HOMENAJE A JOSÉ MARÍA RONDÁN MARTÍNEZ

HOMENAJE A JOSÉ MARÍA RONDÁN MARTÍNEZ


6 de agosto de 2014

 

Leonardo Garet y Amalia Zaldúa

Leonardo Garet y Amalia Zaldúa

 

   

   Palabras de Leonardo Garet:

 "Yo siempre tengo muy presente antes de empezar cualquier disertación, las palabras que pueden ser guías, las palabras tutelares de lo que voy a decir. Y viniendo para acá, sabiendo que me iba a encontrar con los hijos de José María Rondán Martínez, y sabiendo el material que tenía, pensé qué difícil que va a ser para mí esto. Entonces recordé aquel noveno mandamiento del Decálogo del perfecto cuentista, que dice: "No escribas bajo el imperio de la emoción, déjala morir y evócala luego". Eso es tan cierto también para cuando se va a hablar : no hables bajo el imperio de la emoción, déjala morir y evócala luego. Pero ¿cómo voy a hablar escapando del imperio de la emoción? Es imposible, porque es un alud de cosas y de emociones que me llegan de José María Rondán Martínez.
Voy a ser muy breve para explicar cómo fue el primer encuentro. A partir de un viaje a Rocha , me encontré con el Director de Cultura de Rocha, Fernando Rótulo. Él me dio un libro como obsequio y cuando encontré en  'Poesía rochense de ayer y de hoy', un autor,  José María Rondán Martínez,  dije: pero este nombre lo conozco. Entonces empecé a leer y fueron los primeros poemas que leí de él, después de lo que había leído  aquí en Salto, en 1956, en el libro 'Cuaderno de poetas salteños', antología que se hizo en homenaje a Salto en ocasión del bicentenario y donde había Canto al Salto antiguo, de José María Rondán Martínez, y nada más. Rondán Martínez, acá en Salto, a tal punto no existió que hasta se creyó que ese poema no era de él, porque además por múltiples circunstancias su apellido siempre figuró oficialmente como Martínez. Entonces  -se decía, cuando investigué para mi libro 'Literatura de Salto', en 1990-: José María Rondán Martínez es un seudónimo, que probablemente sea de Enrique Amorin.  Y no se investigó más. A partir de que me encontré con Fernando Rótulo y con el libro 'Poesía rochense de ayer y de hoy', comienza la investigación y la catarata de información.
Fernando Rótulo me pone en contacto con Carlos Castillo, cineasta de Montevideo, quien me proporciona tres teléfonos: de Esther Martínez, hija de Rondán; de Jesús Perdomo, músico y profesor de Historia y de Julio Dornel, periodista. Y a partir de ahí no hubo día que no recibiera, por mail o por vía postal, cartas de Jesús Perdomo,  mails de Esther, de Julio Dornells y de Carlos Castillo, que me enviaban material que me desbordaba y que me hizo hacer un trabajo complicado porque el desorden dominaba, el desorden del material que llegaba de forma arbitraria: tanto un manuscrito, como textos sin continuación ni título ni fecha, como recortes de diario, copias de fotos, y la edición de 'Artigas Compañero', realizada en Chuy.  Entonces empezó la investigación acá en Salto.
No quiero dedicarme a la parte biográfica, porque realmente está en tren de mayor investigación.
Como tengo amigos que son muy entusiastas, siguen buscando material, siguen hablando con los hermanos de Paysandú y siguen enviando anécdotas y documentos.
Entonces, de una persona que no sabía nada, ahora tengo hasta la partida de nacimiento del abuelo. De la vida probablemente haré un capítulo inicial, pero a lo que quiero dedicarme es a la obra.
Este es un café especial, porque en todos los demás había autores conocidos, o cuyos libros estaban al alcance de todos, por eso no es un café más, es un café de descubrimiento.

 


 

 CANTO AL SALTO ANTIGUO

Hace dos siglos justos me fundaron el Salto
varios hombres ansiosos de conquista y leyenda;
dejaron unos barcos y unos ranchos de adobe
y se fueron en busca del silencio y del tiempo. 

La semilla de un pueblo germinó junto al río,
vigorosa de aire, de extensión y de canto;
mayorales aindiados transportaron familias,
y empezaron los niños a jugar por los campos. 

El Uruguay rebelde se convirtió en amigo;
los naranjos treparon las colinas salteñas;
se forjaron industrias con olivos y vides,
y el viento dispersaba la canción de los trenes. 

