MICRORREGIÓN 13

      MICRORREGIÓN 13      

 




 

Cayetano-Paso Cementerio

 

Centro Poblado Rural Cayetano

Centro Poblado Rural Paso Cementerio

Caserío Cerro Chato

Caserío Toro Negro

Paraje Casa Muguerza

Desaparecido: Pueblo Ferrón

 

 

Cayetano-Paso Cementerio
 
     
     
 


     

Centro Poblado Rural

Cayetano

 

Centro Poblado Rural Cayetano

 

     Se encuentra situado en la zona noreste del departamento, próximo a las costas del arroyo Mataojito y al sur del río Arapey Grande. Se accede a la altura del kilómetro 109 de la ruta 31, de la que dista 18 kilómetros.

     Según el censo de 2011 la localidad contaba con una población de 39 habitantes.

 

Ampliación de la policlínica en construcción

 

     En noviembre de 2013, se inauguraron en Pueblo Cayetano, obras de ampliación en la policlínica. La intendencia aportó mano de obra y todos los materiales para los trabajos en el edificio que alberga los servicios de atención médica y social, dando rápida solución a la solicitud de mejoras planteada por vecinos.

 

Salón comunal

 

     Se construyó nuevo consultorio para instalar un sillón odontológico, donado por productores de la zona, lo que significó una importante mejora en la atención a los pobladores.

     Otras acciones de la comuna incluyeron: incremento de luminarias en el alumbrado público (17 focos más), reparación de caminería rural en la zona, instalación de cancha de fútbol iluminada y adecuación de espacios públicos.

 

Policlínica

 

     En el marco de los festejos que estos logros motivaron se realizaron una serie de actividades sociales para compartir en familia durante toda la jornada. En la oportunidad, el intendente y Juan Carlos Cayetano -vecino de la zona-, firmaron un compromiso concretando la donación del predio en el que se construyó la policlínica, que beneficia no solo a vecinos de Cayetano, sino a la zona este del departamento.

     Existe un almacén, “El Tronco” de Juan Carlos Cayetano, donde está instalada la cabina telefónica y un pequeño quiosco; hay una policlínica a la que asiste el médico cada 15 días y la línea de ómnibus de la empresa “San Cono” llega al pueblo los días lunes, miércoles y viernes, mientras que la empresa “Trans 19”, lleva a los jóvenes que concurren al liceo de Valentín, regresándolos el día viernes.

 

Comercio

 

     Entre sus pobladores, los hay con nivel educativo variado, 16 personas con educación primaria completa, 8 que no la han terminado, 1 con secundaria incompleta, 3 con estudios universitarios y un egresado de la universidad, habiendo en la actualidad, seis jóvenes cursando secundaria.

 

Escuela N° 62

 

Escuela N° 62

 

      La escuela se inició el 21 de junio de 1935, con 80 alumnos. En 1950 se inauguró un nuevo el local, en ese tiempo, estuvo a cargo de Eduardo Fernández y Gregorio Bautista. Hacia la década de 1970, concurrían más de 40 alumnos, en dos turnos y en 1975 se dictaron clases para adultos en horario extra-escolar

     En el año 2004 se construyó un núcleo de 22 viviendas por plan MEVIR, un nuevo local escolar, la casa para la maestra y los pupilos, además de un salón comunitario.  Como parte de las mejoras de MEVIR, se instaló la luz eléctrica en la mayoría de los hogares.

     En 2009, se amplió la escuela, construyéndose nuevos baños, aula, salón comedor, cocina, comodidades para la dirección, depósito de herramientas y placita de juegos para los niños. Se construyó el pozo, del que mediante bomba, se extrae el agua que la escuela comparte con el pueblo. Desde el año 2010, se cultiva la huerta y el jardín, como una más de las actividades curriculares.

     La mayoría de los pobladores varones, trabajan en las estancias de los alrededores, mientras las madres llevan adelante sus hogares en ausencia de ellos, los que por lo general concurren sólo durante sus licencias. La maestra a cargo es Iris del Luján Viera, efectiva desde febrero de 2009, asistida por la funcionaria no docente, Ana María Santana Custodio.

 

     




     

Centro Poblado Rural

Paso Cementerio

 

Centro Poblado Rural Paso Cementerio

 

     Se encuentra en la llamada zona de Sopas (por el arroyo que la atraviesa) y comprende Los Orientales, Corral de Piedras, Paso Cementerio y Casa Muguerza.

