EL PERÍODO PRE-PARROQUIAL EN SALTO

EL PERÍODO PRE-PARROQUIAL EN SALTO


José Luis Guarino
Por José Luis Guarino

 

     ​Presencia del Padre Ignacio Monteiro en el Salto durante la invasión portuguesa (1817-1824). Autorización del Vicario Dámaso A. Larrañaga al P. Monteiro1 para la administración de los sacramentos en su campamento. Giras misioneras de los frailes Tomás Félix Hernández, Mariano José del Castillo, y Pedro Nolasco Prado en la era pre-parroquial. Los Vecinos salteños solicitan al vicario Larrañaga su parroquia propia. Creación gubernamental y canónica de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen del Salto Oriental.

     Si bien Salto, como lugar geográfico, era conocido, transitado, e incluso ocupado esporádicamente desde mucho tiempo atrás, como lo confirman numerosos documentos históricos, es recién durante las invasiones portuguesas (1817-1824) que comienza a arraigarse en el territorio una población permanente, que al principio es un campamento militar, y que rápidamente se va convirtiendo en pueblo, como lo expresa el Informe Serrano –Acta de la Junta Económico Administrativa, del 1º de julio de 1854, documento capital, que en un pasaje muy conocido, estudiado y citado expresa:
     “…Que es a no dudarlo cierto que en 1817 cuando el exército portugués invadió la República, estableciendo un campamento en el Rincón de las Gallinas, su General en Jefe destinó una división al mando del Coronel Dn. Sebastián Barreto Pereira Pinto para que operase desde el lado del Daymán en observación de las fuerzas orientales situadas en el Arapey”.
“Que la expresada división acampó en marzo o abril del expresado año diecisiete en el Daymán, de este lado del Paso de las Piedras, conocido aún por los antiguos por el campamento viejo. Que a él acudieron los comerciantes, subiendo el Uruguay del Rincón de las Gallinas a vender sus facturas a las tropas. Que al poco tiempo, reconociendo el Coronel Barreto la localidad ventajosa de este punto, por su posición topográfica lo trasladó a él. Que la abundancia de ganado silvestre, exactitud en el pago de las tropas a su mando, y la autorización de este jefe para hacer cuereadas, constituyó un lucro seguro al comercio y creó una concurrencia de individuos que formaron de un campamento un pueblo; siendo su primer comandante Dn. Antonio Pinto Fontoura y el Capellán de la división el Pbro. Dn. Ignacio José Montero, fue autorizado en mil ochocientos veinte por la autoridad eclesiástica de Montevideo para administrar todos los sacramentos, como consta de documentos fehacientes”.
     De este documento se hacen eco, primero el P. Juan Nepomuceno Montes de Oca, que fue párroco entre 1865 y 1872, y lo transcribió en una Crónica histórica, que dejó asentada en el Libro I de Confirmaciones de la Parroquia de Salto, inmediatamente despues de la lista de Confirmados por Mons. Vera, en mayo- junio de 1866; luego, el P. Crisanto López en el semanario “La Familia” (Nº42 del 12 de noviembre de 1899, Historia de la ciudad del Salto III, Pag.3); y el P. Rafael Firpo en su “Historia del Salto Oriental” 1912. (Págs. 25 y 26 y 257). Además , muchos otros prestigiosos historiadores que se han referido a los orígenes de Salto como población.
     Los “documentos fehacientes”, mencionados por el Informe Serrano, referidos al P. Monteiro, son seguramente la autorización para sacramentar en este territorio, remitida por el Vicario Larrañaga al comandante Antonio Pinto de Fontoura, -que la había solicitado-, y por separado, al propio cura Monteiro, que debía de hacerla efectiva. Publicamos ambas copias a continuación.

