EL SALTO “GARIBALDINO”

El SALTO “GARIBALDINO” *


 

Enrique Cesio
Por Enrique Cesio

 

     Un Monumento; dos bustos en espacios públicos; una avenida; un óleo del siglo XIX; un retrato autografiado; una carta manuscrita;
una colonia agrícola, las arañas de cristal del templo de la Logia Hiram ; una camisa roja originalguardada según se sospecha con
verosimilitud en alguna arca antigua familiar, legionarios que se quedaron en Salto y formaron tronco de familias numerosas e influyentes.
Todo eso por y para José Garibaldi.

 

     Es factible afirmar que Salto sea la ciudad del mundo, fuera de Italia, que más homenajes y recuerdos tiene para el llamado Héroe de Dos Mundos. “Se non e`vero, e`ben trovatto”. Nunca está de sobra, recordar la causa de esa presencia.
     Es que José Garibaldi, ya con una trayectoria de luchador por la libertad , trajo a América del Sur, sus servicios y sus ideales. Primero en Brasil, luego en el Uruguay incipiente república, ya dividida en una lucha fratricida. La Guerra Grande tomó a Garibaldi para una de sus fuerzas, la del Partido Colorado o de la Defensa (de un Montevideo sitiado). Y por sus condiciones de marino, se le reconoció el mando de toda la flota en 1845. Subiendo el Uruguay, llegó a Salto, sitió a las fuerzas de Lavalleja y tomó posesión de la población el 2 de octubre. El desalojado Lavalleja no cumplió las órdenes que tenía de destruir las defensas y Garibaldi las aprovechó, además de construir una fortaleza en la actual Plaza de los Treinta y Tres orientales. Poco más tarde desalojó a Lavalleja de su campamento en Itapebí, una lucha que poco se menciona.
     Cuando en diciembre del 45 Urquiza y sus fuerzas poderosas sitian Salto Garibaldi lanzó una proclama afirmando que se resistirá por todos los medios. En mérito a ello, salió hasta las proximidades del arroyo San Antonio, donde el 8 de febrero de 1846 se librará la batalla que recuerda la defensa de la plaza y donde hoy se ubica el Monumento en su homenaje. Aunque el italiano se retiró hacia la plaza, logró detener la invasión. En un documento de ese tiempo señaló sobre el pueblo salteño: “yo te recordaré siempre con profunda gratitud”. Gestos posteriores lo confirmaron, pero también es evidente que Salto tampoco lo olvidó.
     Garibaldi regresó poco después a su patria en búsqueda de la unificación y la formación de una república. Algunos de estos elementos se mencionarán más adelante, porque en realidad, esta nota está dedicada a dos hechos recientes que ameritan una difusión y se relacionan directamente con el guerrero peninsular.

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La Historia de un cuadro

 

     En la Sala de sesiones y secretaría de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Unione e Benevolenza de Salto, se encuentra colgado en pared destacada, un óleo de José Garibaldi, algo deteriorado por los años. En una esquina de esa obra, un papelito muy antiguo, afirma que era hecho por Enrique Correja y donado a la Sociedad en 1874. En mis largos años de vinculación a dicha Sociedad, ni en tiempos que mi padre fuera directivo, oí señalar quién era Correja, ni por qué ese cuadro estaba ahí, ni menos la explicación de cómo alguien podía dedicar en 1874, una obra a una sociedad que sería fundada en el año siguiente.
     Es bueno tener esperanza.
     Alguna vez, llega el encuentro que explica las causas y descubre la historia. Una mañana de hace poco tiempo atrás, me encuentro en calle Uruguay con mi amigo el P. Fernando Pigurina y nos ponemos a conversar. No sé la razón de que en determinado momento, me habla del cuadro de Garibaldi que está en la Italiana y que su antepasado tenía algo que ver con eso. Me intereso y al día siguiente Fernando, me remite una fotocopia de un folleto con la explicación de todo. A continuación el resumen.