     De bien dispuestas casas alrededor de una plaza y orgulloso de su edificación nueva, el centro poblado Paso Cementerio cuenta con 120 habitantes, 27 viviendas de MEVIR y seis casas.

     Paso Cementerio no pertenece a ninguna alcaldía. Tiene comisaría y juzgado. No tiene agua de OSE sino de pozo que depende de una comisión a la que los vecinos aportan una cuota para mantenimiento de la bomba. Tiene servicio de UTE y está por concretarse el de ANTEL en el edificio del comercio “Casa La Fé”, de Heber Dardo Erramuspe.

     En su anterior trazado la ruta 31 pasaba por Pueblo Rubio.

     La población de paso Cementerio ha declinado. Para ejemplificar se puede recordar que la escuela N° 44, fundada en 1927, recibía en la década del 60 alrededor de treinta alumnos por año. Fueron sus maestras Dina Sluchik, Teresa Buzo y Gloria Giambiaggi. En 2014 concurrieron 16 alumnos y fue su maestra Mariela Rojas.

     Las viviendas fueron inauguradas en 1999 en un terreno de 5 hectáreas donado por Dardo Antonio Erramuspe, padre de Heber Dardo, actual propietario del comercio “Casa La Fé. En ese momento se desarmó la capilla y se construyó otra, inaugurada en 2014. El cementerio, que dio origen al nombre, se presenta abandonado, conservándose solo una arcada de hierro y tres panteones. La gente prefiere enterrar sus muertos en Salto.

     El comercio más importante es el de Heber Dardo Erramuspe, que fuera inicialmente de Mario Rubio y después de Gabriel Artía.

 

Heber Dardo Erramuspe

 

El nombre

     Como curiosidad Paso Cementerio es el centro poblado que tuvo mayores variaciones en su nombre. Debe recordarse que, a unos dos kilómetros de su actual ubicación y con rumbo oeste existió Pueblo Andrade, conformado por doce casas de chapas y madera de monte. La inundación de 1959 lo hizo desaparecer y sus habitantes se agruparon en la actual ubicación pero reconociéndose como Pueblo Mario Rubio. La presencia de unos pobladores brasileños hizo que por unos meses buscara imponerse el nombre “Povo Borboleta” (Pueblo Mariposa). Esta iniciativa no tuvo éxito y la gente de la zona empezó a nombrarlo por la referencia geográfica “Paso Cementerio”. Una consulta realizada a los pobladores en el año 2000, afirmó este nombre.

     Mario Rubio, montevideano de origen, se instaló en Puntas de Sopas, Arerunguá, en 1923 como miembro de la firma Joaquín Rovira y Cía. En 1926, quedó con la propiedad de la firma, poniendo una sucursal en Pueblo Andrade a unos 20 kms. de la casa matriz. El comercio, gira en el rubro de ramos generales y también se dedica a la ganadería, en especial a la raza Hereford y ovinos de cruza fina.

(Voz de la Tierra y el Hombre, Salto 1962)

 

Colonia Andrade

     El pueblo estaba dado por la concentración de grandes rancheríos, muy pobre y con una elevada desocupación. Contaba con la escuela Nº44, destacamento policial y comercio. Sobre un total de 40 viviendas, de las cuales 38, estaban en mal estado. Con una población aproximada a los 220 habitantes, los que no contaban con agua potable.

     Paso Cementerio es una localidad uruguaya del departamento de Salto situada en la zona centro-oeste del departamento, próximo a las costas del arroyo Sopas 3kms. al norte de la ruta 31, con acceso en el kilómetro ciento veintiséis y medio. Pertenece a la 6ta sección judicial.

     Según el censo de 2011 la localidad contaba con una población de 88 habitantes.

     Dentro del perfil de población tenemos productores y asalariados rurales así como aquellos que combinan la producción en pequeños predios con changas en actividades zafrales de la zona.

          Un importante logro: la luz en la zona

     Hace poco tiempo los vecinos de la zona ven concretarse un logro largamente esperado, la llegada de la luz eléctrica. Todo ello conquistado gracias a los aportes de los vecinos y productores -mayoritariamente de mediana escala-; los que han transitado con apoyo de DIPRODE, UTE (quien aporta los materiales), MEVIR (que aporta materiales complementarios, asistencia técnica para la organización de los beneficiarios e instalaciones internas de sus viviendas) y la Intendencia de Salto.