     Dice textualmente el primer documento:
     “Don Dámaso Antonio Larrañaga, Cura Vicario Juez eclesiástico en la Iglesia Matriz de Montevideo, Delegado por el Señor Provisor en toda esta Banda Oriental, Capellán Mayor Castrense, Comisario en la Santa Cruzada, Director de la Biblioteca pública, en la casa de Niños expósitos etc. Por quanto por Illmo. Señor Don Ant. Pinto de Fontoura Coronel Comandante se nos ha hecho presente la necesidad de un Capellán con facultades parroquiales para Bautismos, Matrimonios, etc. en la Columna, en que se halla comandando en las Tropas de S.M.F. en esta Banda, recomendándonos para ello a uno de dichos capellanes, que allí se hallan, el P. Ignacio José Monteiro Capellán del Regimiento de Dragones, que hoy se halla en la División de su mando; por tanto Nos atendiendo a tan justas causas, autorizamos a dicho P. Monteiro para la administración no solo del sacramento de la Penitencia con facultades en absolver todos quantos pecados y censuras, se pueden absolver por la Santa Cruzada, sino también administrar aquellos sacramentos que solo pueden hacerlo los Curas Párrocos a todos los individuos de dicha División, en que está o estaba el dicho Illmo. Sor. Don Ant. Pinto; y en quanto a las demás familias, que no sigan dicha División, se entenderán con los Curas territoriales, quienes podrán facultarlo. Todo lo que se entenderá mientras estuviesen en Campaña, y no pasasen a su territorio o a este destino, en que podrán ser socorridos.
Dado en Montevideo, Oct. 8 de 1820.
Dámaso Antº. Larrañaga.
Por mandato del Sr. Delegado Eclesiástico
José Eusebio Gonsalez
Not(ario). Ecl(esiástico).

Carta de Larrañaga al comandante Pinto Fontoura, autorizando al P. Monteiro a administrar sacramentos a los integrantes de su división en el ejército portugués. Está fechada el 8 de octubre de 1820 y firmada por Dámaso A. Larrañaga y el Notario Eclesiástico José Eusebio González. 

Carta de Larrañaga al comandante Pinto Fontoura, autorizando
al P. Monteiro a administrar sacramentos a los integrantes de su
división en el ejército portugués. Está fechada el 8 de octubre de
1820 y firmada por Dámaso A. Larrañaga y el Notario Eclesiástico
José Eusebio González.

 

El segundo documento, es la comunicación dirigida
Al R. P. Ignacio José Monteiro
Párroco Castrense en la División del
Ilsmo. Sor. Dn. Ant. Pinto Coronel
Comandante.
UruguayVic. Ec.

     Tengo el honor de remitir a U. en Despacho con facultades parroquiales para esa División del mando del Ilsmo. Señor Pinto. Espero q. U. se conformará en todo con las disposición canónicas en quanto a las informaciones de libertad conyugal, tres conciliares proclamas, y asiento en los Libros Parroquiales que deberá llevar. Soy de U. con toda consideración muy at. Capellán q.b.s.m.
Dámaso A. Larrañga.
R.P. Ignacio Monteiro.                          Mont. Oct.8 de 1820.

 

 Autorización dirigida al Pbro. Monteiro firmada por el Vic. Larrañaga el 8 de octubre de 1820.

Autorización dirigida al Pbro. Monteiro firmada por el Vic. Larrañaga
el 8 de octubre de 1820.

 

     El primero de los bautismos, es del 18 de junio de 1819 y corresponde a José, hijo legítimo de José Joaquín, natural de la Villa de Castro, Obispado de San Pablo, y de María Cortés, natural del Arroyo de la China. Fueron padrinos el Sargento Mayor Mena Barreto y Patricio José de Cámara.
     El segundo, es del 16 de octubre, y pertenece a Guillermina, hija legítima de Manuel de Sosa Núñez natural de la feligresía de San Amaro y María Joaquina, natural de la feligresía nueva del Triunfo. Fueron padrinos Sebastián Barreto Pinto y José Rodríguez Barbosa. En las dos partidas, falta el nombre del sacerdote que bautiza. Firman el Cura Antonio Guerrero y el testigo José Paiva, al transferirlos al Cuaderno, que integra el Libro I
     En la tercera partida, aparece por primera vez el nombre del P. Ignacio Monteiro. La misma corresponde al año 1820, se inicia al final de la página 1 y continúa en la página 2, y al transferirla el P. Guerrero en 1842, introduce con la misma fórmula:
     “Entre varios papeles sueltos que se guardan en el archivo de esta Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen del Salto Oriental se lee la partida de bautismo siguiente:”

