claudia desenvolvió el obsequio y vio con desilusión que su regalo no era nada extravagante sino un dedal de metal con algunos tallados brillantes.
-Lo compré especialmente para ti en Bombay.
“Esta pequeñez-pensó Claudia- después de un viaje tan costoso”
Cuando llegó a su casa dejó el paquetito sobre la cómoda de su dormitorio y se olvidó por completo del objeto que contenía.
A la mañana siguiente retomó su bordado y al tratar de pasar la aguja por una parte gruesa del tejido se pinchó el dedo.” Esto me pasa por no usar dedal “ pensó. Recordó entonces el regalo de Elisa. Cuando lo puso en su dedo sintió una extraña sensación .y un cosquilleo en su mano le hizo mirar con más atención el objeto. Le pareció que la pequeña cara tallada en el dedal la miraba y hasta creyó ver que su boca se movía. Tomó una lupa para observar mejor. Era verdad: el rostro tenía vida. Se sintió aterrorizada y una opresión en su pecho le impedía respirar. El susto le hizo arrojar lejos el dedal que pegó contra una pared. Al instante la habitación se llenó de sonidos extraños como de voces que hablaban distintos idiomas que ella no conocía.
Empezó a ver imágenes de ciudades con calles repletas de personas con ropajes diferentes, turbantes en sus cabezas y sandalias en los pies. Junto a la gente pululaban animales de toda especie. Leones y tigres caminaban junto a filas de elefantes; monos y gatos entraban y salían de portales y ventanas.
Aquella visión la paralizó. No podía moverse ni dejar de mirar. El gentío cambiaba constantemente de lugar; tan pronto estaba en una calle como en una plaza gigantesca rodeada de edificios que jamás había visto ni en fotografías.
Las voces entremezcladas crecían hasta transformarse en un solo sonido grave y profundo que parecía provenir del centro mismo de la tierra.
Todo pareció de pronto hundirse en una niebla que iba borrando lo visual al tiempo que apagaba poco a poco la sonoridad. Se llegó a la oscuridad total y a un silencio que parecía poder tocarse
Al cabo de unos momentos, Claudia recobró la voz que se había ahogado en su garganta.-¡No es posible!¿Por qué me pasa todo esto?
El corazón comenzó a latirle locamente. Con mano temblorosa recogió el dedal del suelo y se lo puso nuevamente en el dedo.
.Volvió a mirarlo incrédula, y al no encontrar en él nada extraño lo dejó con cierto rabia sobre un mueble. Al momento se oyeron las voces raras y comenzaron a aparecer paisajes desconocidos en rápida sucesión. Vio vehículos atiborrados de gente y una especie de feria donde se ofrecían maravillosas telas. Era aquello tan real que le pareció que podía tocar las sedas con sus manos. Quiso hacerlo y al extender su brazo todo desapareció.
Ocultó a todos lo que le ocurría con el dedal “pensarán que estoy loca” se decía y así cada vez que podía recurría a su dedal para viajar inmóvil.

Amalia Zaldúa.
Junio de 2011

 

La casa.

