BELÉN Y LA REGIÓN EN EL BICENTENARIO DEL INICIO DE LA REVOLUCIÓN ORIENTAL

BELÉN Y LA REGIÓN EN EL BICENTENARIO DEL INICIO DE LA REVOLUCIÓN ORIENTAL


 Ofelia Piegas

Por Ofelia Piegas


     Belén, la del nombre bíblico, villa de nuestro Salto, de larga y sufrida historia e inmerecido olvido de sus valientes y temerarias hazañas, nos ofrece hoy, en su esfuerzo por sobrevivir, un ejemplo más de la garra oriental, nunca desmentida cuando fue necesario demostrar la estoica capacidad del paisano y su reciedumbre ante la adversidad.
     Rememoremos su historia inmersa en la región, como probanza de nuestras aseveraciones.
     Pueblo sufrido que hubo de surgir de sus propias cenizas, como lo prueban la soledad y el desamparo en el milagro del Éxodo, credencial suficiente, que habla de por sí de la dignidad y el coraje de los pobladores de la menospreciada “Banda Oriental”.
     Pero, hagamos un estudio “a vuelo de pájaro” del proceso histórico de esta región, que abarca lo que es hoy nuestra Nación, además de todo un territorio perdido por la indolencia de la Colonia española y la avariciosa presión del Imperio portugués. Tema no menor, en la formación de nuestra nacionalidad.
     Para mayor abundamiento, un despertar tardío, que surgiera como respuesta a la presencia portuguesa en las propias barbas del territorio español; y aún más, agravado por los celos despertados por la excelente posición geográfica del puerto de Montevideo, en una rivalidad incesante de madre e hija: Buenos Aires y Montevideo, conocida como “lucha de puertos”.
     Situación que había de agravarse cuando la nueva administración borbónica centralizada del Reino de España, profundizase esas diferencias que repercutirían insanamente en nuestro proceso independentista.
     Por otra parte, la indiferencia de la Gobernación de Montevideo hacia sus lejanas tierras de más allá del Río Negro, tierra de nadie, sin orden ni ley, especialmente agravada cuando la torpe expulsión de los Jesuitas abortó la memorable experiencia de las Misiones de lograr un sincretismo cultural europeo-guaraní.
     Y aquí abordamos la problemática situación de nuestra región, nominada desde el Imperio Español “cultura de la sierra”, y “tierra sin ningún provecho” para la miopía gobernante, pero no para el ojo avizor del expectante Imperio Portugués.
     Tierra que habría de formar en su diversidad poblacional, esa nueva y diferente cultura que nominamos de “gaucha”.
     Simbiosis cultural, con el aporte indígena: charrúa y especialmente guaraní, aculturado en parte con la experiencia misionera. Cristianizado a medias, agregaría en sus genes toda la fuerza aborigen en el mestizaje con el hombre blanco. “Mal entretenido” para la justicia (por su postura fuera de la ley en esta tierra sin ley); más tarde gauderío en el matreraje; changador en la vaquería y por último gaucho, adherido fuertemente al Caudillo, único referente aceptado en su anárquica libertad.
     El útero de la india tape, proporcionó a la región ese mestizaje étnico-cultural, el cual, pese a la fuerte inmigración europea posterior, campea aún, principalmente en nuestra zona rural.
     Región abandonada que habría de sorprender al novel Virreinato, instaurado a escasos 40 años de la explosión revolucionaria hispano-americana. Tema sumamente interesante, debido a las experiencias llevadas a cabo por el Virreinato, con la inspiración de los Memorandos solicitados por el Virrey, a quienes tenían, en general, experiencia notoria con los problemas de la región. Así surgen la Creación del “Cuerpo de Blandengues”; Fundación de Villas, que afirmaran el respeto a los límites con Portugal; Creación de Capillas en Reservas indígenas, solo controladas por un Comandante; distribución de estancias, como poblamiento en esas grandes serranías, en especial para los militares del Cuerpo de Blandengues, que cumplieran la doble función de defensa de sus propiedades a la vez que de frontera a las intenciones de presión portuguesa. Experiencia tardía que había de abortar, en parte, por el inminente proceso revolucionario que se avistaba.