     Concretándose así una obra en la que se conjugan los esfuerzos de las políticas públicas, la coordinación interinstitucional y la organización de los propios vecinos preocupados por mejorar su calidad de vida en el medio rural. Posibilitando el acceso a un servicio fundamental como es la energía eléctrica, favoreciendo el asentamiento de las familias en el campo.

 

Otros tiempos en Paso Cementerio

Por Edén Ferreira

 

Edén Ferreira

 

     En el año 1949 mi padre compró una máquina de esquilar y el que la atendía era un hermano mío que era mecánico en Salto, por lo que sacaba licencia por dos meses para atender la esquila.

     Yo era alumno de mi hermano, me gustaba mucho la mecánica hasta que tuve que quedar con mi padre porque a mi hermano no le dieron más licencia. O sea que yo con 12 años ya atendía una máquina de esquila. Se pasaba mucho trabajo, los traslados se hacían en carros de cuatro ruedas tirados por 8 burros y los esquiladores y demás iban a caballo. Se dormía en los cueros o “pellejos” del recado y se comía la llamada “comida de olla”.

     En el año 1954, perdí un hermano, no pudieron llevarlo a Salto por falta de conducción. Llegó de la casa de la novia con un fuerte dolor en el costado a la altura del hígado; mi mamá le preparó un té de yuyos, con lo que pareció mejorar. Pero el 25 de junio de ese año mi papá tenía que hacer un acarreo de arena para un vecino, por lo que debió salir en la madrugada, oportunidad en que le preguntó a mi hermano cómo estaba a lo que éste le respondió que se sentía bien y que se iba a levantar más tarde.

     Otro hermano y yo, nos fuimos a la escuela (en ese entonces era habitual que con 15 o 16 años aún se estuviera en primaria), pero antes mi hermano enfermo me pidió que dejara su caballo agarrado porque pensaba salir a dar una vuelta.

     Mientras estaba en clase, llega otro chiquilín mandado por mi mamá, a pedirnos que fuéramos para la casa, que mi hermano Tito se había agravado. Enseguida, mandó mi madre que fuera a la comisaría a pedir una ambulancia. Era un avión que trasladaba enfermos graves; pero las comunicaciones se establecían por teléfono policial y eran sumamente lentas y el avión ambulancia demoró mucho en llegar. Mi hermano falleció en nuestra casa, sin haber podido recibir atención médica.

     Los velatorios en ese entonces se hacían en la propia casa; en la sala donde estaba el difunto no se dejaba ningún cuadro en la pared, y en la puerta de entrada se ponían unas cintas negras formando una cruz, la que se mantenía por treinta días.

     Mi padre no se afeitó ni se cortó el pelo por tres meses y usó camisa negra por un año; igualmente mi madre vistió todo de negro durante el mismo tiempo; a la radio de la casa se la envolvió en una sábana y se la guardó en el ropero por mucho tiempo. La novia de mi hermano no pudo superar el dolor y a los tres años se suicidó con un disparo, dejando una carta, donde pedía que la enterraran junto a él.

     Acto que fue cumplido por sus familiares.

 

Oficios de otros tiempos

     En esta zona había un señor llamado Faustino Albornoz, artesano en lata o chapa, hojalatero. Hacía fogones de leña, calderas, tachos para lavar ropa, tablillas para destetar los terneros de sus madres entre otras cosas. Los estancieros lo contrataban por mes para que hiciera este tipo de trabajos dentro de la estancia.

     Allá por la década de los sesenta, recuerdo a Álvaro de Mello quien se dedicaba a hacer colchones de lana, a quien se conocía como el colchonero de Mello; que también se establecía en las estancias periódicamente para hacer su trabajo, quien para su traslado utilizaba un sulky tirado por un caballo.

     Para el transporte había un ómnibus viejo que salía a la madrugada y llegaba a Salto en horas de la noche y un camioncito que cargaba el surtido para los almacenes de la zona y algún pasajero una o dos veces por semana.

