Las puertas batientes en la escritura poética de Leonardo Garet

 

por Gerardo Ciancio

"Encontrar la salida: el poema"
Octavio Paz

Recorriendo una senda en solitario, en los bordes del canon literario, en los márgenes de la territorialidad estética y geográfica, en los espacios de incertidumbre que las palabras destilan, Leonardo Garet ha construido una obra poética contundente y singular, instalada entre la pasión escritural y su desconfiada relación con los sentidos últimos del lenguaje. Una larga trayectoria "de perfil bajo" como ha escrito Ricardo Pallares, rebasa apenas los treinta años desde aquel incipiente Pentalogía (1972), libro en el que, algunos versos como el díptico que transcribo, auguran un poeta destacado en su promoción:

"La noción de un caballo

cruzó un monte a la carrera…"

Una fuerte convicción anima la producción garetiana: "El poema ocurre delante de nuestros ojos", apuntó. El poema es, entonces, materialidad significante presente, que opera a la vista del lector, in praesentia, sucede en tanto acto de recepción. El poema deviene en experiencia estética. Surge en un aquí y un ahora categóricos, como lo propone el siguiente enunciado versal que formula el poeta:

"Un poema que se desvanezca / después de la lectura"

Leonardo Garet ha hecho de la palabra poética su profesión, su destino y su horizonte. De ello la crítica literaria se ha percatado en los últimos años, y de ello está dando cuenta. Porque la carrera (¿hacen carrera los poetas?) del poeta fue, amén de solitaria, silenciosa y sin concesiones. Optó por permanecer aquí, en el Salto Oriental (opción que históricamente no han hecho los grandes escritores salteños), continuó promoviendo la historia, la edición y la crítica literarias de esta norteña región (basta citar sus minuciosos trabajos sobre las literaturas de Salto y de Artigas), bajó, ocasionalmente, a Montevideo para cosechar libros, premios y lectores. La vida de Garet (su vida en tanto hombre de letras), vida de búsqueda y experimentación, de prueba y contrastación, de acopio de materiales inspirados que llegarán a su tiempo a la página, podría sintetizarse en los últimos versos de "Inventario", el poema que cierra Salida de página:

"Y una vida

la nuestra

buscando las cosas vestidas de palabras

buscando las palabras parecidas a cosas"

En 1991 confesaba el poeta: "mis libros de poesía tuvieron una divulgación casi secreta". En eso consiste el ritual: la poesía circula de mano en mano, de boca en boca, de pantalla en pantalla, secretamente, por azar. No es un discurso de multitud, ni de tribuna. Hoy, doce años después, creo que para alcanzar la visibilidad de la que goza ahora su producción poética no le bastó a Garet con la publicación de Palabra sobre palabra (1991). Porque en realidad el libro de poemas es un objeto extraño, escurridizo, oculto (incluso en bibliotecas y librerías), eso quizás le aporte mayor misterio y autoridad a la poesía en esta sociedad de hiperconsumo que valida la banalidad y el lugar común. El poeta posmoderno, aunque desacralizado y más humano que nunca, no deja de ser ese borderline que "rompe los vasos y barre con muñecos el suelo", parafraseando "Máquina infernal", ese extraño texto garetiano de 1977; el poeta adviene en ese sujeto desfachatado que confiesa desde su verso:

"He vivido abriendo la boca del poema / llenándola de palabras" (Octubre, 1994)

o aquel que (el otro, el mismo) elucida la receta y constata el fracaso:

"Podés escribir amor amor

en un ahoja

y dejar indicación que le saquen fotocopia todo el día…" (Cantos y desencantos, 2000)

El poeta se afirma en su lugar, aunque enuncie desde un sitio acotado y temporal, cuando asume su inserción en una ancestral tradición, en un rito que es canto y desencanto, y textualiza su mandato categórico (no exento de una afinada ironía que enriquece la lectura)

"Es necesario

escribir en las paredes

recitar en las plazas

y dibujar en los cueros

cabezas de jabalí" (Salida de Página, 2001)

De ahí que Leonardo Garet continuó, fiel al mandato de su vocación, requiriendo al verso, inquiriendo a la palabra, extraviándose entre las trampas del lenguaje:

"tomar el camino más largo

y perderte

sobre todo perderte

hasta encontrar tu idioma" (Octubre, 1994)

No me caben dudas que es en este libro, polifacético y continente, quizás, de varios poemarios afines, donde la lírica garetiana se redimensiona desde dos perspectivas diferentes y complementarias: por una parte, profundiza en la tematización del lenguaje como pliegue material en el que el poeta debe realizar sus incisiones; continúa reflexionando en torno a la tópica del tiempo (inserto en la tradición que podría definir la serie Manrique- Quevedo - Borges); textualiza el cuerpo en tanto soporte de lo humano y vehículo de emociones y dolores. En segundo lugar, se amplía la caja de resonancia de su poesía: lectores, críticos y reconocimientos editoriales e institucionales desembarcan en las costas de sus versos. Incluso, es en Octubre donde aparecen los primeros indicios de la poética de Salida de página: la fractura de esa tensión entre el afuera-adentro, la concepción del espacio virtual de la hoja como una zona de desborde, está embrionariamente explicitada en la serie "Caja de letras" del libro publicado por Ediciones de la Banda Oriental:

"…y es nada más que una página

de esquinas diagonales renglones

y un blanco de cielo huracanado

que se estira para encontrarte

por sorpresa

cuando querías salir

con palabras dominantes…"

Un proyecto estético que postula un corsi e recorsi , un flujo de entrada y salida complejo, a modo de puertas batientes que autorizan su acceso en el vaivén de ambas direcciones, la escritura de Garet habita y rebasa la tradición poética, se alimenta y se evade de los supuestos de género.