Se trazaron las calles que lucieron un nombre;
los tranvías firmaron el álbum del recuerdo;
un petardo en febrero congregó carnavales
y las siestas tuvieron la voz de un aguatero. 

El pueblo prontamente se convirtió en ciudad.
Una casa cualquiera se transformó en un cine;
el Párroco en la Iglesia del Carmen dio consejos,
y una escuela juntaba guardapolvos de niños. 

De tardecita el mate poblaba las veredas,
los zaguanes se abrían con abuelas y novias,
el Angelus rezaba su oración, temeroso
de que Dios se olvidara de encender las auroras.

De mañana temprano reventaban los trinos,
los aljibes chirriaban su canción de roldanas,
los patios con gorriones recogían las risas
de las pulcras negritas remojando las calles. 

Hace doscientos años me fundaron el Salto
unos hombres que tienen su sitio en la leyenda.
Hace doscientos años las cascadas sabían
lo que puedo deciros en el canto presente.

 


 

 Canto al Salto Antiguo se ha conservado en la antología Cuaderno de Poetas Salteños [1] y es lo único que quedó en Salto vinculado a su
nombre. [2] Se trata de un texto de 8 cuartetos, con versificación en alejandrinos y verso blanco.

Elegir un modelo puede inducir a varias interpretaciones, ninguna quizás definitiva, pero es algo que sugiere, sin duda, una cercanía espiritual. José María Rondán Martínez exhibe en este poema una indesmentible atracción por la poesía de Jorge Luis Borges. El motivo, la versificación, la elección de los elementos y el tono de recreación encomiástica, son los mismos. “Y fue por este río de sueñera y de barro  / que las proas vinieron a fundarme la patria” (Fundación mítica de Buenos Aires [3]), se convirtió en “Hace dos siglos me fundaron el Salto / varios hombres ansiosos de conquista y leyenda”. La patria (de Borges) y el Salto (de Rondán) fueron fundadas para ellos, sus cronistas: “a fundarme” y “me fundaron”. Borges elige instalarse en el mito “a mí se me hace cuento que nació Buenos Aires / la juzgo tan eterna como el agua y el aire”. Por el contrario, a Rondán destaca la fecha imponiendo la historicidad, aunque sin alejarse del aire de leyenda. Rondán imagina también los barcos y después, en ambos poemas, se dibujan los rasgos del presente en su primera aparición. “El primer organito salvaba el horizonte”, “el almacén rosado…brilló”, “una cigarrería sahumó como una rosa”. El paisaje de Borges edifica esa primera manzana “sin vereda de enfrente”; Rondán es más enumerativo, desea en cada verso recrear el paisaje reconocible con una pincelada, independiente y a la vez al servicio del conjunto. En tanto el título del argentino revela la voluntad de mantener la fundación en un plano lejano del tangible, el uruguayo la rescata para el presente, le canta. Borges afirma que Fundación mítica “le disgusta por su fatalidad laboriosa”. Si ese juicio hubiera que hacer, más laborioso es el poema del salteño, sin dejar de ser, como el ultraísta de Borges, un excelente ejemplo de fundación poética de una ciudad.

Buenos Aires y Salto se fundan a partir de un rasgo prototípico que se pone en movimiento. La esfera del mito permite presentar con engañosa y simpática facilidad los procesos. Se propone un corte, o una visión sincrónica de lo que, de suyo, es diacrónico. En ambos casos, finalmente, se destacan exclusivamente los rasgos positivos, por empatía, importancia, o simplemente porque son un índice de lo que la ciudad llegaría a ser.

Buenos Aires y Salto, ¿qué son en los poemas de Borges y de Rondán Martínez, sino ciudades imaginarias, compuestas precisamente, como dice Borges, de forma laboriosa? Elementos constitutivos del hoy que se ordenan en el ayer. Si esa ciudad ideal no existió nunca, existe en cambio en el afecto y es la razón de que se encuentren tan ligadas a la melancolía del canto. La sabemos perdida y la recuperamos con la memoria aunque en ese trayecto haya más incorporaciones de la imaginación que de la realidad. Hoy, a más de medio siglo de la propuesta del salteño, y a bastante más de la del argentino, no es difícil -alcance natural de los textos bien logrados- situarse nuevamente en similar perspectiva y en la candorosa recreación. 