     La transcripción de la 3ª partida es esta:
     “Año de 1820. Juana Arellano. Entre varios papeles sueltos que se guardan en el archivo de esta Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen del Salto Oriental, se lee la partida de Bautismo siguiente: A veinte y dos de Stbre. de mil ochocientos veinte bauticé y puse los Santos Óleos a Juana, hija legítima de Felipe Santiago Arellano y María Francisca, esclava de Don Juan Santiago Ruiz. Sus padrinos Oliverio José Ortiz y María Álvarez de Aguirre. Fue libertada en la pila por 25 pesos. Campamento del Salto. Fecha ut supra .Ignacio José Montero Capitán Castrense. (Lo traslado y firmo con testigo: Antonio Guerrero Cura Vicario- Testigo: José Paiva)

     Como se ve, estos Bautismos, fueron realizados en fecha anterior a la autorización del Vicario Larrañaga, que es del 8 de octubre de 1820.
     Mons. Rubén Irurueta, incansable investigador en los archivos parroquiales en donde cumplió actividades como párroco, expresa en un extenso manuscrito, parte del cual fue publicado en el Diario El Pueblo de Salto en julio de 1978, que ciertamente el P. Monteiro consultó al Párroco de Paysandú- a cargo del caserío del Salto- Fray Juan Ignacio de Aizpurúa- y procedió como un Vicario Encargado en el “campamento del Salto”, como dice en la tercera partida del Libro I de Bautismos que hemos transcrito anteriormente.
     De acuerdo a los Libros Parroquiales, luego de la autorización expresa de la Vicaría, el Pbro. Montero continuó ejerciendo hasta el 24 de noviembre de 1824. Hasta esta fecha, figuran como bautizados por el Capellán Castrense 274 niños de ambos sexos, dato que puede comprobarse en el Archivo Parroquial, y que también incluye el P. Crisanto López en su Historia de la Ciudad del Salto, (Crónica III publicada en el semanario “La Familia” No. 44 del 26 de noviembre de 1899). El mismo historiador añade que existen 17 partidas de matrimonio2, y en cambio, no hay documentos de defunciones hasta el 21 de marzo de 1831, estando ya en Salto el P. Francisco Núñez, que sería designado por Larrañaga como el primer párroco del Salto Oriental.
     También señala que la última partida de bautismo firmada por el P. Monteiro, tiene fecha 24 de noviembre de 1824. Seguramente porque se retiró del Campamento del Salto con el ejército portugués. Y no existen otras, hasta las que firma el P. Mariano José del Castillo desde el 23 de febrero del año 1828.
     El Informe Serrano afirma que en ese lapso que media entre los P. Monteiro y del Castillo, visitó Salto el fraile Tomás Félix Hernández, pero no lo mencionan ni Crisanto López ni Firpo. Pero sí lo incluyen, en su reseña de 1867 el P. Juan Nepomuceno Montes de Oca, y Mons. Irurueta en sus manuscritos, quien concluye que, “en todo caso, el fraile Hernández, se llevaría las partidas a su parroquia de origen”, pues no existen constancias suyas en el Archivo Parroquial, ni de él ni de ningún otro sacerdote, entre el 24 de noviembre de 1824 y el 22 de febrero de 1828 como se dijo antes.
     Mons. Rubén Irurueta, en sus ya mencionados Apuntes, fue el primero en atribuirle al Padre Mariano José del Castillo un papel preponderante en la decisión de los vecinos salteños de dirigirse al vicario de la iglesia uruguaya don Dámaso Antonio Larrañaga, para la creación de la Parroquia propia, separándola de la jurisdicción de Paysandú. Así, dejó escrito en sus artículos publicados parcialmente en el Diario El Pueblo de Salto en julio de 1978:
     “Ese Padre del Castillo, llegando a Salto en febrero, marzo y setiembre de 1828 y varias veces en el 29 y en marzo, junio y noviembre del 30, preparó los ánimos de los salteños para que realizaran gestiones ante el Gobernador Rondeau y el Delegado Eclesiástico (Larrañaga) con el fin de crear la Parroquia del Salto, bajo la tutela de “Nuestra Señora del Carmen”.
     Además del mencionado sacerdote Mariano José del Castillo, vicario de Mandisoví, también visitó el Salto en ese mismo periodo Fray Pedro Nolasco Prado, cuyas últimas firmas en el Libro de Bautismos son del 25 de setiembre de 1830, y se alternan con las firmas del Padre del Castillo.
     Fue precisamente el Padre Mariano José del Castillo, quien abrió el primer cuaderno para Bautismos y Casamientos, en la Iglesia del Salto Oriental con fecha 23 de febrero de 1828. En cambio, no se sabe el motivo, pero no existe en este período ninguna partida de defunción hasta 1831, firmada ya por quien sería el primer párroco, Fray Francisco Núñez.