En "Salida de página 3" nos informa el poeta, en esta misma línea de pensamiento, acerca de los riesgos del disciplinamiento que la página encierra, de la estable inestabilidad de los signos del lenguaje encofrados en el poema, de la fuga de sentidos hacia el espacio extra-folio, el espacio de la lectura:

"Los bordes des-bordados

y las palabras verticales

y las sueltas

entreveradas

con antifaces rebeldes

son el oso domesticado de la página"

Y en la sección "Vela de armas" confirma desde la retórica de la comparación esta nueva perspectivación del hecho estético que Garet allana y frecuenta sin olvidar que la poesía circula hacia esa salida de su matriz, cargada de un sentido expresivo-comunicacional :

"como un pájaro perdido

le pasás tus ojos

una y otra vez

para que la palabra

se levante de la página

erecta

y cumpla su cometido"

Asimismo, Leonardo Garet propició desde su propia labor poética una escritura portadora de un poder de fractura, o por lo menos, de una fuerza esfumadora: las fronteras de los géneros literarios se desdibujan en varios de sus trabajos. Al mismo tiempo, los preceptos genéricos discuten a la interna de su discurso una nueva legalidad. Pienso en libros como Anabákoros (1999), Las hojas de par en par (1998) y 80 Noches y un Sueño (2003). Textos dispuestos en la matriz convencional de la prosa, breves, hilados por una discursividad y una atmósfera lírica comunes, las piezas que componen estos libros se desmarcan de sus cauces genéricos originales, promueven su propia "salida de género". Gesto de transgresión a sabiendas, artificio verbal que desafía a las teorías de la literatura, promovido desde su afinado sentido del humor, por ganas linacerianas de hacer lo que su conciencia estética le dicte o proponga, lo cierto es que Garet envía agua hacia el mismo molino literario que Historias de Washington Benavides, o Reina Amelia de Marosa de Giorgio o el mismo Curcc de Fernando Loustauneau.

En el libro publicado por Linardi y Risso Garet nos pone sobre aviso desde sus palabras liminares acerca de esa "elusiva frontera de los géneros literarios", cuando en realidad sería una "eludible frontera", cosa que el bien sabe hacer. Esta factura lúdico-onírica que cubre como un velo de significación (también elusiva) todo el entramado de la texturidad configurada por ochenta breves piezas, se alimenta de sus propias pesadillas y ensoñaciones, de los arquetipos jungianos (esquiva al "escandalosamente pretencioso Sigmund Freíd", que así lo define el poeta), de los mitos y sueños que desde los tiempos de Zeus gozamos y padecemos. Incluso lo anecdótico en clave onírica acude al libro como puede leerse en el texto número 8:

"Pallares descubrió el Árbol de la Vida y pudo sacarle una foto. Yo en la misma foto veo a Pallares trepado al árbol y clasificando las hojas para hacer un comentario. Lo va a escribir cuando tenga el papel que se hará con la hoja verde que tiene en la mano y nos reímos juntos porque ya tenemos el árbol de la vida"

Desplegaría una operación hermenéutica más compleja el saber que en la tapa del libro Narradores y poetas contemporáneos (2000) de Ricardo Pallares hay una foto tomada por el propio ensayista en el Valle del Río Santa Lucía en el Rincón de la Bolsa del Departamento de San José. Ricardo le llamó "Árbol de la vida", el capítulo VII de este libro de trabajos críticos incluye dos exégisis sobre Anabákoros y Las hojas de par en par, respectivamente, de Leonardo Garet. Ambos, inscriptos en una gestualidad de ruptura, como vimos.

A mediados del siglo XX, en un poema del libro El hijo tierno (1951) de Julio Garet Mas, un entusiasmado padre cincuentón escribía en su "alegre casa" de Salto:

"Gloria. Ya el niño

une palabras.

¡Cuánto, hijo tierno,

cuánto has de amarlas!,

pues en gran parte

la dicha emana

de sus sonidos

y resonancias."

En los albores del XXI (luego de haber escrito uno de los libros de poesía más importantes que se publicaron en nuestro país en el despertar del nuevo siglo) el hijo cincuentón juega, salido de página, rodeado de las "palabras con las manijas hacia arriba / y otras con un agujero para mirar por dentro" . Leonardo Garet ha hecho de las palabras de su padre, una profecía.

 

Gerardo Ciancio, Montevideo, Uruguay (1962). Docente y crítico literario. Integra el Consejo Asesor de Hermes Criollo. Entre sus publicaciones: La ciudad inventada (1997), La crítica literaria integral (1998), Nada es igual después de la poesía (2005).

       
 

 

Dirección para
contactarse con esta
página:

leogaret2017@gmail.com