     Angelo Pigurina ( “il Portoghese “)

     Angelo Pigurina nació en Cagliari, isla de Cerdeña, Reino de Savoya y Cerdeña, en 1815. Su vida está marcada por sus actividades militares y su adhesión Garibaldina. Cuando los primeros motines encabezados por el Héroe de Dos Mundos, en 1834, Pigurina, con solamente 19 años, participó de ellos. La derrota y la cárcel lo hicieron tomar la decisión de llegarse al Uruguay, en 1836. Se dedicó al comercio, hasta que en 1842 cuando llega Garibaldi desde Brasil y se pone al servicio del gobierno de la Defensa, pasa a formar parte de la legión Garibaldina, como oficial de marina. En el año siguiente, es designado comandante de compañía. Durante su participación en la Guerra Grande, será capitán de las goletas “Intrépida” y “ Maipú”.
     Antes de iniciar su rol militar en esa oportunidad, se casó con María Badano, previo permiso eclesiástico y militar. Con su esposa, quien tenía solamente 13 años al casarse, tendrá cuatro hijos, el primero de nombre Efisio.
     Retorna a Italia acompañando la cruzada de Garibaldi y en 1848 queda al frente de la compañía de “pavesi”, formada por voluntarios de la Universidad de Pavía. Herido de gravedad en 1849, y tras el fracaso del intento reunificador, vuelve al Uruguay con su esposa e hijo.
     Se instala en Salto y su familia se amplía con Atilio y Guillermo.
     En 1860, recibe invitación de Garibaldi para reiniciar las luchas, pero se excusa en su edad y estado de salud. Fallecerá con el grado de General en 1878, en Salto.
     En 1874, el pintor italiano Enrique Correja, le remite a don Angelo, una tela al óleo de Garibaldi, con una carta pidiéndole donara ese cuadro a la Sociedad Italiana de Salto. En la carta, Correja sostiene su admiración por “el primero de los ciudadanos italianos” y espera que su obra refleje las características del Garibaldi ya anciano. Señala que es un tributo de admiración y que en virtud de los elogios de sus amigos, ha decidido regalar dicha tela a la Sociedad Italiana de Salto. Luego señala “me decidí pues a dedicar el cuadro a la Sociedad Italiana de Salto y U. aprobó mi decisión, pero esta Sociedad está aún en embrión y vengo a solicitar de U., el amigo entre los amigos del gran hombre y partícipe en todas sus glorias y fatigas, se haga depositario del cuadro, hasta la instalación definitiva de la Sociedad”.
     Cabe señalar que el hijo de Garibaldi, Richiotti, en una visita al Uruguay, al ver el óleo dijo “era uno de los más representativos de la figura de su padre”. La familia Pigurina mantuvo la custodia. Angelo falleció en 1878 y se hizo cargo del cuadro su hijo Attilio Pigurina Badano, hasta que el nieto, el Dr. Atilio Pigurina Vives, lo entregó a la Sociedad Italiana en 1945. El cuadro permanece en el salón de la Comisión Directiva de la Italiana.

     (Datos tomados del folleto Da Cagliari a Montevideo. Angelo Pigurina. Il garibaldino eroe dei due mondi”, obra de Martino Contu y LucaMaría Sanna Delitalia.)

     Ante esa comprobación la actual Comisión Directiva de la Italiana, hizo colocar al costado del cuadro, una placa explicativa del origen y la trayectoria del óleo de Correja, incluyendo a Pigurina. No está demás señalar que la familia Pigurina que conocemos en Salto, es descendiente directa del comandante garibaldino.

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Obelisco con historia

 