     No había camiones para transportar el ganado, las haciendas eran tropeadas por peones que las conducían a través de campos y caminos, a los que se conocía como troperos.

     Las estaciones de ferrocarril más cercanas eran las de San Antonio en el departamento de Salto, o la de Tambores en el límite entre Paysandú y Tacuarembó.

     Luego de la esquila, la lana era transportada en carros tirados por burros o caballos, cargaban hasta diez bolsas, unos 1500 kgs. los que para recorrer unos 140 kms. demoraban alrededor de seis días, tarea ardua que hacía al oficio del carrero. Finalmente la lana era depositada en los galpones de la “Barraca Amorim”. Al regreso el carro venía cargado con mercaderías varias para los comercios de la zona.

 

Más historias sobre Paso Cementerio

     El pueblo primeramente se llamaba “Pueblo Andrade” y distaba unos dos kilómetros hacia el oeste de su actual emplazamiento. Luego la gente se comenzó a trasladar hasta su actual ubicación y allí pasó a llamarse “Mario Rubio”, porque -según dicen- así se llamaba el comerciante de la zona, para posteriormente adquirir la denominación actual.

     Paso Cementerio: la gente se preguntará por qué. Digamos que al norte del pueblo aproximadamente a un kilómetro pasa el arroyo Sopas y a unos cuatro kilómetros hacia el este sobre el camino vecinal que conduce a Cerro Chato, donde hay un paso con un puente, a menos de cien metros hay un cementerio; y es de ahí de donde el pueblo toma su nombre.

     El cementerio está abandonado, hace ya varios años que no se realizan entierros allí y casi no quedan en la zona familiares de los que ahí están enterrados.

     



     

La Escuela 

Por Milene Ferreira

     Recuerdo que en el año 1974, cuando comencé a concurrir a ella, mi padre me llevó a caballo y con apenas seis años y sin conocer a nadie me dejó solo y se marchó hacia la estancia en donde trabajaba. Yo quedé llorando, pero no podía hacer nada.

     Así continué durante dos años haciendo 14 kms. por día de ida y vuelta, montado sobre un caballo. Como yo, muchos niños hacían lo propio, algunos desde mayores distancias aún.

     La escuelita está ubicada en el mismo edificio que se conserva hasta hoy; pero en ese entonces tenía el piso de tablas y en determinada parte del salón éstas faltaban, por allí, dada la profundidad del hueco que quedaba se nos perdían lápices y gomas y en alguna oportunidad llegamos a ver a alguna viborita traviesa, esconderse por ahí.

     En la escuela, se organizaban bailes, donde los integrantes de la comisión se encargaban de hacer la cena que se ofrecía gratuitamente a todos los concurrentes, la que por lo general consistía en asado, ensalada y postre, generalmente un dulce casero.

     Los más jóvenes nos encargábamos de armar el escenario, una especie de piso de madera que colocábamos sobre casilleros, lo que permitía que la orquesta pudiera sobresalir de los bailarines.

     Los bailes comenzaban sobre las 21 hrs. y podían durar hasta las 8 de la mañana del día siguiente. Hubo una orquesta que hizo furor en los ’80, llamada “Los del Campo” integrada por los hermanos Israel y Miguel Echenique y Pedro Da Costa, quienes ejecutaban acordeón a piano, batería y pandereta. Anteriormente había habido un dúo integrado por Israel Echenique e Isabelino Mirazón que tocaban acordeón y bandoneón. Todos estos músicos provenientes de Cerro Chato y de la zona de Mataojo.

     Un baile con estas orquestas, era éxito asegurado.

     En Paso Cementerio había un músico, don Manuel Oribe Rodríguez más conocido como “El Rata Rodríguez” que tocaba el bandoneón y animaba bailes, cumpleaños de quince, etc.

     Muchas veces lo vi salir en su caballo zaino cola larga, bien cuidado, con su bandoneón a cuestas. A veces salía con dos o tres días de anticipación, dependiendo de la distancia de los lugares a los que debía llegar.

     Paso del Cementerio era como todos los pueblitos chicos del interior, no tenía servicio de agua potable ni luz eléctrica, mucho menos teléfonos.

     Allá por el año 1975 comenzó a concurrir, por medio de SAYSS, y cada quince días, el Dr. Hugo Bisio, fallecido hace ya algunos años, a causa de una cruel enfermedad. Antes de eso, para acceder a una consulta médica, sólo concurriendo a la ciudad, por lo demás sólo con remedios caseros.