     Región que había de tener como único referente la Villa de Paysandú, antes de que se adoptara la decisión de fundar otra Villa de avanzada, la que, a pesar de los avatares de su azarosa vida, aun se yergue, indiferente al tiempo o a los vendavales de su convulsionada historia. Belén, la del nombre bíblico, como dije, casi abandonada a su destino en los confines de un territorio más allá de la nada, intrépida y sufrida. Persistente en su afán de sobrevivir y ofrendando desde los albores de la Revolución, su generosa entrega en lucha desigual desde su origen, con el malón indígena, que reclamaba la posesión de su tierra. Luego, enfrentando a la regentista Montevideo, en oposición a la actitud asumida por la Revolución de Mayo; o del portugués, empecinado en enfrentar a la custodia de la Marcha de La Redota, en violación de los términos del Armisticio de Octubre de 1811.
     Larga historia que debemos reivindicar tras 200 años de resistencia a todo intento de cercenar su hidalga defensa de la Libertad. Debido a lo cual, sigue siendo asignatura pendiente, esclarecer el protagonismo de Belén en los albores de la Revolución, documentando en lo posible, con las dificultades implícitas en una investigación documental de los hechos protagonizados, esa presencia casi invisible a la luz de otros acontecimientos de mayor resonancia.
     No olvidemos, ni dudemos de esa postura libertaria, que iremos esclareciendo a través de una lectura inteligente de historiadores de esa época, así como de la palabra autorizada de aquellos que recogieron con verdadero respeto el sutil mensaje de sus antecesores.
     No se trata de afirmar polémicamente, quien fue el primero en dar el Grito de Libertad en la Banda Oriental. Sí, el de reconocer el esfuerzo de aquellos que, aun alejados de los lugares de mayor protagonismo de la Emancipación, tuvieron el coraje, en su soledad, de pronunciarse por ella allá, perdidos en medio de la nada. Ese fue su mayor mérito y así nos proponemos declararlo.
     Cuando se inicia la Revolución de Mayo, Belén contaba con escasos 9 años de existencia, desde su fundación en 1801. No es de extrañar, pues, la pobreza de documentación. Lógicamente que debemos ubicarnos en tiempo y espacio para intentar comprender el aislamiento de esas lejanas tierras, casi despobladas y apenas tenidas en cuenta, desde su fundación, a la Creación del Cuerpo de Blandengues en plena época virreinal. Complicación aun mayor, por la anárquica presencia de gauderios e indígenas, que miraban con recelo a quienes, en cierta forma, pretendían instaurar la ley y el orden.
     Todas estas dificultades dan un mayor valor a la adhesión de esta pequeña villa, a la lucha por la independencia, alistándose desde los primeros momentos a la fila de los patriotas.
     En realidad, toda la campaña respondió al Grito de Libertad e Independencia: Baltasar Ojeda en Tacuarembó; Blas Basualdo en el Lunarejo; Julián Laguna en Belén, en la “miserable villa de Belén”, como la llamara Justo Maeso en su Estudios sobre Artigas, al afirmar que el 28 de marzo de 1811, Belén daría el grito de insurrección.
     Agrega Maeso que Francisco Reduello, oriundo de Belén, en los primeros días de marzo había partido con un grupo de compatriotas, llevando los prisioneros españoles, y dice: “Todos los sujetos que comprende la lista, van a cargo del Teniente de Milicias patrióticas de la Villa de Belén, Don Francisco Reduello, uno de los oficiales que mas se han distinguido en la citada acción, quien deberá entregarlos en la ciudad de Santa Fe a su Teniente Gobernador, y dicho Jefe los remitirá a esa capital, con una escolta..(DeEstudios sobre Artigas, tomo 3, de Justo Maeso).
     Otro documento importante lo extraemos de la Historia de Salto Oriental del Presbítero Rafael Firpo, quien, en 1912, en notas extraídas por su antecesor, el presbítero Don Crisanto López, dejara un magnífico banco de datos, con meticulosa información sobre Salto y su región. Según el Acta de su fundación, fueron los vecinos de Belén los primeros que lanzaron el grito de rebelión contra la Montevideo españolista, repitiendo el mismo grito que se había dado en Buenos Aires en Mayo de 1810 : “Antes que Artigas regresara a la Capital del Virreinato del Plata a luchar por la independencia de esta Provincia: antes que Viera y Benavidez se pronunciaran en la entonces Capilla de Mercedes, ya los habitantes de esta pequeña y apartada villa habían dado el ejemplo de iniciar en esta margen del Uruguay aquella revolución que dio vida a las Repúblicas Hispano Americanas”.
     No es de despreciar esta información que da a Belén el título glorioso de haber sonado allí, el primer grito de Independencia.
