Por Leonardo Garet
El entremés es una pieza breve, jocosa, que se intercala la entre jornada y jornada de una comedia (El vocablo entremés, proviene no del latín intermedium (Diccionario de Autoridades); ni del italiano intermezzo (Diccionario vulgar de la Academia), sino del término latino intromissum, afirma Emilio Cotarelo Mori.
Existió bajo otros rótulos, y su origen está junto al del teatro español, en “El auto del Repelón”, y las “Representaciones hechas en la noche del carnal”, de Juan del Encina. El término entramés se aplicó a comidas; la primera noticia de significado teatral es de 1415 (En el Libro de los consejos (Milá, VI 242).
Algunas frases de Gil Vicente pueden ser consideradas entremeses, al igual que algunos pasos de Lope de Rueda. Lucas Fernández, Diego Sánchez de Badajoz, Sebastián de Orosco, y Juan Timoneda, son los entremesistas más famosos.
Ya en el siglo XVI se los representaba en medio de les auto sacramentales, para aportar al expectáculo la nota divertida. Son muy similares por su estructura e intención, a los momos y sainetes, en boga durante la Edad Media.
Se los consideró como material de relleno, y sin duda muchos se deben haber perdido por esa causa. Cervantes eleva el entremés, al rango de obra literaria.
Se publican en conjunto con sus comedias, en 1615, bajo el titulo “Ocho comedias y ocho entremeses”. Fueran escritos a lo largo de su vida, y pocos especialmente para este volumen.
Cervantes logra en ellos la condensación y el movimiento; la originalidad y la belleza; la sencillez y la profundidad. Hay que repetir un: vez más el inmenso mérito teatral de Cervantes, que se ahoga por su olímpica novela; y la fecundidad de Lepe de Vega.
Se ha dicho que tragedia como ninguna en España, es “La Numancia”; y que obras de entretenimiento en miniatura, como ningunas, son sus entremeses. Reaparece en ellos, su decantado dominio de la palabra, y sus temas más queridos: la realidad engañosa en “La cueva de Salamanca”, por el encantamiento a un marido a punto de descubrir el adulterio de su mujer.
La presunción de la pureza de la sangre, en “El juez de los divorcios”, donde aparecen tres parejas y un ganapán pidiendo, divorcio, y el ganapán es cristiano viejo; y en “La elección de los Alcaldes de Daganzo”, se proclama como mérito mayor el ser cristiano viejo. En “El Retablo” confluyen estos tópicos: la realidad engañosa y la pureza de la sangre. El poder del dinero en “La guarda cuidadosa”, pues entre sus dos pretendientes la joven elige el de dinero. La concepción libre y jovial del amor, en el audaz engaño casi delante de los ojos del marido, en “El viejo celoso”. La falta de amor entre malvivientes en “El rufián viudo”, exaltando el deshonor como virtud. El engaño, el temor a la justicia, y la apariencia (en este caso de los coches y rostros cubiertos), en “El vizcaíno fingido”.
Es el Retablo (En 1608 Cervantes escribe El Retablo, Los Alcaldes de Daganzo, y El juez de los divorcios ), obra en la que se representa una obra, y en el escenario vacio de esta, no sucede nada, sólo el encantamiento de la sugestión, obra con pequeñas observaciones, el milagro de que se revelen las personalidades da los espectadores. Cervantes está en su juego. Realidad no es lo que parece; o mejor, es la suma de todo lo que parece.
Don Quijote es el portaestandarte de la ruptura de la visión única de la realidad; con él se desarrolla el concepto de la relatividad de nuestros sentidos y juicios. No sin dolor, Cervantes escribió al frente de sus “ocho comedias y ocho entremeses”, que las publicaba, porque no se habían podido representar. E1 bien sabía que la agilidad de la acción era en E1 Retablo, el vehículo de un excelente contenido presentado en dos planos: el primero, una representación (o simulacro) que da origen al segundo, el tema de la honra; él bien sabía el valor de sus obras.
Tres escenas o momentos hay en El Retablo, a pesar de que -por tratarse de una obra breve- el autor no los indica: (A las tres partes expresamente marcadas de un drama se les denomina: prótasis (introducción); epítasis (conflicto); catástrofe (desenlace).
A) La preparación de Chirinos y Chanfalla;
B) La representación fantástica; y
C) La fantasía en la realidad.
La preparación.
Dialogan Chirinos y Chanfalla con solemnidad, para resaltar lo burlesco; y luego bromean, en situación cómica colateral, acerca de la estatura de Rabelín. Culminan con una imagen sobre la adulación que iban a emprender: “afilar la lengua en la piedra de la adulación”.
Llegada de las autoridades. E1 ampuloso saludo de Chirinos se basa en un juego de palabras: “Honrados días viva vuestra merced, que así nos honra...”
E1 esquema de algo invisible, que sólo con determinadas condiciones mentales o morales se puede ver, tiene antecedentes orientales, en el traje invisible del rey, y , más cercano a Cervantes, en el Conde Lucanor, y su traje invisible del rey.
Montiel (Chanfalla), que nos recuerda por su nombre a la hechicera Montiela del Coloquio, responde al gobernador:
“Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran viena a ser llamado Retablo de las Maravillas; el cual fabricó y compuso el sabio tontonelo debajo de tales paralelos, rumbos astros y estrellas, con tales puntos caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso, y no sea habido y procreado de sus padres en legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas, jamás vistas ni oídas, de mi retablo”.