“Es duro regresar así. No pensé que me costaría tanto volver .Por más que me he hecho a la idea de que sólo encontraría la casa ,me cuesta aceptar que ya nadie me espera .Ni un familiar cercano queda ya en este pueblo”….
Emiliano se bajó del ómnibus con aire agotado. Tan solo traía una mochila pues no deseaba permanecer allí mucho tiempo, el suficiente para arreglar los papeles de la herencia.
Más de diez años de ausencia eran bastante para sentirse extraño en aquel sitio donde todos se conocían desde siempre. Pero él nunca se sintió de allí. Quería otra cosa, no la modorra de la gente ni la chatura de acontecimientos. El era diferente a sus primos, a sus vecinos. Quería conocer el mundo, no atarse a lo que el pueblo ofrecía: trabajo duro en la tierra ; preocupaciones constantes por las cosechas ; permanente angustia por las alteraciones del tiempo; que si la lluvia excesiva ,o la sequía ,o el granizo….
Al divisar la casa no pudo evitar un nudo en la garganta. Allí había nacido, había pasado su infancia, su terrible adolescencia llena de rebeldías. De aquella casa huyó muy joven, antes de que sus padres lo sujetaran al cuidado de la tierra. No, él no era para eso. Desde que descubrió otro mundo en los libros sólo deseaba salir de allí, encontrar otras actividades, conocer otras gentes, volar hacia los sueños que le impulsaban a escribir a escondidas de su padre especialmente. El no comprendía que su hijo pasara las horas mirando lejos en lugar de ayudarlo de buen grado en sus tareas.
Emiliano sentía su entorno de otro modo: amaba a su manera la tierra, los olores del campo, el transcurrir de las estaciones, los cambios de la naturaleza, la tranquila vida de los animales que nacían y morían bajo la mirada familiar. Todo eso era parte de su vida pero, tanta lentitud, tanta mansedumbre de costumbres no le conformaban. Sentía que un impulso interior lo llevaba por otros caminos. No le importó el sufrimiento paterno cuando se rebeló .,ni el dolor de la madre cuando la abrazó y le dijo que se iba….
“Tal vez debí venir antes… no creí que los viejos se fueran tan pronto…..Cómo nos envuelven los acontecimientos ¡… la publicación de la novela , primero , el estreno de la obra teatral , la posibilidad de que el libro se adaptara al cine…,qué sé yo… el éxito inesperado me hizo olvidar todo esto…”
Mientras abre la puerta de entrada, el pensamiento de Emiliano está en el tiempo de su vida allí. Sus pasos resuenan en las habitaciones vacías como si fueran de otra persona. Era extraño no encontrar a la madre en la cocina, ni a su padre junto a la estufa, acariciando la cabeza del perro fiel, amodorrado de vejez.
“¿Por qué no vine antes?... ¿Cómo es posible que murieran solos?...”
La carta que le escribió el abogado dando cuenta de todo lo sacudió terriblemente. El estar tan lejos …España había sido su destino y volver de allí fue por cierto complicado.
“Este olor a encierro es horrible. Veré cómo está el patio:
Es increíble todo está como cuando me fui: el viejo árbol con su enorme redondel de hojas rojas y amarillas en el suelo , las sillas de loneta envejecida y decolorada por los soles ,los macetones de azaleas ,con algunas flores todavía, la mesa de hierro y mármol sobre las que tantas veces escribí; la pequeña fuente, ahora sin agua y recubierta de musgo vede y marrón; el sendero de grava que lleva al galpón de las herramientas .La enorme Santa Rita morada en el rincón del oeste, junto al descascarado muro del vecino; el brillante ligustro, antes prolijamente recortado y ahora creciendo a su antojo..Hasta la altísima palmera que siempre miré para ver la dirección del viento. Todo permanece como entonces….
Las cosas están, pero faltan los seres que más he querido…..”
SE VENDE. dice el cartel frente a la casa vacía.
Un viajero sombrío , con hombros inclinados y paso lento subió al ómnibus con destino a la capital..

 

Microcuentos

Inconciencia
Se dio el gusto de probar a fondo su moto nueva. Lo último que vio fueron los faros del camión.

 

Alzheimer
Llegó a la calle y a la casa. No entró, Había olvidado su propio nombre

 

El ladrón
No pudo saber quién era y qué quería hasta que sintió la mano en su garganta.

 

 

Amalia Zaldúa ( 1927 ) nace en Tacuarembó ,pero su infancia y su vida toda transcurre en Salto.
Es maestra jubilada. Fue profesora de Idioma Español en el Liceo Nocturno de Salto entre los años 1959 al 1966.
En 1965 gana el Concurso de Oposición Libre para la cátedra de Educación Musical y Dirección de Coros en el Instituto Normal Oficial de Salto .Cargos que desempeña hasta 1979 .
Escribe desde la adolescencia. No ha publicado más que algunos poemas para niños en la revista Colorín Colorado y un cuento en la página La Campana de Diario El Pueblo.
Desde 1977 su actividad se ha volcado a la Música Coral. En ese año funda el Coro Cantares que dirige hasta el presente..
En 1981 presenta su cuento Los Largos Veranos al Concurso de Cuentos para Niños organizado por AGADU y el Instituto Italiano de Cultura y obtiene el 1er.Premio. Esto la animó a escribir Otros Veranos y a proseguir con la creación de relatos y poemas para niños.

En 2007 publica Los largos veranos.

       
 

 

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