‘Genealogía’, fechado 1969-1970, al no tener ‘Patria Chica’ ni ‘Cien Manzanas’, que no fueron hallados, el el libro más antiguo de Rondán. 'Genealogía' tiene tres secciones –indicó –: Indio amargo, Amor indio y Genealogía. Indio amargo es él e Indio amargo se proyecta hacia toda la raza suya, la cercana, la de su familia, esto en la sección 1; y la lejana, de su raza charrúa, en las secciones 2 y 3. Rondán Martínez fue, según Jesús Perdomo, la primera persona que acá se sintió absolutamente orgullosa de ser charrúa (…) Y yo digo que viendo todo el movimiento que hay de revalorización de nuestro pasado, tendría que ser reconocido y estudiado como el poeta charrúa. Él no escribe desde afuera, él no es el poeta culto Zorrilla de San Martín, que inventa el indio de ojitos celestes, él es el hombre que está escribiendo desde el fondo de su raza, por eso es el poeta charrúa (…) Como si verdaderamente hubiera puesto un espejo frente a su corazón cada vez que habla de su gente, es una emoción absolutamente auténtica y no es desbordado, eso en literatura es un mérito absolutamente insuperable (…) En la segunda sección hay un poema de amor apasionado a una india, pero es la raza india. Está muy claro que esa india adorada que se abraza y se besa como una mujer es la raza. ¡Rondán se sentía charrúa! La última sección son poemas dedicados a los indios, con lamento y dolor por el genocidio de la raza. Pero tampoco el lamento exacerbado, siempre con una tranquilidad y mirada serena.
'Latitud Chuy' es el diario de la monotonía de la vida provinciana pobre. Pero que no asciende a las esferas metafísicas del spleen de Baudelaire. Esta es la monotonía que se queda pegada a las cosas de todos los días, a las patas de la mesa, a la mesa no siempre bien provista, al dolor por no poder proveer de lo mínimo a los seres queridos. La monotonía y la tristeza individual se cruzan con la pobreza y la tristeza de la población, se cruzan de forma inextricable (…) Este libro es el que tiene de forma más clara la influencia de quien fue el maestro de Rondán, César Vallejo… con quien tiene verdaderamente una relación familiar de sentimientos, tanto por la familia como por la sociedad, y eso se traduce también en que le toma los puntos a la sintaxis de Vallejo. 'Latitud Chuy' es vallejiano pero no imita como imitaba al comienzo a Borges, sino que es vallejiano porque Rondán era vallejiano, porque encontró en la lectura de Vallejo su propia forma de escribir. Hay una coincidencia total en los elementos que maneja, incluso en esa religiosidad que se hace presente en Vallejo en forma tan curiosa, tan sorpresiva y también en Rondán. Tiene una lucha no resuelta con la religión, aparece un Ave María, un Padre Nuestro, sobrevolando por acá y por allá, aunque sea para subrayar su ausencia. Este libro comienza con el dolor individual de una forma bien marcada. Pero es poesía herida, no rebelde. Dos años después pasa a ser poesía rebelde en el libro 'Nosotros'. En 'Nosotros' ese dolor pasa a ser protesta, rebelión, clamor por la justicia, en medio del dolor personal.

Me voy a referir ahora a 'H.V. 7 bis'.

La más antigua referencia a un loco en la literatura está en la Biblia, cuando Nabucodonosor enloquece y come hierbas como si fuera un toro. Pero ¿quién escribe desde la locura no estando loco y habiendo vivido en un manicomio? Solo Rondán Martínez. Estuvo internado por voluntad propia para tratar de curarse del alcoholismo. Un paralelo podríamos hacer con ese otro gran autor de canciones nuestro que es Víctor Lima, que le canta al vino en tono elogioso. Rondán está, siempre tratando de salir del alcoholismo, y se refiere en un tono muy doloroso a esa situación. Tratando de salir ingresa al Hospital Vilardebó. Su visión es la de un cuerdo total que con una lucidez increíble describe a quienes están a su lado, pero que están tratándose por otro motivo, por demencia. Eso es 'HV 7 bis'.

  

Familia Rondán

 

     Palabras de Esther Martínez, hija del homenajeado

 "Como Esther Martínez, una de las hijas, quiero agradecer esto, agradecer a todos que hayan venido, porque no me lo esperaba,  a  papá siempre le gustó la humildad, nunca quiso publicar, nunca este reconocimientos;  él se sentía muy humilde. Sobre todo recién ahora entiendo por qué nunca nos trajo a Salto, Salto era el paraíso para él, gracias por enseñarme esto hoy. Y gracias por traer a papá al paraíso".

