UNA ESCUELA CON PRESENCIA EN TRES SIGLOS

UNA ESCUELA CON PRESENCIA EN TRES SIGLOS​


Nuilbar Alves
Por Nuilbar Alves

     La Escuela Filantrópica Hiram, siente el sano orgullo de ser la escuela Gratuita y Laica más antigua del interior del país.
     Introducirnos en su historia, nos permite conocer con mayor profundidad a hombres que con fraternal entrega y en circunstancias muy diferentes, pusieron todo su esfuerzo para el logro de ideales, y que a través del tiempo otros hombres animados con el mismo ahínco le han dado continuidad.
     Sus comienzos se ubican a mediados del Siglo XIX, en 1856, en una época extremadamente difícil para nuestro país, que recién salía de la Guerra Grande (1839 – 1851), y que debía enfrentar, las devastadoras consecuencias que ésta, había dejado en áreas vitales del país. A mediados de la época del 50, la situación era realmente lamentable, de inestabilidad política, con cambios frecuentes de gobernantes, se habían firmado tratados sumamente desventajosos, la población que anteriormente crecía auspiciosamente, producto de la inmigración, no sólo se había detenido sino que decrecía. La producción ganadera de primera importancia, como generadora de ingresos, se había reducido aproximadamente a un tercio; la industria saladeril queda limitada a muy pocos establecimientos. Los gobiernos de turno enfrentan una grave crisis financiera, y lo que es peor aún, el encono, rencor latente entre hermanos, que hacía muy difícil llevar adelante cualquier empresa en el país.
     La educación no escapaba a ese panorama; era prácticamente nula, se reducía a esfuerzos particulares, totalmente insuficientes.
     A ese panorama tan incierto, se agrega otro, aún más inmediato y desgarrador.
     En el año 1857, Montevideo sufre el rigor de uno de los más grandes y mortíferos azotes epidémicos; el de la Fiebre Amarilla, lo que da lugar a la fundación de una Sociedad Filantrópica, (integrada fundamentalmente por masones), en la que Leandro Gómez es uno de sus principales. Fundador e impulsor, integrante de la Comisión Central que funcionaba en Montevideo y con fuerte influencia en ciudades litoraleñas, de nuestro país y de Entre Ríos, donde por el desarrollo de sus actividades tenía contactos e influencias. Con su participación, se logra concientización con respecto a la situación e importantes apoyos económicos, destinados a paliar los efectos de la enfermedad.
     Terminada la epidemia, la preocupación se centra en atender a familias que habían quedado desamparadas, principalmente a niños huérfanos. Se puso especial énfasis en al aspecto educativo, conscientes de la importancia que la preparación de niños y jóvenes tenía para sus vidas y el desarrollo más eficiente del país. Lo que conlleva a fundar una escuela a cargo de la Sociedad Filantrópica Central que comenzó a funcionar en marzo de 1859 en Montevideo y a apoyar decididamente con esfuerzos conjuntos las iniciativas que ya habían comenzado su proceso, en muchas ciudades importantes del interior del país.
     Los vínculos con la Escuela Hiram de Salto, son muy estrechos, a los esfuerzos locales se le suma el de la Comisión Central, siendo el propio Leandro Gómez factor determinante.
     Es precisamente el discurso que pronunciara al finalizar los cursos del año 1859, en la Escuela Filantrópica Hiram de Salto, como director de la misma, que da fundamentos sólidos a la institución de funcionamiento incipiente y que será orientadora del rumbo futuro a seguir, motivando en los momentos difíciles y estimulando el esfuerzo cada vez que es necesario. Palabras, que por su actualización tienen siempre vigencia e iluminan el camino a seguir. Por su importancia destacamos aspectos centrales del contenido de dicho discurso, que tiene el valor de ser el primer testimonio documental que posee la institución:
     - “Vinculación de la Comisión Central, con sede en Montevideo y la Sociedad Filantrópica Hiram de Salto”.
     -“Importancia en el proceso educativo, no sólo en lo que refiere a las letras, sino a la formación de una cultura Ética y Moral”.
     -“Cultura sin dogmas, con absoluta Libertad de Conciencia, donde los alumnos aprendan a valorarse a sí mismos”.
     -“Formación de hombres libres y de buenas costumbres, con defectos que los tendrán, pero con suficiente hombría para conocerlos y combatirlos”.