 

El primer cuaderno de bautismos3

 

     El 23 de febrero de 1828, el P. del Castillo, abrió un Cuaderno para asentar los Bautismos y Matrimonios que se celebraban en la Iglesia del Salto Oriental. Allí asentó los sacramentos hasta 1830.
     En 1864, una Comisión Investigadora, adjuntó al 1er. Libro Parroquial abierto por el primer Párroco Francisco Núñez, los dos cuadernos. Pero por motivos cronológicos, se identificó como Cuaderno No.1 al formado 1842 por el P. Antonio Guerrero con las transcripciones de los “papeles sueltos” del tiempo de las invasiones portuguesas, y con el No.2 a las anotaciones iniciadas por el P. del Castillo, Vicario de Mandisoví, pero fue este, quien abrió el primer cuaderno, aún en la etapa pre-parroquial.

 

La carta de los vecinos salteños

 

     En sus reiteradas visitas a Salto, como bien lo asegura Mons. Irurueta, el P. Mariano José del Castillo, preocupado por la falta de asistencia espiritual de la feligresía, movió a los vecinos a solicitarle al P. Larrañaga, la creación de una parroquia propia con su sacerdote estable, asunto que se concreta en octubre de 1829.
     La carta remitida al Vicario Dámaso Antonio Larrañaga tal como puede leerse en la transcripción que integra el Acta Fundacional que se guarda en la Parroquia expresa lo siguiente:
     “Sr. Vicario General Delegado Apostólico. Los que suscriben vecinos del pueblo del Salto; por sí y a nombre de todos los habitantes del distrito a V.S. con el mayor respeto se presentan y dicen: que no puede ocultarse a su penetración, ni a su paternal cuidado ser indiferente la necesidad espiritual en que nos hemos hallado y a la que volveremos por desgracia, si el Sor. Vicario General no ocurriere a ella considerando nuestra súplica. Este pueblo naciente, pero ya formado y con esperanzas de progresar por su posición interesante para el comercio, y por su vasta campaña, que presenta las mejores comodidades para criar ganado, ve su crecimiento con placer, pero advierte al mismo tiempo y con gran pesar la muy notable falta de una iglesia parroquial, en que conozca únicamente su propio sacerdote, Cura y pastor que dirija y auxilie con el sustento de la divina palabra y gracias sacramentales mediante su ministerio. El Curato de Paysandú a que pertenece este pueblo, dista treinta leguas y media ; dos ríos caudalosos en los tiempos de lluvia; la extensión del Curato de Paysandú tiene al sur más de treinta leguas; y su extensión al Este, o sus fondos, son más de sesenta. El curato de Paysandú tiene un solo Cura, y en tal distancia es imposible que pueda tener conocimiento de las necesidades de sus feligreses; y más imposible es que estos feligreses puedan, por varias circunstancias acercarse a su parroquia. Al cura de Paysandú no se le sigue perjuicio alguno por cualquier aspecto que se mire; de donde es que el Señor Vicario General , teniendo a la vista el capítulo 4º de reformatione sesión 21 del Concilio tridentino, no trepidará por un momento en acceder a nuestra muy humilde súplica formalizando la erección de esta parroquia con el título de nuestra Sra. del Carmen, y fijar sus límites como sigue: por el Sur el río Queguay, por el norte el río Arapey, por el oeste el río Uruguay, y por el este, un brazo del río Negro al occidente de Tacuarembó-guazú. Tenemos nuestra iglesia que mejoraremos , como que a ella pertenecemos; y cuando el Sr. Vicario General lo tuviese a bien, indicaremos el Ministro que en ella deba presidir, para que siendo de su aprobación, lo que no dudamos, se habilite con sus correspondientes títulos. Esta petición que en términos más propios es clamor, nace de la necesidad; mas ella ofrece una grande conveniencia. El pueblo del Salto con este paso será un pueblo grande, que adornando la República , será al mismo tiempo respetable muro en sus fronteras. El Sr. Vicario General Delegado Apostólico habrá por su parte cooperado a una obra de tan feliz recuerdo , por la que clama todo este vecindario: por tanto a V.S. pedimos y suplicamos se sirva proveer en justicia, que esperamos; y por ello firman: José de Arta Echevarría, Juez de Paz, José Canto, Bernardino Alcain, Manuel Mandía, Pedro Mariño, Venancio de Sosa Farías, Antonio Thedy, Miguel Naveiro, Higinio J. Vasquez, José Antonio da Silva, Antonio Laurencio Perez, Manuel Silva, José Gonsalez Viana, B. Marti, Miguel Costa, Raimundo Medina, Tomás José Duarte, Pedro de Abelleira, Juan Miguel de Carlos, Domingo Moreira, Mariano Buety, Julián Serrano, José Bravo, Juan G. Palacios, Martín Palomeque, Laureano Bravo, José Bega.”