     Había una señora que para 1976 ya era muy mayor, tal vez cerca de los 70 años, doña Máxima Da Costa Pedrozo, era la “partera” de la zona. En esa época mi madre estaba embarazada y trabajaban en una estancia llamada “La Lira” a 7kms. del pueblo; yo tenía siete años y mi mamá un día se sintió mal y me mandaron a llamar a doña Máxima.

     Recuerdo que ella ensilló un caballo y lo que no puedo olvidar es que lo montó y quedó sentada como andaban antes las damas, en el camino galopábamos y para mi sorpresa –ya que nunca había visto tal habilidad- ella con gran serenidad hacía galas de su destreza. Esta señora ayudó muchos niños a venir al mundo y cuando tenían alguna “nana” ella los vencía, les daba algún té y santo remedio.

     No había agua corriente y teníamos que acarrear el agua en bidones desde un molino que había frente a la escuela. A las jovencitas de entonces nos daba la oportunidad de reunirnos a charlar un rato y ponernos al día.

     Tampoco había luz eléctrica, usábamos lamparitas que funcionaban con una mecha y kerosene y lo más “chic” era tener una lámpara “Aladín” o un farol de gas.

     La leña para los fogones o cocinas económicas la traíamos desde el monte en una bolsa o un atado, que cargábamos sobre la cabeza o los hombros.

     También íbamos a lavar la ropa al arroyo y podíamos pasar el día allí.

     Ya en el año 1995, surge el proyecto MEVIR, lo que realmente nos cambió la vida. Tuvimos un trabajo inmenso y sufrimos la inclemencias del tiempo, pero fue mucho lo que aprendimos y grande la satisfacción de poder tener un dormitorio para cada uno, y todos los elementos de confort que posibilitó la luz eléctrica y el agua corriente, que llegaron con las viviendas de MEVIR. Fue un cambio radical, antes comer una fruta de estación sólo era posible cuando viajábamos a Salto, lo mismo el disfrute de comer una galleta blanda, sólo cuando “el patrón” traía el surtido del mes.

 

Paso Cementerio

Por Mariela Rojas

     El pueblo en sus comienzos se llamaba Mariposa, “Borboleta”. Luego pasó a llamarse “Mario Rubio”, por el señor que compró el campo. Tenía alrededor de veinte casitas de diferentes materiales: barro, paja, terrón, etc. Las únicas construcciones de material, eran la pulpería y la escuela.

     El agua para beber era extraída de una cachimba ubicada en el cerro del lado norte del local escolar, la que aún hoy existe; para alumbrar se usaban candiles de grasa.

     La leña era traída del monte y utilizaban estiércol de vaca para prender el fuego y de esa manera mantenerlo por más tiempo, ahorrando en el consumo de leña. Las ropas eran llevadas al arroyo por las mujeres para lavarlas.

     Con fines de recreación se organizaban bailes y bailantas en casas de familia, los que comenzaban a la tardecita y se prolongaban hasta el amanecer. Eran bailes de claro corte familiar.

 

 

     La música era en vivo, la flauta era tocada por un señor al que llamaban Tirirí Oribe Rodríguez; con el acordeón, se destacaban el señor Dardo Erramouspe y el señor Napoleón Fontoura, quien se trasladaba desde Cerro Chato.

     En un principio la locomoción se reducía al  caballo o el carro; más tarde hubo un servicio de ómnibus que tardaba días en llegar a la ciudad de Salto, por el impedimento que significaban los arroyos y ríos crecidos y el mal estado de los caminos.

     En esos tiempos no había teléfono ni luz eléctrica y la asistencia médica era muy escasa. Los enfermos debían ser trasladados a la ciudad o en casos de gravedad, ser atendidos por personas de la zona, como la partera que vivía en Paso Potrero y atendía a las señoras del lugar.

     Pasaron los años y las condiciones de vida fueron cambiando. Muchos se fueron a la ciudad en busca de mejores comodidades, otros continuaron en sus pequeñas propiedades esperando una mejor forma de vida y adelantos para su pueblo.

