"Salida de página": entrada en el reino.

 

Por Ricardo Pallares

El último libro de Leonardo Garet (1er. Premio compartido con Salvador Puig en la categoría poesía inédita, en el concurso 2000 del MEC), reúne treinta y ocho composiciones breves, en verso libre, entre las que hay algunos núcleos discernibles. Seis de ellas se titulan salida de página -como el libro- agregándoseles el número ordinal correspondiente desde la segunda hasta la sexta. Hay otra que en referencia a las mencionadas lleva una especie de contratítulo: entrada en página.

Lo primero que impresiona en su discurso es el despojamiento de varios de los protocolos más frecuentes del código poético, un nivel léxico sencillo, de fuerte inmediatez, un locutor que siente y vibra pero no dramatiza porque hay un solo plano en el yo, una sintaxis que conserva sustancialmente sus estructuras y una metáfora que radica en imágenes comúnmente desarrolladas.

El último de los rasgos señalados confirma y consagra de modo elocutivo la discursividad mencionada. Asimismo, en circunstancias en las que se está "afuera" de la página, es necesario que haya un discurrir "hablante" para sostén de lo cohesivo, un dar cuenta del ser en la palabra en su intento de salirse de sí, sin que las fracturas sintácticas afecten -como ya se dijo- la destinación ni la recepción correlativa y esperada.

Se entiende que las salidas de la página no son más que simbólicas. Por ello es que se dan a través de la confirmación -aparentemente contradictoria- de una escritura que por organizarse efectivamente en la página resulta un folio texturado.

Por lo dicho la salida puede ser un vuelo, un trascender que moviliza la esencia: la espiritualidad y la intención arquitecta o que procura renuevos y originalidad, al fin. El asunto del que se habla parece simple cuestión de palabras y de ejes semánticos, pero configura su estética, hace a su singularidad.

Dicha escritura apela, asimismo, a significantes gráficos tales como la escritura texturada con las unidades del verso dispuestas en forma escalonada, descendente, o con la organización de una segunda columna vertical -dentro del mismo texto- ya fuere para determinadas estrofas o para acompañar procesos enumerativos, diseminaciones o conjuntos.De tal manera el folio se instala en la tradición renovada pero en procura de su lugar -luego de haber recibido la tinta- con vistas a la encuadernación.

Para mayor abundamiento -aunque en el límite de la obviedad- digamos que el libro ya fue premiado en su tránsito a la vida édita.

En el primer texto salida de página el elocutor convoca desde la extraterritorialidad del folio, a un poema auto renovado desde sí -lo que es mucho más que auto referido-. A un poema que tiene elíptico el famoso "No cantéis la rosa / ¡ oh poetas!" de Vicente Huidobro y que supone una alternativa y un sinceramiento.

La salida de página tiene por objeto lograr un poema capaz de configurar la materialidad "de un objeto de esos que se rompen/ pero que se vuelven necesarios", es decir, capaz de una movilización sensible tan objetiva como la carencia que instala algo que se rompe. Quiere lograr un poema con atributos de amuleto para andar en el tiempo, un poema al que se le pueda ver la sustancia, al que se pueda palpar, sentir y oír en contacto con la piel, capaz de contar la inocencia, capaz de ser vicario de la solidaridad: "un poema que se lea / y se sienta como una mano".

Se postula una salida de página para lograr algo más que un poema verdad, para superar las realidades del lenguaje en procura de un absoluto poético centrado en lo comunicativo.

Según nuestra opinión es por ello que se incluye lo esotérico a través de la idea de que "se sienta como una mano", que sea capaz de hermanar, religar, comunicar y comulgar en la experiencia del encuentro escritura-lectura.

Si contrastamos salida de página con entrada en página, la décima composición del libro, nos encontramos que entrar es ser atrapado por el clisé o las tipologías, como la del cuento de hadas. Es como quedarse sin averiguar qué hay dentro del silencio.

 

Ricardo Pallares, Montevideo, Uruguay, 1941. Ensayista y poeta. Inspector de Literatura. Académico. Entre sus obras críticas: Felisberto Hernández y las lámparas que nadie incendió (1980), Narradores y Poetas Contemporáneos (2000). Entre su poesía: Razón de olvido (2004).

       
 

 

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