
por Leonardo Garet
Es característico de la contextura social de la Edad Media, el proverbio "Voz populi, vox Dei", en cambio con el estudio y la valorización, que el Renacimiento hace de todas las formas de cultura, surge -paradógicarente- un desprecio por el hombre medio en sí, y por el alcance de sus ideas y opiniones.
De ahí que se vea repetidamente, la palabra vulgo, en tono despectivo en los escritores importantes de este período, y no escape a este influjo Cervantes, que lo expresa explícitamente en varios momentos de sus obras, e implícitamente, en su exaltación de personajes cultos, e inteligentes.
E1 licenciado Vidriera es portavoz de este despotismo ilustrado: "No soy tan frágil que me deje ir con la corriente del vulgo, las más veces engañado".
La aristocracia del pensamiento lo ubica a Cervantes en la concepción romántica del artista, "su poeta", no es otro que el simbolizado por Baudelaire en el "Albatros". Recordemos, lo que lapidariamente dice Don Quijote a Sancho: "Donde quiera que está la virtud, en eminente grado es perseguida".
Esta idea persiste, y es en cierta manera Freud primero, y las escuelas de vanguardia después, los que desacralizan al creador, situándolo en su nivel humano. Pero algo de aquello siempre debe quedar en pie, viene a corroborarlo la psicología moderna, pues no será el creador un elegido intocable y sin puntos de contacto con la naturaleza humana, pero es quien lucha con las ataduras que le impone su yo finito, es el Icaro con conciencia y vocación. Al momento supremo de la creación, a la inspiración, la define así un médico psiquiatra: "E1 momento en que toda una labor precedentemente realizada se compendia y completa en brusco escorzo con una presición fulgurante".
Literariamente la relación del genio con la locura es una postura romántica, pero no dicho por supuesto en sentido despectivo. Es una reminiscencia de la inspiración como hálito divino, proveniente de las Musas, que más tarde ya en Goethe, se concibe- como logro del inconsciente. Cervantes proyecta esta concepción en sus personajes geniales que tienen marcado signos de locura, me refiero a Don Quijote y al Licenciado Vidriera. Estos signos de locura no son arbitrarios ni casuales.
Son estos los personajes de Cervantes que a cada paso emiten juicios, se les interroga por su autoridad sobre tal o cual tema, y tienen además confianza y seguridad en cuanto hacen o dicen. Dejemos aquel loco de Sevilla que es irónicamente tratado en 'El Quijote", otros aparecen en sus obras y son todos ellos, los que recuerdan que "El elogio de la locura" de Erasmo, tuvo ya por esos años muy favorable clima.
La variable fundamental entre Don Quijote y el Licenciado, aparte el que uno se considerara Caballero y el otro de vidrio, con las distintas consecuencias que esto les trae aparejado, radica en el modo como llegaron a la situación límite.
El primero, por los libros y por el pecado original de la inteligencia. Cervantes hace entonces el paralelo con el pecado original según la leyenda cristiana. Desde la presentación lo vemos a Tomás debajo de un árbol y en soledad, lo que evoca la ambientación del paraíso terrenal. Luego no declara su origen y manifiesta su ansiedad de conocimientos. Esto se completa cuando, ya con sus alforjas plenas de viajes y estudio, es tentado por una mujer que aparece en Salamanca. Subraya Rodríguez Marín, que el membrillo estuvo consagrado a Venus y que por eso figuraba en la hechicería amatoria, lo que refuerza aún más que éste no es un pasaje casual, sino que responde al plan orgánico de la novela.
Luego de comer el membrillo, ya la fruta del Bien y del Mal, Tomás cambia su anterior entendimiento, se cree, y es en realidad, otra persona, a quien hay que bautizar nuevamente, y nace así el licenciado Vidriera. Hasta aquí la ficción, pero, ¿por qué es pecado la inteligencia?
Porque en el reino de la mediocridad de los valores, el que adquiere un elevado grado de cultura, puede desacomodar el orden establecido por intereses egoístas. No le queda otro camino que montar en Rocinante y salir con "la lanza en ristre, toda corazón".
E1 licenciado Vidriera no propone un ideal de vida superior, como Don Quijote, sólo arremete anárquicamente -contra las injusticias, lo que en sí mismo ya es muy importante.
Una vez que se ve en su total significación la aparentemente brusca locura de Tomás, se puede rastrear en el comienzo de la novela, el proceso de alienación. Azorín, en la glosa del "licenciado Vidriera", que se aparta tanto del texto que llega a tergiversar su sentido, da en este punto una muy buena observación imaginaria; refiriéndose a Tomás cuando niño dice: "este niño lleva en la cara escrito su destino".
El proceso de alienación avanza subterráneamante desde sus primeras respuestas que ya trasuntan una absoluta seguridad en sí mismo, y, desde su alto ejemplo de ética, cuando en frontal choque con quienes le rodean, rechaza un ofrecimiento porque: "eso sería ir contra mi conciencia".
Y la locura, o el total desfasaje, se va dando a la par de la concientización y de la toma de una elevada y limpia posición; y es, además, porque Vidriera no es un sujeto pasivo, sino que su afán de superación lo lleva a enfrentarse con la vida de un modo fáustico, buscando el conocimiento en los libros, los viajes y el amor. Entiéndase bien que en realidad transitó simbólicamente este último camino, no interesa que haya rechazado a la dama de "todo rumbo y manejo", el hecho es que se trató con ella y probó su fruta.
E1 saldo de sus impresiones de viaje, es totalmente desfavorable. E1 narrador se encariña con su personaje, condenado a chocar con el mundo, lo nombra "nuestro Tomás", y lo imagina rodeado de amistades. Pero lo que no hay que olvidar, es la poca capacidad de adaptación de Vidriera, en el momento previo a su total alineación "atendía más a sus libros", que es extensiva a toda la realidad, no sólo referida a la mujer, y que es castigada por el propio Cervantes en la triste vida -que mejor sería la muerte- que le adjudica cuando lo hace rendir, como un bajel cargado de artillería, pero sin velas.