JUAN DE MARSILIO.

TIERNOS Y RECIOS POEMAS DE AMOR


Canta Leo Masliah que “En Montevideo hay poetas, poetas, poetas”. Y dice verdad. Pero no es menos cierto que cada pago del interior tiene también sus poetas. En mayor soledad que sus colegas capitalinos, esa lejanía les de la ventaja de poder abocarse a sus trabajo creativo con una menor distracción de eventos propios del ambiente literario. En Paysandú, lleva adelante su obra Mario Mele (1954). Poeta valioso, para su terruño y para su lengua, que como dijo Pessoa, es la verdadera patria del escritor.


En El bar de las mesas vacías, libro del que además es ilustrador, Mele trabaja el tema del amor y de la nostalgia del amor perdido, aunque por eso mismo más presente: quien hubo amado sabe que continúa amando, y acaso con mayor acendramiento, al recordar.

Es esta una poesía pudorosa, escrito sea esto en el mejor sentido de la palabra pudor: el hablante lírico se muestra, pero sin caer en el exhibicionismo, la sensiblería ni el golpe bajo. Hay en este libro, no por novelería epocal sino por convicción, por lo menos poética, una manera de masculinidad a la vez recia y tierna.

Hay, además, en estos poemas, una absoluta lucidez acerca del tiempo y la finitud, no sólo de cada amor, sino también de cada ser humano y de cada época en su vida. Pero con un empecinamiento parejo a tanta lucidez, hay una terca apuesta al amor y, como ya se ha escrito, a su recuerdo. Que lo diga el poeta:


en una de esas tardes

en las que más se muere

retuve tu nombre

al costado de mi sombra

y lo colgué en la puerta del bar

que tengo en los ojos,

y lo cerré para siempre

con las mesas vacías.

Un aspecto interesante en la obra de Mele, y no sólo en este libro, es el modo en que muestra a los perros, como una especie de eco o espejo de las cavilaciones humanas. Algunos de los mejores textos de este poemario – parejo en su alto nivel – tienen un perro dentro. Como el que sigue:

hoy vi un perro pensativo

en el escalón de la casa

sentado en sus patas traseras,

con los ojos en el suelo

a medio cerrar

los postigos de la siesta

golpearon la tarde

y se escondieron del viento,

pasé de ida solamente

y me llevé sus sueños.

En cuanto al aspecto sonoro de los textos, Mele muestra estar al tanto de una verdad muy a menudo desatendida: el poeta que escribe en verso libre debe cuidar la musicalidad de sus textos tanto o más que el que apuesta por el metro fijo y la rima obligada. Sutil, la música de estos poemas se apoya en el ritmo de los acentos y las pausas, las sugerentes repeticiones de grupos consonánticos, las leves asonancias.

En suma: Mario Mele, poeta para leer, aunque no sea de Montevideo.
EL BAR DE LAS MESAS VACÍAS, de Mario Mele. Publicaciones LA CASA DEL RÍO, Salto, 2022 (impreso en Tradinco S. A., Montevideo

       
 

 

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