Los veitisiete firmantes

     José de Arta Echevarria, Juez de Paz; José Canto, Bernardino Alcain, Manuel Mandia, Pedro Mariño, Venancio de Sosa Farías, Antonio Thedy, Miguel Naveiro, Higinio J. Vázquez, Jose Antonio da Silva, Antonio Laurencio Pérez, Manuel Silva, José González Viana, B. Martí, Miguel Costa, Raymundo Medina, Tomas José Duarte, Pedro de Abelleira, Juan Miguel de Carlos, Domingo Moreira, Mariano Buety, Julián Serrano, José Brabo, Juan G. Palacios, Martin Palomeque, Laureano Brabo, José Bega.
     El P.Crisanto López en “La familia” Nº 46 del 10 de diciembre de 1899 menciona veinticinco firmas: omite las de Tomás José Duarte y Pedro de Abelleira. Lo mismo hace el P. Firpo en su “Historia del Salto Oriental“ 1912, pag. 262.

 Los nombres de los veintisiete vecinos firmantes, transcriptos en el Acta Fundacional de la Parroquia del Salto Oriental, por el Notario Eclesiástico Cayetano Muxica.

Los nombres de los veintisiete vecinos firmantes, transcriptos en
el Acta Fundacional de la Parroquia del Salto Oriental, por el Notario
Eclesiástico Cayetano Muxica.

     “De estos veintisiete vecinos, dice Mons. Irurueta, unos han sido Jueces de Paz, Protectores de Menores o Alcaldes: José de Arta Echevarría, Domingo Moreira, Julián Serrano (que escribió memorias), José Bravo. De los otros, José González Viana dejó al morir un legado a favor de las construcciones del nuevo Templo, Antonio Thedy (suizo) era Receptor de Aduana, José Canto era Encargado de Correo, y Venancio de Sosa Farías, saladerista de Salto Chico”.

 

Una argumentación contundente

 

     Un somero análisis del documento, nos permite captar la contundencia de la argumentación expuesta, y las sólidas razones invocadas, demostrando que no hay una solicitud antojadiza e impensada, sino llena de una convicción y de un análisis profundo.
     Le hacen ver al Vicario que, aunque “pueblo naciente” tienen las mejores perspectivas para un rápido progreso en la ganadería y el comercio, pero que todo el crecimiento material es incompleto sin el auxilio espiritual. Y urgen solución a un problema que han sufrido y que volverán a padecerlo, si no disponen de un sacerdote estable, aludiendo, sin dudas, a los periodos en que no contaban con una asistencia religiosa permanente.

 carta remitida por los salteños al Vicario Larrañaga, que integra el Acta Fundacional

“…Este pueblo naciente, pero ya formado y con esperanzas
de progresar por su posición interesante para el comercio, y
por su vasta campaña que presenta las mejores comodidades
para criar ganado, ve su crecim(ien)to con placer; pero advierte
al mismo tiempo y con gran pesar la muy notable falta de una
iglesia parroquial, en que conozca únicam(en)te su propio sacerdote,
Cura y pastor que dirija y auxilie con el sustento de
la divina palabra y gracias sacramentales, mediante su ministerio….”