     Tiempo después, compró el campo el señor Artía y le cambió el nombre por “Paso Cementerio” ya que a la entrada del pueblo existe un panteón que guarda los restos de los antiguos pobladores de la zona. Al fondo, en los cerros hay otros dos cementerios y el más antiguo que data de la época de la revolución está junto al Paso Cementerio en el arroyo Sopas.

     Con el tiempo y por iniciativa de los vecinos, se desarrollan planes de MEVIR a raíz de lo que se consigue la luz eléctrica y el agua potable entre otras mejoras. Si bien el destacamento policial ya existía con anterioridad, cambió el área en que tenía jurisdicción. Actualmente el pueblo cuenta con juzgado, policlínica, ANTEL, comercio de ramos generales y salón comunal en el conjunto de MEVIR.

 

Zanja Grande

Por Milene Ferreira

     Yendo para el oeste, a unos 1500 mts. hay una cañada o zanja que cuando está en su nivel normal es como una piscina natural a donde acuden grandes y chicos a darse un chapuzón, la que sobre la calzada no pasa la altura del tobillo. Antes de construirse la calzada era todo piedra y aunque parezca inofensiva se ha llevado la vida de varias personas, o dado un buen susto a otras tantas.

     Cuentan los vecinos que hace muchos años -más de cincuenta- iba pasando un camión con una máquina de esquila un día de intensa lluvia y justo se apaga en medio de la zanja, la que por enchorrada comenzó a crecer rápidamente. Fue tanta la fuerza del agua que el vehículo volcó y la gente salió despedida. Algunos se agarraron a la maroma, otros se treparon a los árboles, buscando desesperadamente salvar sus vidas. Dicen que uno de ellos se iba aguas abajo y quiso Dios o el destino que enganchara su pie en la horqueta de un árbol, lo que le salvó la vida. Pero dos personas murieron en este incidente.

     En otra oportunidad –hace aproximadamente unos 25 años- en una semana de turismo, comenzó a llover y había gente acampando en el paso; temiendo quedar aislados se apresuraron a llegar hasta el pueblo. Eran dos hermanos que vivían en Montevideo; Alfredo Erramouspe -dueño de la camioneta-, su hermano Eduardo Pereira que vive en Salto, y un muchacho de la zona llamado Pablo Erramouspe. Andaban en una camioneta grande tipo furgón y al pasar la zanja quedaron atascados entre las piedras, llovía pero aún estaba bajo el nivel de las aguas y decidieron ir al pueblo a buscar un tractor para sacar el vehículo. Habrán tardado veinte minutos en regresar y cuando volvieron, sólo se podía ver el techo de la camioneta y en pocos minutos más desapareció de su vista. Sólo los que allí estaban y vieron lo que ocurrió, dan crédito de ello. El agua la arrastró entre piedras y árboles. Varios días después la encontraron entre las ramas del monte hecha chatarra.

     En febrero del 2010 llovía suavemente un día de mucho calor, en el pueblo había corte de luz y como la bomba de agua es eléctrica, también se había quedado sin agua. Es así que un grupo de jóvenes y niños decidieron ir a bañarse a la zanja, unos iban en moto, otros a pie. Cuando estaban disfrutando dentro del agua, comenzaron a oir un ruido desconocido, era la zanja que estaba creciendo. La mayoría lograron salir y sacar a los niños que se encontraban sobre la orilla, pero dos jovencitos, intentando sacar sus motos que estaban sobre la calzada no pudieron con la correntada y el agua los arrastró. Con suerte lograron asirse de unas ramas y con la ayuda de la policía y los vecinos que concurrieron al lugar para dar su ayuda, se salvaron. En medio de esto uno de los vecinos que se había tirado al agua para asistir a los chiquilines no logra llegar a ellos; todos ven como la correntada se lo lleva sin que puedan hacer algo para salvarlo.

     Los chiquilines finalmente logran salir en buenas condiciones y todos comienzan a buscar al vecino que fuera arrastrado, llega la noche sin encontrar rastros de él, recién a los cuatro días lo encuentran ya sin vida a unos 2500 mtrs. del lugar. Es una zanja sumamente peligrosa porque su cauce corre entre cerros y ante cualquier chaparrón, toda esa agua se acumula y desciende con muchísima fuerza arrasando con todo lo que encuentra a su paso.

