El Telegrafo

 

Mario Mele nació en Paysandú en 1954. Integra desde hace siete años el Taller Literario de Paysandú. Ha cultivado la poesía intensamente; ha publicado sus trabajos en libros colectivos como “Taller Literario de Paysandú” (Ed. Los talleres 1994), “La chimenea roja (1995) “La esquina de los ojos cerrados “del libro “A las 7 p.m.” (1997) y su individual “Los ojos del cuarto”, publicado por la Dirección Municipal de Cultura de la Intendencia Municipal de Paysandú en 1998.Recientemente ha editado el libro de poemas titulado “La camena” (musa), en el que plantea un viaje hacia el interior de un mismo, donde amalgama el amor en las aristas del sueño y la realidad. En la contratapa, Garet escribió:”La musa, no es otra que la de carne y hueso…”La camena” es un vitral del presente, pero a la vez reúne la poesía de Mario Mele, en forma antológica”. Leer a Mele, releerlo, es reconocer una visión del mundo, un habitual tesoro de la memoria. Releer aún cuando jamás lo haya leído, - no olvidemos que la primer aparte de este libro es una recopilación antológica de poemas – por el largo alcance de su influencia, porque su modo de decir y callar se injertaron en “La camena” Leer a Mele es permanecer en el esplendor de su poesía nocturna, unida tanto a la fascinación del misterio como a la amenaza de lo extraño, mediante un lenguaje que alude más allá, al reino del relámpago, de lo innominado. Acaso, lo más extraordinario de este libro, es que la poética pacientemente labrada en el tiempo, relata su posible ocaso. “Como cuando era niño / siempre querido dormir de tu lado/ solo con cerrar los ojos/ como mis muertos” (El deseo). Todo el sistema poético de Mele se vuelve negativo. Su red de metáforas, su sintaxis, su ritmo, la letanía en versos oceánicos adquieren una vocación sin duda, de epitafio, de repentino vacío. Quizá en eso resida lo más fascinante del texto: su lucha por nombrar. ¿Quién es esa que entra “de negro”, aludida en “el perfume”, “la boca” y tantos otros…? En su poesía prevalece el sistema metafórico por el cual todas las referencia materiales, el espacio y tiempo vividos, se transfiguran como señales de un “mundo otro”; cuyo fundamento es la sensualidad y sexualidad. No hay objeto, no hay hecho, no hay sensación- por pasajeros que sean- que no puedan representar el otro lado, al ámbito de la unidad y la belleza sin mácula del tiempo. Las imágenes poseen un alto poder evocativo, como si constantemente refirieran la sensación vivida, a un tiempo irreal que dan los sueños. En esa alquimia del verbo – con los dones de la magia y el conjuro- la palabra no es de este mundo, se vuelve sagrada. De hecho el lenguaje es el agente de la transformación, el verdadero alquimista. Para ser comunicable, esta poética debe contar con la creencia del lector; en cuanto se suspende, el texto se vuelve mera retórica. Acaso por la convicción que transmite y por la sabiduría de su arte, este libro sortea ese riesgo, lo supera, al incluir esa especie de duda en el seno mismo de su texto: Son numerosas las preguntas deslizadas en los poemas. De alguna manera funcionan como un conjuro. No sólo frente al destino de la desdicha, sino también frente ala elocuencia vacía. Estos poemas son verdaderos. Se lo comprende por ejemplo, al descubrir una de las más bellas elegías de amor que pueden escribirse, en una época donde la verdad de una elegía amorosa está en entredicho, por el cinismo y la burla. Sólo poetas como Mele se permiten la queja, el éxtasis verbal de una exclamación dolida.

 

Publicación de diario El Telégrafo, Paysandú 21 de noviembre de 1999.

La camena de Mario Mele. 58 páginas. Ediciones Aldebarán 1999, Montevideo.

       
 

 

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