JUAN DE MARSILIO

Presencia del amor ausente

 

En el gorrión y la perla, Mario Mele pulsa su cuerda más grave y profunda, la

del amor que se resiste a irse, pese a la ausencia de la amada, ausencia que bien

pudiera ser distancia física o temporal, ruptura, olvido e incluso la misma

muerte, pero en la que la ausencia se resuelve en un modo de presencia mucho

mas profundo, indesarraigable. Y esto último, en buena medida, por decisión

del amante, como puede leerse al final del sexto fragmento de, “cuando se

alarga la noche” segunda sección del libro: “yo jamás te daré mi olvido”. Bella

cosa, para empezar, es que el poeta dedique el libro a su madre. En la primera

sección, que da título al libro, el poeta dialoga con un cuadro, La joven de la

perla, de Vermeer. El cuarto poema de la sección dice bien el dolor del tiempo

de amar, siempre hasta cierto punto desaprovechado:

Ver tus labios por el cuadro

enmarcado en negro,

suspirando el nombre

de horas perdidas

de besos que andan

por los muros de la casa,

la luna que cae

con las manos atadas

en una perla de la vida

oscura, fría y blanca,

no supe robarte de la noche

un abrazo más.

Los textos de “el roce de la luna”, sección que cierra el libro, retoman con

mayor desgarro el tema y el tono de la primera, y que todo amor presente nos

recuerda, no sin cierta amargura, los amores perdidos:

Dormir mirando al techo,

que se nos cae con

las miradas que no nos dimos.

Donde cuelgan los sueños

y el último recuerdo

golpeó anoche

a eso de las cuatro,

la penúltima mujer

buscando la taza

del último café.

El gorrión y la perla

       
 

 

Dirección para
contactarse con esta
página:

leogaret2017@gmail.com