     El historiador Fernández Saldaña: escritor de gran rigurosidad, nos dice al respecto: “Iniciada la Revolución, el primer hecho histórico de la Banda Oriental en la Revolución fue el Levantamiento de Belén (antes del Grito de Asencio el 28 de febrero de 1811) según Mitre y otros historiadores. Sin embargo, hay quien afirmó que el de Belén fue en el mes de marzo. Encabezaron el movimiento el Comandante de Belén, Teniente de Milicia, Don Francisco Reduello, quien facilitó la fuga de Rondeau; Julián Laguna (futuro General de la República) y Manuel Pintos Carneiro, hacendado portugués y Capitán de Blandengues de Artigas. La población se pronunció en masa, llegando criollos de los mas lejanos distritos rurales para luchar contra godos y chapetones”.
     Se trata del “Pronunciamiento del pueblo de Belén y la campaña”. Blas Basualdo adhirió al movimiento revolucionario en el Lunarejo y la campaña noreste de la región. Los sublevados marcharon hacia Soriano para reforzar el Ejército Revolucionario al mando del Teniente Fernández.
     En la versión de Bartolomé Mitre, enjundioso historiador argentino, del que no puede decirse tener un interés especial por nuestra historia, afirma en su obra Historia de Belgrano en la página 411, lo siguiente : “Al mismo tiempo que el armamento naval de la Junta era deshecho en las aguas del Paraná, una parte de la campaña de la Banda Oriental se incorporaba espontáneamente, levantando la bandera de la Revolución…, la miserable población de Belén fue la primera en dar el grito de insurrección , inspirada por su Jefe Militar Teniente de Milicias Don Francisco Reduello”.
     Más adelante en la página 505, en nota puesta al pie de su biografiado, después de aludir a la posesión de la Capilla de Mercedes y del pueblo de Soriano, ratificando esta información, estampa estas explícitas palabras: “Mucho antes de esto (mucho antes de Mercedes y Soriano) ya se habían puesto a las órdenes de la Junta, el pueblo y guarnición de Belén en donde puede decirse con propiedad, tuvo origen la Revolución Oriental. Los documentos que comprueban el pronunciamiento anterior de Belén, se hallan en el Archivo General”. Tal lo que dice Mitre, de lo que se desprende que Belén ostenta la paternidad del movimiento que nos había de legar la Patria.
     Por su parte el Dr. Francisco Berra en la página 378 de su obra Bosquejo histórico, dice: “Belgrano mientras marchaba al Paraguay y al pasar por Entre Ríos había hecho trabajos a favor de la Independencia”, agrega: “Respondiendo a estas gestiones, el pueblo de Belén, situado en la desembocadura del Yacuy, en el Uruguay, fue el primero en pronunciarse”. No olvidar que Belgrano en el mes de noviembre de 1810 funda por decreto, el pueblo de Mandisoví, en la costa occidental del Río Uruguay, casi frente a Belén.
     Estas afirmaciones y otras que veremos de historiadores uruguayos, no dejan lugar a dudas que a Belén le cabe el honor de haber sido el primer pueblo de la Banda Oriental en haber dado el primer grito de Libertad contra la dominación extranjera, siendo su promotor, Don Francisco Reduello.
     Agrega Setembrino Pereda, refiriéndose al episodio de Belén: “la cabeza dirigente y la montonera heroica, el guerrero audaz y el pueblo patriota y entusiasta, que sin medir su número ni el de sus adversarios, escasos de armas y municiones, pero pletórico de coraje y de audacia, desafiaron las iras realistas, despreciando sus vidas e intereses; deben pues, ocupar un sitio de honor en el alma ciudadana y el primer puesto en la Revolución Oriental de 1811”.
     Por su parte, Reyes Abadie en su Historia del Uruguay (Tomo 2. Artigas y el Federalismo en el Río de la Plata, pág. 77), tema “La marcha de la Revolución”, dice:“mientras, en Belén otra partida patriota bajo la dirección del Comandante Francisco Reduello y los hacendados Julián Laguna y Manuel Pintos Carneiro, se pronunciaban por la Revolución…”.
     Pero la historia, muchas veces ingrata, hubo de provocar en la persona de Francisco Reduello, una falsa acusación de haber concertado la fuga de los prisioneros marinos que llevaba a Santa Fe para ser entregados en Buenos Aires. Esta injusta acusación e inmediata reivindicación fue documentada por Setembrino Pereda en su obra El Belén Uruguayo Histórico y dice “….pero quiso la adversa estrella de este buen patricio que se fugasen los prisioneros marinos siendo denunciado a la Junta, como culpable por Don Juan Ledesma comisionado de la Villa de Belén quien expresaba el 31 de mayo de 1811 la creencia de haber concertado mañosamente con ellos su libertad en esa forma”. El Teniente Reduello, héroe de la jornada libertadora fue arrestado por orden de la Junta Provisional Gubernativa. Lo increíble es que 5 días antes se le había conferido a Reduello el grado de Capitán. Lo cierto es que Reduello es absuelto y continuó luchando por la Revolución. Y como agrega Pereda en forma harto gráfica: “así como las moscas se afanan por empañar el mas límpido cristal, existen también seres que arrojan lodo sobre las reputaciones más inmaculadas”.