     -“Si hay inteligencias que se destaquen, apoyarlas en lo material, para que continúen estudiando”.
     Con referencia a los integrantes de la Sociedad Filantrópica deja en claro, “que deben trabajar por mejorar la suerte de la condición humana, no aspirando a la gratitud, sino hacerlo con toda humildad desarrollando su labor en silencio, para tener la absoluta tranquilidad de conciencia sobre sus actos”.
     Uno de los aspectos importantes para la permanencia de la escuela a través del tiempo, es la búsqueda de la mejor adecuación a los cambios sociales, culturales e institucionales que vive el país, sin perder de vista que su principal objetivo es brindarse a quienes más lo necesitan.
     En el último cuarto del Siglo XIX, la figura de José Pedro Varela, se distingue nítidamente en el país, su pensamiento y obra se destacan. Crea, no con pocos esfuerzos, un Sistema Educativo que responde a las exigencias sociales, y que lo pone a la vanguardia de los países de América. Lo más logrado de su obra se da en la enseñanza básica, la enseñanza primaria. La enseñanza se organiza sobre los clásicos principios de gratuidad, obligatoriedad y laicidad. Entre otros aspectos su obra se orienta hacia la profesionalización de la docencia. Decía: “No es posible organizar buenas escuelas, sin buenos maestros, ni es posible tener buenos maestros sin escuelas normales…”
     La preocupación de la Comisión Filantrópica que tiene a su cargo la Escuela Hiram será tener al frente de la institución a docentes que contaran con ese perfil.
     En el año 1879, la dirección de la Escuela está a cargo de un docente de origen italiano, el Sr. Napoleón Geltilhuomo, quien tendrá como ayudante al Sr. Francisco Blanes.
     La labor institucional se amplía en 1883, otorgando becas a estudiantes de bajos recursos para que pudieran continuar estudios universitarios en la capital.
     El 15 de junio de 1988, la Sociedad Filantrópica que presidía el Sr. Pedro Chouy, nombra como director al Sr. Anastasio Albisu, con título de Maestro de Segundo Grado, que le dio un perfil especial a la escuela. Por su reconocida solvencia profesional, metodología apropiada y rectitud, no exenta de afecto hacia sus alumnos, dio a la escuela un lugar de privilegio entre las instituciones educativas del momento. Eduardo S. Taborda en su libro Salto de Ayer y de Hoy con una frese nos clarifica la labor del docente en la institución: “La escuela y el maestro se habían identificado en tal forma en el corazón de nuestro pueblo, que después de éste, no concibió más a la una sin el otro”.
     Entre los años 1879 y 1922, se convirtió en Escuela Nocturna, atendiendo de esa manera a las personas que querían estudiar y que durante el día trabajaban, el fundamento es marcadamente económico-social, teniendo en cuenta el desarrollo productivo de las fuerzas del país y el papel fundamental que juega la educación.
     Durante el día se atienden alumnos que cursan estudios primarios y en la noche la orientación de la Escuela además de lo tradicional, está dirigida hacia las Artes y Oficios, trabajando para capacitar obreros en albañilería y herrería para cubrir la demanda laboral y brindar un medio de vida a quienes lo necesitan.
     En la primera década del Siglo XX, se consolida definitivamente la concepción Vareliana en el país, con la ley que establece la supresión de toda enseñanza y práctica religiosa en escuelas del Estado. (Ley Gilbert del 6 de abril de 1909).
     En 1912, llega como maestra a la Escuela Filantrópica Hiram, la Srta, Beatriz Albisu Bruzone, quien se desempeñará por más de veinte años en la atención de clases de enseñanza común y preparación de alumnos para su ingreso a Secundaria.
     En la Escuela Hiram hicieron sus primeros estudios personalidades de nuestro país, como Horacio Quiroga, orgullo de las letras de América, el Dr. Antonio M. Grompone y el Ing. Eladio Dieste. 
     En 1920 el 60% de los profesionales del medio se habían formado en esta institución, porcentaje que llegaba al 40% en 1950.
     Respecto a la Escuela Pública, Eduardo Acevedo afirma que en el año 1926 “Nuestras escuelas progresan de manera extraordinaria desde el doble punto de vista del número de sus alumnos y de la eficacia de su enseñanza”. Ello lleva a que la Escuela Hiram, busque nuevas orientaciones.