​     Se descuenta que si se escribe “Monumento a Garibaldi”, todos los salteños saben a qué se refiere, adonde está; algunos menos, sabrán quien fue Garibaldi, por qué el obelisco en su memoria; y casi nadie, estará enterado de quién lo hizo, quién lo mandó a hacer y en qué contexto se erigió.
      Por lo tanto, es oportuno hacer una memoria. José Garibaldi, italiano nacido en Niza en julio de 1807 (entonces esa ciudad era parte del Reino de Saboya, territorio de Italia), fue un militar dedicado a luchar por la unificación de la península en el siglo XIX. Italia estaba dividida en varios reinos y ciudades autónomas. También era libertario y republicano. Comenzó sus luchas en la década de 1830 y vencido, se refugió en Brasil, donde conoció a su amada Annita, con quien se casó. Vino a Montevideo y en la década siguiente, se enroló en las fuerzas militares del Partido entonces llamado de la Defensa (el Colorado) en medio de la Guerra Grande con el partido Blanco (Nacional). En esas tareas, estuvo a cargo de Salto, y en su defensa, libró una batalla en zona de San Antonio. Regresado a su patria, mantuvo (como se detalló antes) vínculos con Salto.
     Desde su fundación la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Unione e Benevolenza, tuvo un especial afecto para su figura. Recibió un retrato autografiado y una carta manuscrita del gran caudillo.
     En 1925, al cumplirse el 1º de octubre, los 50 años de la fundación, una asamblea de la Italiana, resolvió levantar un monumento u obelisco, en los campos donde se desarrollara la batalla famosa. Es evidente que cuando consta en el acta respectiva que ese homenaje “no debe ser un acto de índole política, sino una manifestación de italianidad”, fue para despejar las posibles divisiones entre partidarios y adversarios del régimen de Benito Mussolini, “il fascismo”, en ese momento gobernando en Italia. La Asamblea aprobó por aclamación esa idea.
     Formado un comité especial para recaudar fondos, elegir el artista y solicitar las anuencias municipales, diversas razones postergaron la concreción de la obra. Recién en 1931, la Asamblea retomó la iniciativa y decidió solicitar al Consejo de Administración departamental, la ampliación de la Avenida Garibaldi. Se deduce que esta vía, comenzaba en Camino del Exodo hacia el este. El obelisco (nombre habitual con que se describe el proyecto en las actas) sigue en veremos, aunque no se conoce realmente cuándo se le solicitó a Juan Veltroni, la confección del mismo.
     Es el momento de Veltroni. Fue un arquitecto italiano traído por José Batlle y Ordoñez, para su segundo mandato, a los efectos de hacer la “gran obra pública” que el presidente deseaba realizar. El italiano dejó su marca: el edificio central del Banco República en Montevideo; el del Ministerio de Salud Pública; el del Jockey Club en Montevideo; el edificio de Oficinas Públicas de Salto- todos Monumentos Históricos Nacionales- y también el Monumento a Garibaldi, cuyo proceso de declaración de MHN, está en trámite.
     Otro aspecto interesante lo constituyó la visita de Annita Italia Garibaldi, nieta del prócer, efectuada a fines de ese año 32. Se le solicitó firmar un pergamino para ser colocado en el habitual cofre incluido en las piedras fundamentales.
     En el año 1934, se precipitan los acontecimientos. Primero se anunció que a fines de noviembre se inauguraría el Monumento. Luego se concretó que sería el 25 y se cumpliría una “Giornata garibaldina”, con la inauguración -también- del busto de José Garibaldi realizado por Edmundo Prati, instalado en el frente de la Sociedad, donado por el Rey Umberto I.
     La “Giornata garibaldina” del 25 de noviembre de 1934, consistió en una gran Asamblea matutina, con presencia de representaciones de todas las sociedades italianas del país y del embajador Serafino Mazzolini, representante del Duce. Este diplomático hizo una encendida apología del “fascio y del régimen fascista”, en medio de un discurso garibaldino y exaltando a Salto y su recuerdo del Héroe. Luego, al mediodía, se inauguró el busto y a la tarde el Monumento. Por supuesto, que tales manifestaciones provocaron reacciones, tanto en las calles como en la prensa, rechazando a la presencia fascista.
     Lo nuclear del tema es que ambos bandos querían a Garibaldi como su enseña, su representación. Ambas partes -acá y en todo el mundo- lo sentían su patrono protector y héroe. Se creó una organización mundial llamada “Italia libera”, que también tuvo su filial en Salto y su sede en la Sociedad. En poco tiempo, los dirigentes habían cambiado y también la posición. Una prueba más de los antagonismos que despiertan siempre, regímenes como ese. El tiempo pasó, el dominio mussoliniano concluyó, pero Garibaldi, la Sociedad Italiana, el sentimiento de italianidad, siguieron, como una demostración de que los contextos modifican las etapa, pero no la historia final.
     Cuando cada 2 de junio, la Sociedad Italiana y las Regiones, se reúnen en la antena del puerto, están rindiendo homenaje a la República que quería Garibaldi, instalada después de la Segunda Guerra Mundial, por resolución plebiscitaria libre. Solo los pueblos deben resolver lo esencial de sus sistemas de vida y estado.


* Este artículo apareció en Almanaque del Banco de Seguros del Uruguay, 2015.

       
 

 

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