     Su lucha por la Independencia prosigue, hasta que encuentra trágica muerte enfrentando a los portugueses en Paysandú, documentado en la Gaceta Extraordinaria de Buenos Aires en la página 681, con fecha sábado 19 de octubre, bajo el tema “Noticias de la Banda Oriental”, donde informa el fallecimiento de Francisco Reduello descrito por Setembrino Pereda en estos términos: “tenemos el sentimiento de informar la pérdida lamentable del patriota Francisco Reduello muerto en Paysandú a manos de una partida de portugueses, los que han horrorizado últimamente la costa del Uruguay…”.
     Personaje éste que debe ser reconocido como ejemplar soldado de la Patria, sin vacilar nunca en su identificación con la Revolución. Protagonista de la insurrección de Belén en los albores de la “Admirable Alarma” y consecuente con sus ideales hasta su trágica muerte en defensa de nuestra orientalidad.
     Y siguiendo a Fernández Saldaña en los hechos de 1811, leemos: “a fines de 1811, luego del Armisticio de Elío y Buenos Aires que provocó el Éxodo, Artigas en marcha hacia Yapeyú estableció su campamento provisoriamente en Salto. Hubo un hecho de armas. Las Partidas portuguesas de Misiones, alentadas por los españoles, descienden el Uruguay cometiendo temible depredación en Gualeguay, Arroyo de la China y Belén, y llegando al campamento oriental, prendieron fuego a los pastizales y asesinaron a quienes estaban carneando para el ejército; El causante fue el Mayor Manuel Santos Pedrozo (alias Maneco, jefe de la Partida con 300 hombres) Artigas le intimó a dejar Belén enviando el 18 de diciembre al Capitán de Blandengues, Manuel Pintos Carneiro con 952 hombres (500 de caballería y 452 indios). Estas fuerzas eran el triple de las que comandaba Maneco y pretendían intimidarlo para evitar inútil derramamiento de sangre, ya que se estaba bajo fe del Armisticio. El 21 de diciembre de 1811 Pintos Carneiro ordenaba a Maneco el abandono de Belén, quien no accedió. Carneiro decidió el ataque, huyendo Maneco a las tierras del Yarao”.
     Como vemos, Belén fue protagonista importante, en los episodios de nuestro proceso independentista. Tal vez por su posición estratégica, equidistante de las tierras portuguesas y de las provincias federadas. Desde allí, Artigas dirigió su plan bélico contra los porteños que adueñados de la Plaza de Montevideo, se negaron a entregarla a los orientales, luego de la Marcha Secreta, en enero de 1814, fracasadas las tentativas de integrar la Asamblea Constituyente para la cual habían sido citados los representantes de todas las Provincias.
     Desde allí también organiza la Liga Federal al tiempo que sigue la lucha contra Buenos Aires, lucha que culminará en el triunfo de Guayabos, la expulsión de los porteños de Montevideo y el nacimiento de la Patria Vieja.
     Podemos culminar esta breve reseña con el episodio de enero de 1814, cuando Antonio Domingo Acosta se traslada a Belén para llegar a un convenio entre Artigas y los españoles. Como también fue en Belén cuando Pezuela, Virrey del Perú, escribe a Artigas desde Jujuy, incitándole a reunirse con los realistas, ofreciendo toda clase de ventajas. La contestación de Artigas es digna del bronce:
     Han engañado a Ud. y ofendido mi carácter cuando le han informado que yo defiendo a su Rey.
     Yo no soy vendible ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi nación del poderío español.

     No hay duda de la simbiosis espiritual entre Artigas y la brava población de Belén, otro “centro de mis recursos”, como le llamara a Arerunguá, que le permitirían lograr la fuerza y la clarividencia suficiente como para idear la Liga Federal, luchar como un titán contra los portugueses, los porteños y una vez más los portugueses, y soñar con una Patria libre que abarcaría hasta los confines de América del Sur.

       
 

 

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