(Transcripción de un fragmento de la carta remitida por
los salteños al Vicario Larrañaga, que integra el Acta Fundacional).
Elocuente demostración de la fe de los primeros vecinos, que antes
que el Hospital, la Jefatura, y tantas otras instituciones necesarias,
quisieron asegurarse antes que nada el auxilio espiritual, y con el
énfasis puesto en cada uno de los argumentos.

 

     Le hacen ver a Larrañaga lo difícil que le resulta al Cura de Paysandú, de quien dependen, llegar hasta Salto, por la distancia y los inconvenientes de traslado, y le explican que por ello mismo, no habrá para él perjuicio alguno en que se le quite la jurisdicción sobre el territorio salteño. Le proponen los límites, le presentarán en su momento el nombre del sacerdote que pueda convertirse en párroco. Es decir le dan todo el trabajo hecho, para que ningún obstáculo demore la decisión. Es admirable la confiada “osadía” de los vecinos integrantes de este “pueblo naciente” que afirman disponer de una “iglesia”, que en realidad era un rancho de techo de paja, ubicado al frente occidental de la plaza; y sin dudar aseguran “pero que mejoraremos”. Y lo cumplieron, sin dudas. Y como para hacer más convincente su súplica, no trepidan en citar el artículo 4º de reformatione sesión 21 del Concilio Tridentino, lo que demuestra que estaban bien asesorados, seguramente por el P. Mariano José del Castillo.
     Esta carta desató el proceso de creación de la Parroquia del Salto Oriental, que se va a iniciar el 10 de octubre de 1829 y va a concluir el 25 de marzo de 1832, con la proclamación del nuevo Párroco ante su feligresía, Debe entenderse que el tiempo transcurrido, entre el principio y el fin del proceso fundacional, fue ocasionado por las circunstancias especiales por las que atravesaba el Gobierno Provisorio, en la concreción del texto de la primera Constitución, que fue jurada el 18 de julio de 1830, y en dar los primeros pasos administrativos una vez constituidas las primeras autoridades.
     Cabe mencionar que el Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga, formaba parte de los dos poderes –la Iglesia y el Estado- como Vicario de la Iglesia uruguaya y como Senador de la República, cargo que ocupó entre 1830 y 1835, y que facilito la concreción del petitorio de los Vecinos salteños.

 

Génesis de la creación de la parroquia del Salto Oriental

 

      10 DE OCTUBRE DE 1829: Ante la solicitud remitida por el Vecindario de Salto, el Gobierno Provisorio con las firmas de Rivera y Rondeau decreta la creación de la parroquia de de Nuestra Señora del Carmen del Salto Oriental, separándola de la jurisdicción de Paysandú.
      2 DE ENERO DE 1832: El Vicario Dámaso Antonio Larrañaga decreta la creación canónica de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen del Salto Oriental.
      7 DE ENERO DE 1832: La Vicaría solicita del Gobierno la autorización para designar al P. Francisco Núñez como Párroco de la Parroquia del Salto.
      18 DE ENERO DE 1832: Con la firma de Santiago Vázquez, el Gobierno comunica al Vicario Larrañaga su conformidad con la designación del P. Núñez.
      24 DE ENERO DE 1832: Dámaso Antonio Larrañaga comunica al P. Francisco Núñez su nombramiento como Párroco del Salto y le solicita lo haga público a la feligresía.
     25 DE MARZO DE 1832: Constancia de haber cumplido con lo encomendado por el Vicario Larrañaga: proclamación del nuevo Párroco ante la feligresía. Firman el Mtro. Francisco Núñez (el P. Núñez siempre anteponía a su nombre el título de maestro y no el de padre o fray), y como testigos, a los ciudadanos Salvador Mandía, Santiago Molleda y José Cantos. (Este último era uno de los firmantes de la solicitud a Larrañaga).