 

La Rural de Sopas

¡Qué grande la proeza del camino
para llegar a la región de Sopas!
El pluviómetro era el enemigo
con el caer de las primeras gotas.
……………………
Era el amor del campo por el campo…

(José A. Murga, Salto, El hombre y el paisaje, Salto, 1956.)

     



     

Caserío

Cerro Chato

 

Caserío Cerro Chato

 

     Está ubicado en camino vecinal a Pueblo Quintana, que nace en el km 124.5 de la Ruta 31.

     Está conformado por un grupo de quince familias, agrupadas en las cercanías de “casa Bravo”, estimándose en 75 el número de sus habitantes. Funciona una policlínica en el local del comercio, Casa Bravo.

 

Escuela N°47

   

 Escuela N°47

 

   La escuela N°47, unidocente, es atendida por la maestra María Inés Medina y a ella concurren actualmente cinco niños. Fue inaugurada en 1927 a dos kilómetros de su actual ubicación. En 1971 se comienza a construir el local que se inauguró en 1973, en predio donado por Francisco Lucké.

 

María Inés Medina

 

     Hay energía eléctrica de UTE desde el año 2000. Y el agua se obtiene por bomba de pozo.

     



     

Caserío

Toro Negro

 

Caserío Toro Negro

 

     Está ubicado sobre el camino vecinal que une la ruta 31 con Paso Cementerio. La zona cuenta en la actualidad con servicio de luz eléctrica.

         Con una población de aproximadamente 100 habitantes, existe un total de 21 viviendas, 20 de ellas, ranchos en mal estado. El agua se provee desde un manantial, única fuente de abastecimiento. La principal fuente de trabajo está dada por las estancias y entre las instituciones del lugar se encuentra la escuela Nº 18 con una matrícula de 26 alumnos y dos comercios.

    

Toro Negro

Por Elsa Brenda Urruti

     Se caracteriza por ser una zona de pequeños establecimientos rurales de explotación familiar. Hay una escuela que data de finales del siglo XIX a la que actualmente concurren no más de cinco niños. No se cuenta, como era habitual en otros tiempos, con un gran comercio de ramos generales; actualmente lo que existe son ventas de productos de primera necesidad en un comercio informal que se establece desde el propio hogar.

     En lo que refiere a transportes, se cuenta con el servicio de la empresa San Cono, con una frecuencia de tres viajes por semana por la ruta 31.

 

Caserío Toro Negro

 

La matanza del Corral de Sopas

     "El 22 de abril de 1801, una fuerza integrada por 150 hombres al mando de Jorge Pacheco, está preparada para abatir a los “infieles” y espera la llegada del baqueano Eugenio. Partiendo, de la recién fundada Belén, próximo a la medianoche del 29 de abril, son advertidos de la presencia enemiga.

     Ambrosio Bellaco, con cuarenta hombres, inicia la carga para encontrarse con otros setenta y cinco, cobrándose la vida del cacique charrúa apodado Zurdo, hijo del fallecido Ignacio Gondo. Aunque Pacheco destaca la muerte del cacique y la recuperación de uno de sus hombres, el encuentro tuvo un pobre saldo para los atacantes, algunos de ellos, heridos por el indio muerto, quien aparentemente les hizo frente para permitir que su gente ganara el monte y a la mañana del 30 de abril, los expedicionarios regresan a su campamento.

     Para ellos, eran vitales los avances en la noche para conseguir un ataque sorpresivo, lo que de acuerdo a los partes, se vio favorecido por el viento predominante, que impidió que fueran oídos por los indígenas que campaban en el Corral de Sopas.

     Desde antes del amanecer del 1º de mayo y habiendo salido a las seis de la tarde del día anterior del Potrero de Arerunguá, se encuentran en posición de ataque. Sorprendiendo a los “infieles”, que a pesar de ello, fueron capaces de contener a las fuerzas de Pacheco, permitiendo que mujeres y niños se refugiaran en el monte y un gran número de ellos lograra escapar. Esto, se evidencia por la relativamente baja cantidad de cautivos en relación al número de muertos.

     Cabe destacar que la pérdida de mujeres y niños significó un daño irreparable para las naciones indígenas."

(Diego Bracco, Con las armas en la mano: charrúas, guenoas-minuanos y guaraníes. Montevideo, Editorial Planeta, 2013.)