 La Mtra. Amalia Zaldúa leyó los siguientes poemas de Rondán Martínez:

  


  

Latitud Chuy - VIII

Las voces de mis muertos me llaman
indefinidas, casi una sola.
Aquellas que ayer abrieron mi sonrisa
cuando los mediodías tenían naranjas.
Por una galería de recuerdos
me asedian la estatura
y llegan hasta mí, dulces, caseras,
entrando por mis venas.
Algún mendrugo ayer desdibujado
cobra su hambre, hoy, tan solitario,
repartido en el rostro reflejado
de este siglo de angustias ...
Tío barbudo, llega hasta mi puerta,
me deja un poco de sus penas. Parte.
Tía me arropa con sus manos tiernas
y bésame con labios de pitanga.
Abuela, abuelo en infinitos mundos
acunan al pequeño que yo he sido.
Después me observan largamente y dicen:
"Miserable familia nuestra ... Amén".

 


 

Latitud Chuy - IX 

Así el domingo entre la ropa sucia
como un ángel dormido entre camisas,
bosteza derrotado,
sin lavanderas manos que lo mojen,
Sin planchas que lo planchen
ajado, semanal, cual mi apellido.
Quién me pregunto planchará el domingo
para que niño salga por las calles?
Aquí el herrumbre, el moho, la pereza,
me ensucian, por favor, tanta sonrisa.
Oh si en las alas de una golondrina
pudiera divertirme entre las nubes
nada me importaría este domingo
ajado y doloroso cual un trapo.

 


 

HV 7 Bis- III

DOMINGOS con visitas
apresuradas, tiernas, bondadosas,
acariciando el pómulo, inquiriendo por nuestras
soledades
corno si niños fuéramos. 

Quieren tocar el corazón, sentirlo
para saber si late como siempre
y nos miran muy hondo
haciéndonos llorar. 

Después se van de a poco
dejando sus olores familiares
sus dedos temblorosos
el eco de sus voces
el recuerdo habitual y compartido.

Casi como un dolor
el ruido de sus pasos nos aflige
sembrándonos tristezas,
melancolía de atardeceres pueblerinos,
el beso de los niños,
la cuchara y el plato de la cena. 

Y nos quedamos solos
mirando más allá de la llovizna
este domingo gris
setiembre 15 ...

 


 

HV7 Bis - VI

DÍAS interminables me socavan
túneles infinitos
y hombres con sus alforjas bajo el brazo
van y vienen por corredores húmedos.
Tienen
grotescas expresiones de animales adultos,
carcajadas salobres
y desde sus gargantas prisioneras
estallan las canciones como rosas.

Horarios angustiosos
giran en claroscuros de’ rostros sin noticias
y en sus bocas amargas
apáganse los puchos metafísicos.

Súplicas y oraciones
encienden los crepúsculos
y un llanto de azahares
desde la noche cae sobre los patios.

 


 

Al finalizar este homenaje, fue proyectado un audiovisual preparado especialmente para esta ocasión por el Departamento de Cultura de la Intendencia de Salto. El mismo incluye canciones con letra de Rondán Martínez (Artigas compañero, interpretada por Sol y Palma; Cielito de la frontera, La pueblada y De mi tierra, interpretadas por Los Zucará y El taipero, en versión de Alfredo Zitarrosa), además de información y distintas fotografías del poeta.

 

 Ir a canción "El Taipero"


[1] Cuaderno de Poetas Salteños, Salto, Edición del Bicentenario, 1956. Incluye, por su orden, poemas de: Enrique Amorim, Marosa di Giorgio, Julio Garet Mas, Altamides Jardim, Artigas Milans Martínez, Margarita Muñoa, Walter Peralta, Gregorio Rivero Iturralde y José María Rondán Martínez.

[2] Ángel Rama en “El aduanero Rondán” (semanario Marcha, 1965), da cuenta de la existencia de dos libros inéditos: Cien manzanas, de 1957 y Patria chica, de 1962.

[3] Incluido como Fundación mitológica de Buenos Aires en Cuaderno San Martín (Buenos Aires, 1929), se convirtió en Fundación mítica de Buenos Aires porque, como lo dice su autor en el prólogo a la reedición de 1969: “Ante la indignación de la crítica, que no perdona que un autor se arrepienta, escribo ahora Fundación mítica de Buenos Aires y no Fundación mitológica, ya que la última palabra sugiere macizas divinidades de mármol” (Jorge Luis Borges, Nueva antología personal, Bs. As. Emecé Editores, 1968.)

       
 

 

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