Cervantes adapta un esquema tradicional a su circunstancia. Por doquier se veía la preocupación por la pureza de sangre, que fue determinante de estructuras y comportamientos sociales; y la otra condición, de ser hijos de padres legítimos, nos evidencia la constante crítica de Cervantes a los perjuicios. Todo lo prestablecido cae en forma directa o sugerida: como la barba hasta la cintura de Tentonelo; y por enésima vez, comprobamos la importancia de los nombres para Cervantes, porque para que sea completo el ridículo de “vuestras mercedes, señores justicias”, (ironía de Chirinos), los llama: Benito Repollo, Juan Castrado, y Pedro Capacho; y para mostrar
“el engaño a los ojos” (decir de Américo Castro), el sabio se llama Tontonelo.
E1 Gobernador propone el desposorio de Teresa Castrada, para, en ocasión de la fiesta, contemplar el Retablo. Pero una advertencia de Chirinos: “La cosa que hay en contrarío es que si no se nos paga primero nuestro trabajo...”, nos demuestra un ingenio alerta no sólo para divertirse a expensas de los otros, sino, picarescamente, para medrar. Chirinos agrega otra condición: el pueblo no debe entrar a la representación.
Aceptado todo lo propuesto, asegurado el espectáculo, surge el nerviosismo entre los futuros espectadores, que proclaman uno a uno su genealogía. En tanto Chanfalla va en busca del dinero, en una digresión para la expectativa, se trata de los poetas (recordar lo dicho en “E1 licenciado Vidriera”): “hay tantos que quitan el sol, y todos piensan que son famosos”. Al volver Chanfalla,
Chirinos le pregunta “¿Está ya el dinero in corbona?”, agregando una ironía, con reminiscencias de la historia sagrada.
Dos nuevos Personajes, Juana Castrado, con vestido de novia, y Teresa Repolla, se aprontan para la representación advirtiéndose como buenas primas, “no te descuides”, sugiriendo que si no ve, al menos diga que ve.
¿Están todos en el engaño, pero esperan una nueva oportunidad de probar su pureza de sangre?, porque Teresa contesta: “¡Por el siglo de mi madre que me sacase los ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese:”
Único actor en realidad el músico vuelve a recibir el sarcasmo, pero ahora son sus compañeros los que lo defienden: “es muy buen cristiano y hidalgo de solar conocido” Las continuas alusiones al músico pequeño, pueden tener relación, con la poca, o ninguna música necesaria, para las inexistentes figuras. Con el comienzo de una reyerta, señal de nerviosismo, se enmarca la representación.
Con una invocación a Tantonelo, y sin transición, comienza la acción por boca de Chirinos, que oficia de relator.
Desfilan Sansón, un toro, una manada de ratones, el agua del Jordán, leones rapantes y osos colmeneros, y Herodías.
Es notable constatar como, en tan minúsculo espacio, y cuando parecería que los caracteres de los personajes se verían relegados por el vértigo, estos se mantienen o evolucionan.
Tal el caso de Benito Repollo, el primero que “ve” el engaño, y el que lo incorporará a la realidad en la estructura C. Tanto se ha poseído de la transformación de la realidad, que maldice al músico comosi no tocara -“¡Válgate el diablo por músico aduendado, y que hace de menudear, sin cítola y sinson!”, cuando en verdad era la única figura presentada con increíble previsión: “Habíamosle menester como el pan de la boca, para tocar en los espacios que tardaren en salir las figuras del Retablo de las Maravillas
También Pedro Capacho, que luego de decir “así veo yo a Sansón ahora, como el Gran Turco”; y “Yo estoy más seco que un esparto”, al ver el curso de la acción, afirma: “Fresca es el agua del santo río Jordán...”
Y el Gobernador que no se deja llevar por la corriente, pero está a un punto de integrar la farsa: “al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrilla”.
El relato pertenece a Chirino y a Chanfalla, indistintamente, como forma de tornar vívido el embuste, que es tal, que cada personaje quiere ver más, y, como en delirio, añade, inventa, y aun Reacciona contra lo propuesto. Las observaciones se alternan con los diálogos, en una vivísima escena de estocadas profundas.
Un esquema -por la negativa- de la burla que se hace en El Retablo, lo podemos observar en las palabras de Chirinos: “Esa manada de ratones...” El extravío llega a su colmo al indicar B. Repollo a su sobrino, que baile con Herodías, una figura del Retablo.
E1 mismo Benito advierte: “pero si esta es jodía, cómo ve estas maravillas?”, y recibe nuevamente “el engaño a los ojos”: “Todas las reglas tienen su excepción señor Alcalde”.
Se inicia esta estructura can las palabras del Furrier “¿Quién es aquí el señor Gobernador?”
La fantasía superó a sus inventores; la fantasía es el detonador de nuestro yo. Los encantadores encuentran de pronto, que los engañados sienten acogedor y propio el mundo de Tontonelo, e intentan a su vez, imponérselo.
La sorpresa de Furrier no tiene límites, y para convencerlo, el sobrino torna a bailar con Herodías. Se mantiene descreído, con los pies en la tierra; aunque hay que recalcar que al Furrier no se le había dicho quiénes veían las figuras del Retablo, si no, ¿qué hubiera pasado?.
Por de pronto es acusado de confeso y bastardo, y se traba a cuchilladas con todos.
Cierran Chirinos y Chanfalla la burla con una alabanza “cantar el triunfo de esta batalla”. Verdaderamente la han ganado, porque han obligado a caer en el ridículo, por sus propias ñoñeses, a los que vivían pendientes de su mal en tendida honra.
Verdaderamente, una vez más, por obra y gracia de su genio y esta vez en el teatro, Cervantes ha ganado otra batalla.
Valbuena Prat ha dicho: “La burla de todos los intereses creados, de todos los convencionalismos, de todas las hipocresías sociales de una intención, una vida, una perennidad, a esta joya del género entremés”.
Si Cervantes viviera hoy, ¿qué figuras pondría en El Retablo, y qué condiciones para verlo?
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