 

La primera capilla4.

 

     “La iglesia” a que hacen alusión los firmantes del petitorio, era un rancho de techo de paja, ubicado del otro lado de la plaza, enfrente a la actual ubicación de la Iglesia del Carmen, -plaza por medio- en el sitio ocupado más tarde por el Teatro Viejo, y posteriormente perteneció a la sucesión de don Valentín Palma, según el P. Crisanto López,. Hoy pertenece a la Intendencia Municipal.
     “Tenemos Nuestra iglesia, que mejoraremos, como que a ella pertenecemos”, escribieron los vecinos del Salto a Larrañaga. Mons. Irurueta, dejó escrito: “ Nos consta el lugar en que estaba. No sabemos cuándo se construyó, ni quiénes o quién lo decidió. Tanto lo que expresa esa carta al Vicario, como también otros documentos que mencionan la “capilla del Salto Oriental”, nos dan la seguridad de que a mediados de la década de 1820 existía”.
     Y añade: “Me arriesgo a pensar que la permanencia de las tropas invasoras –con capellán estable- dio la oportunidad para que este, hiciera construir a los soldados, entre otras reparticiones, una capilla” .¿Estaba dedicada a la Virgen del Carmen? No consta en ningún documento”.

 Antiquísima imagen de la Virgen del Carmen, de inconfundible factura misionera, que formó parte de la devoción de los primeros habitantes del Salto Oriental.

     Antiquísima imagen de la Virgen del Carmen, de inconfundible
factura misionera, que formó parte de la devoción de los primeros
habitantes del Salto Oriental. Seguramente estuvo en la Capilla vieja.
Y es posible que tuviera el mismo origen de las campanas que
Rivera trajo de las Misiones, y que aún suenan en la torre norte.
     Esta imagen fue sustituida en 1856 por otra traída de Italia, y
en 1891 por otra donada por el Cnel. Francisco Andreu, que actualmente
está ubicada en el presbiterio. En la reforma de 1955 el P.
Agustín Aschieri restituyó al templo la antigua estatua misionera que
se venera en el fondo de la iglesia como símbolo de los orígenes históricos
de Salto y de su innegable raíz religiosa. (Es posible que de
su mano derecha pendiera el Escapulario que actualmente le falta).

 

    Partida de matrimonio firmada el 30 de enero de 1822 por el Pbro. Capitán Ignacio Monteiro

     Partida de matrimonio firmada el 30 de enero de 1822 por el
Pbro. Capitán Ignacio Monteiro. También aparece en el margen inferior
a la izquierdo la firma de Sebastián Barreto Pereira Pinto, que
no debe ser otro que el Coronel del ejército portugués , quien firma
como testigo.

 

 Bautismos conferidos por el Presbítero Mariano José del Castillo Cura Vicario de la Parroquia de Mandisoví

     “Bautismos conferidos por el Presbítero Mariano José del Castillo
Cura Vicario de la Parroquia de Mandisoví, en esta Capilla del
Salto, del 23 de febrero de 1828”. (Cuaderno Nº 2 Numerado en
1864 por la Comisión de Investigación). Primera página de los asientos
de constancias de Bautismos realizados en Salto por el Pbro.
Don Mariano José del Castillo.


1 El apellido de este sacerdote, aparece escrito en los documentos parroquiales indistintamente como Monteiro, o Montero. Por su procedencia portuguesa, la primera forma sería la correcta. La segunda, una adaptación, por su permanencia en un medio de habla española.
2 Entre ellas la que puede verse en en documento Partida de matrimonio.
3 Ver documento Bautismos conferidos por el Presbítero Mariano José del Castillo.
4 Esta Capilla se incendió el 8 de diciembre de 1846, siendo párroco el P. Antonio Guerrero, quien consiguió una modesta pulpería ubicada en calle Catalán (más tarde Colón, hoy República Argentina) para sus ritos, hasta la inauguración de la iglesia ubicada en el lugar actual el 1º de abril de 1855.

 

       
 

 

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