     Promediando el Siglo XX, funcionaban tres cátedras, de Música, de Dibujo y de Contaduría. La primera estará a cargo del maestro de Banda Sr. Marcos Papa; la segunda estará a cardo del Profesor Sr. Alfonso Pérez, quien se desempeñará en la escuela por más de 50 años y la tercera a cargo del Sr. Manuel Suárez Atienza, todas ellas con el firme propósito de preparar a los alumnos para su inserción en la vida laboral.
     Muchas de las funciones que cumplía la Escuela Hiram, siendo pionera, hoy, han pasado a manos de organismos oficiales, pero la institución siempre continúa con su labor esencialmente formativa, siendo una de sus virtudes la de adaptarse a los diferentes momentos y necesidades de la sociedad, manteniendo siempre su línea filantrópica, con un triple objetivo bien definido. –Brindar las herramientas necesarias para que los menos favorecidos puedan ganarse la vida con su trabajo honesto. – Sacar a los jóvenes de la calle, para alejarlos del vicio y generarles sentido de responsabilidad y hábitos socializantes. – Integrar socialmente a aquellas personas que por su edad o condición socioeconómica no hayan tenido la oportunidad de capacitarse.
     A fines del Siglo XX y comienzos del Siglo XXI, el Mtro. Ariel Crescionini, con cuyo nombre, se ha nominado el aula principal de la escuela, interpretando fielmente la obra de la institución ejerce la Dirección en forma honoraria, con modestia, solvencia y voz llena de fraternidad, pauta una orientación a seguir, una conducta a adoptar y un compromiso a cumplir, siempre fiel a los fundamentos iniciales de la institución pero con el vigor necesario para la adecuación a los tiempos que corren.
     Por la importancia que revisten en nuestra población, se iniciarán los Cursos de Informática, dándole a la institución un nuevo impulso dinamizador.
     Así tanto jóvenes que desean capacitarse para tener mejores posibilidades de ingreso al mercado laboral, como adultos que no han tenido la posibilidad del aprendizaje informático y que les es tan importante, tanto para las comunicaciones como medio de información, encuentran un espacio donde se les facilita el dominio de esos conocimientos tan necesarios en la actualidad.
     Actualmente la Escuela Hiram está en plena actividad. En los últimos años se inscriben para realizar los diferentes cursos entre 400 y 500 alumnos, de los cuales solamente se pueden tomar alrededor de 180. Se dictan cursos de Informática (Básica, Avanzada y de Diseño Gráfico), Idioma Inglés, Portugués, Cerámica, Cocina y Carpintería Artesanal. A su vez se han dictado cursos de idioma ruso, muy apreciado por la gran colonia rusa y único brindado en la zona. Esta institución filantrópica está abocada actualmente a la realización de un proyecto complementario de su actividad actual.
     A los tres objetivos filantrópicos ya mencionados pretende sumarle:
     Ser reconocida por el pueblo salteño como centro referencial de cultura y divulgación de actividades artístico culturales. Lo cual consiste en desarrollar un espacio cultural que logre convertirse en una referencia para el departamento y que potencie y complemente las actividades que desarrolla la institución desde hace más de 150 años, ubicándose en el colectivo social como un verdadero ateneo, un centro de exposiciones, conferencias, audiciones y presentaciones culturales de diversos tipos.
     La Escuela Filantrópica Hiram se orienta en los primeros años del presente siglo a concretar este proyecto, considerándolo de alto valor para el Departamento de Salto.
     Una vez más siendo fiel a su historia, debe abrirse al cambio, a las nuevas ideas, aceptarlas, sin que ello signifique desechar lo anteriormente realizado, es el camino para encontrar el equilibrio necesario, que conduzca con éxito por los senderos transitados hasta hoy, al destino deseado de mañana; conscientes que la educación no lo puede todo, pero es fundamental para lograr un futuro más promisorio.

 

Bibliografía consultada:

Documentación de la propia Escuela.
Salto de Ayer y de Hoy, de Eduardo S. Taborda
Dos décadas en la Historia de la Escuela Uruguaya, El testimonio
de los protagonistas. Ministerio de Relaciones Exteriores-ANEPCEIP- CETP-UTU
Leandro Gómez, La senda del patriotismo y el deber, de Roberto Sierig

       
 

 

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