CELEBRAZIONE

 

Retrato de Leonardo Garet junto al río


Un lector que quiera hacer justicia a los poemas recogidos en este libro tendrá que renunciar de antemano a la tentación de analizarlos, clasificarlos o darles una explicación. Las minuciosas criaturas de letra escrita que habitan estas páginas, si pudieran o quisieran pedirle algo a un lector, es que regrese durante unos minutos al ascetismo espontáneo de los niños o los sabios. Que practique de nuevo el inocente poder de trazar arcos de luz y sombra entre las cosas y que se ponga al servicio de todo aquello que sabía (mejor, que no sabía) muchos años antes de resignarse a la ley implacable de la gravedad. Que acepte sin intervenir demasiado, que viva estos versos o viaje por ellos desde su propia experiencia de ser humano y libre. Sería bueno también que ese lector se olvidara de que sostiene en la mano una colección de poemas, qué más da. Que abra la puerta y entre. Por ahí podríamos empezar.

Porque lo que aquí va a encontrar son encrucijadas, escenarios verbales cuidadosamente dispuestos para que se produzca el chispazo, la revelación de lo que hay detrás de las rutinas perceptivas y sentimentales, de ese algo inasible que no acepta ser definido con palabras-jaula, porque se fosiliza, pero que puede entreverse, manifestarse, cuando es invocado con palabras-pájaro, y desde ahí puede alcanzar el cuerpo y la voz de quien lo encuentra. Toda la obra escrita de Leonardo Garet aspira, más o menos declaradamente, a salir de sí misma, a desbordarse en las manos del lector, a implicarlo íntimamente en la danza universal de los desplazamientos y las metamorfosis. Sus libros tienen vocación de cornucopia: entregan sin escatimar sus riquezas en forma de enigmas, sueños y perplejidades, visiones venidas de lo cotidiano, que es el terreno común de los hombres. Por ahí atraviesan los invisibles puentes que unen cuerpo, memoria, tiempo y lenguaje con todas sus variaciones y viceversas, conciertan las complejas e incesantes sincronías del azar. En "Tu día", un poderoso autorretrato en segunda persona, leemos versos lúcidos que apuntan a su compromiso como aventurero en busca de El Dorado de la otredad:

naciste para tocar con tus manos
las marcas los límites el borde de los otros

Y es que, en última medida, lo que quiere la poesía de Leonardo Garet es existir. Existir como suceso no solo de lengua, sino de realidad transformada, gravitatoria. En estas páginas acecha el extrañísimo animal mustélido de la vida como es. La misteriosa vida que busca a cada hombre desde el interior de sí mismo y en la serena rutina de los objetos que lo rodean, a la que es imposible capturar con trampas, pues solo se deja acariciar de lejos, apenas un roce, por su cómplice más paciente, el poeta.

Acogiéndome a esta propiedad invocatoria de su visión poética, a su capacidad de albergar presencias y apariciones, conjeturas vitales desde la entraña de la lengua, decido encontrarme ahora y aquí, junto a estos dos adverbios recién nacidos en medio de la frase, con Leonardo Garet en el atardecer de Salto de Uruguay, su ciudad natal, en la que enseña literatura desde hace muchos años. Ahí está, alto y fuerte como un árbol alzado entre el día y la noche. Más allá de las últimas casas, contempla la corriente del río. El ancho Uruguay llega allí desde su manantial en la remota jungla, donde escuchaba el canto de las aves exóticas, pero ahora es un murmullo nocturno que medita. Leonardo se acerca al agua y, como si llevara en la mano una lámpara minera, señala las enormes piedras que emergen de la superficie. Tienen lomos húmedos en la deriva, como de animales marinos que remontaran el curso fluvial. Se mueven tan lentamente que casi no se ve, pero algunas noches se adentran profundamente en la ciudad, y se asoman con ojos abismales a las ventanas del cuarto donde Leonardo escribe un poema, justo en el instante en que descubre que seres marinos han abierto los ojos en un verso en el que escribió la palabra ventana. Anochece junto al Uruguay y escucho a Leonardo reírse recordando acertijos que oyó una vez, en un programa de televisión. Empiezan a encenderse las primeras bombillas en las farolas de Salto, y otras se encienden también en la oscuridad de la otra orilla, allá a lo lejos. Aquella orilla lejana es otro país. En aquel país la noche está sacando de la nada una ciudad con sus farolas encendidas, con su paseo fluvial y sus habitantes, como un espejismo gemelo de la ciudad de Salto, de nuestra orilla. En aquel país viven otros hombres y otras mujeres. Leonardo Garet explora silenciosamente las dimensiones del encantamiento. No hay prisa. Por otra parte, estos son los paisajes de América, sus mundos suspensivos entre la conciencia y la realidad, así que nuestro poeta no se deja impresionar por estos desafíos habituales de la metafísica. Hace un gesto en el aire, tal vez un signo de bendición, y vuelve a la ciudad, y no sería demasiado raro que todo esto que está pasando aquí y ahora llegara alguna vez a las playas de un libro.

Los poemas de este libro han sido seleccionados entre sus últimos cinco poemarios publicados en Uruguay y Argentina. Estos son sus títulos, en orden cronológico: Octubre (1994), Cantos y desencantos (2000), Vela de armas (2003), La sencilla espiral de los sucesos (2005) y El ojo en la piedra (2009). El último, bellísimo poema, Patio, es el que abre su próximo libro aún inédito, que llevará el mismo nombre. Leonardo Garet ha tenido la deferencia de anticiparlo para esta la primera edición de sus poemas en lengua italiana.

       
 

 

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