     



     

Paraje

Casa Muguerza

 

Casa Muguerza

 

     Se encuentra a 11 km de la Ruta Nº 31 a la altura del km 110. Existe allí un antiguo comercio, establecido por Don Sebastián Muguerza en el año 1858 y, a pocos metros, la Escuela Nº 75, actualmente a cargo de su Directora Mtra. Andrea Rodríguez.

     En los alrededores varias estancias, con una población total aproximada a las 100 personas. La comunicación con la ciudad de Salto es a través de la empresa de ómnibus San Cono, que llega tres veces a la semana. El comercio es atendido en el presente por Alberto Samit, a quien corresponden los datos anteriores.

 

Escuela Nº 75

 

Crónicas

de Toto Campos

 

Toto Campos

     (…) También salíamos muy temprano (desde Salto) por la mañana, a eso de las 3. Íbamos a velocidad muy moderada y apurábamos cuando el camino y la luz lo permitían. Generalmente salíamos por la Ruta 31 que es la diagonal del Departamento y por Itapebí a Arapey donde empezábamos a encontrar tropas en el camino. Allí, nos deteníamos y mi padrino conversaba con los troperos que en su gran mayoría eran conocidos, compañeros de trabajo, gente que él ya había contratado otras veces. (…)

     Al atardecer, después de recorrer más de cien kilómetros que hoy se hacen en una hora o menos, llegábamos a la fonda de Doña Asunción Calfani, próxima a Casa Muguerza y del arroyo Sopas. Asunción era una señora gorda, muy bonachona y de amplia sonrisa; tenía unos cuantos hijos, con los que pasado el tiempo al encontrarnos, recordábamos con alegría aquellos días. (…)

     Luego de esta estadía en la fonda, seguimos nuestro camino, recorriendo toda la campaña, lo que muchas veces nos llevaba alrededor de dos meses, llegando hasta Cuchilla Negra, Cuchilla Sant’Ana y Masoller. Comprando y preparando tropas.(…)

     (Neri Campos Pierri, Crónicas del medio sigloEdiciones “Taller Literario Horacio Quiroga”, Salto, 2011.)

     



     

Hoy pueblo desaparecido

Ferrón

Por Isidoro Mezzetti

 

     Antiguamente en la Zona de Puntas de Sopas existía Pueblo Ferrón. El pueblo y el apellido originario del lugar, han desaparecido.

     En realidad el pueblo era Da Silva Ferrao, el que desapareció hace aproximadamente entre 50 y 60 años, habiendo tenido su comienzo hacia principios del siglo XX.

     No había más de quince casas y todos eran de la misma familia, ya que incluso se formaban las nuevas familias entre primos.

     Su origen está en que había varios hermanos Da Silva Ferrao -portugueses de origen-, que se asentaron en la zona; varios de ellos como estancieros y uno se estableció con casa de comercio en la zona de Corral de Piedras, de donde posteriormente derivó el pueblo conocido como Ferrón.

     El pueblo existió entre 1905 y 1955. Hacia 1950 quedaban solamente cinco casas y para 1955 sólo era una.

 

     En un principio no había otro medio de transporte que las carretas o carros de cuatro ruedas tirados por mulas; avanzados los años se pudo contar con un camioncito para sacar la riqueza de la zona que es esencialmente ganadera, donde se destaca la producción de carne, lanas y cueros. Como animal de tiro para carros y carretas no se usaban caballos, sino mulas las que iban generalmente en grupos de cuatro.

     No había escuela, los niños del lugar iban a una que estaba varios kilómetros al norte del pueblito; a la que concurrían a pie o a caballo.

     Recuerda que Emilia Lima fue la primera maestra, la que estuvo radicada en el lugar hasta el año 1940 aproximadamente, quien luego pasó a la escuela de Valentín.

     En la zona de la escuela también había una agencia de correos y un comercio propiedad del Sr. Nelson Fleitas el que después pasaría al Sr. Amelio González y posteriormente a Suárez cuando se incorporaría el local de remates, ubicado a un kilómetro de La Bolsa aproximadamente, donde existían solamente tres casas. El local de remates estaba ubicado precisamente sobre la Cuchilla los Orientales.

     Para la atención de la salud, sólo se contaba con la asistencia de alguna curandera que se valía del poder de los yuyos.

     




     
       
 

 

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