El primer relato de Jameos del aire, del último libro publicado por Leonardo Garet, es como el inicio de un viaje simbólico que el escribiente realiza por los Jameos del agua, desde el cual se manifiesta su propia historia real o ficticia. Ella se conecta con imágenes llenas de color, con mitos, leyendas e invenciones donde no faltan referencias, muchas veces veladas, a temas tanto de las artes plásticas como de la literatura universal.
Por ejemplo Brujas (pág. 66), una narración aparentemente sencilla, nos proyecta hacia otros mundos de la memoria y de la cultura.
Esas brujas encapuchadas y de negro, montando en escobas cuyo vuelo próximo a unos trenes, que ellas ignoran, no puede menos que evocar, en medio de una luz gris, a los personajes siniestros también voladores de los Caprichos de Francisco Goya y Lucientes (1746-1828) aunque con menos dramatismo.
El tema evoluciona imperceptiblemente de los trenes de la vida cotidiana hacia otro universo imaginario y, con sólo unos trazos, nos coloca en el drama de las guerras de todos los tiempos: muertos en las calles, el muro de las ejecuciones (Los fusilamientos del 3 de marzo – 1814), el olor a quemado de los cuerpos.
Finalmente, el mismo relato se desplaza hacia los primeros avisos de la aparición de la peste, evocando quizás la gran obra de Albert Camus (La peste, 1947). Y se vuelve circular al retornar a las brujas.
Es interesante en este libro cómo el autor introduce lo imaginario y maravilloso en el mundo cotidiano y previsible, dando como resultado un efecto no esperado.
Tal el caso de Pompeya (pág. 54).
Mientras recorre la ciudad –quieta, con reflejos de un sol que entorpece la vista- para visitar a un amigo a cuya casa llegará finalmente sin que sepamos si alguien lo recibirá, el hablante es testigo de una visión fantástica, ensoñada
y pintoresca de seres que, en torno a una mesa circular, y como en una danza, manipulan objetos de la vida cotidiana, cucharones, platos, ollas. Esta escena permite una asociación con varias pinturas y collages del artista uruguayo José Gurvich (1927-1974) con temas de la vida campesina: por ejemplo, La creación en collage (1967), Carta al hombre (1967), La creación (1968). Asimismo se podría hacer otra asociación con varias obras de asuntos festivos de labriegos del holandés Pieter Bruegel El viejo (1525-1569).
La narración concluye con una frase que corta abruptamente el clima, así como el despertar corta un sueño que parecía verosímil.
Cierro la puerta; ¿fiasco, sorpresa, broma?; no lo sabemos; es como un juego, en este caso un juego con las palabras.
Así como los Jameos del agua son el resultado del hundimiento del techo de un tubo volcánico en la isla de Lanzarote, que deja ver interiores llenos de sorpresas, los relatos de esta obra son la explosión de otro interior fantástico, ficcional donde se combinan situaciones diversas que desafían cualquier explicación racional.
También diré que todas las narraciones de Jameos del aire permiten asociaciones culturales que invitan al lector curioso a buscar información sobre los asuntos sugeridos y a preguntarse si tales asociaciones también fueron realizadas por el autor o si son una derivación de un acervo cultural acumulado gracias a las lecturas realizadas a través de los años.