INTRODUCCIÓN

 

Cuando se habla del auge y la riqueza de España en el siglo XVI y del comienzo de la decadencia en el XVII, se atiende a su poder conquistador, a la situación de sus cortes y a la influencia de su Iglesia.

Lo que permanece inalterable, en lo interno, es la misma intolerancia de que había hecho gala en su conquista de América. No se le puede imputar ni sentido democrático ni comprensión ideológica. Si un moro, un judío, o un pobre, no merecen la muerte es solo porque pueden ser útiles como brazos baratos, y sólo hasta tanto no se les acuse del pecado de pretender ser ellos mismos, y reclamar un alivio a su situación. Es nada más que la repetición de Europa, llena de hogueras alimentadas por acusados de herejía y convencida como el Marqués de Santillana que

Los ricos mucho bien facen//e aquellos que mucho tienen //a muchos pobres sostienen// dan e prestan e complacen.

La literatura hacía alusión a los pobres para recalcar la bondad de los ricos; a los herejes para mostrar la misericordia de la Iglesia, y fue un adelanto que un pobre tuviera nombre propio en 1499, cuando vieron la imprenta Parmeno y Sempronio, claro que con características morales y costumbres propias de criados.

Entonces alguien, la voz de un grupo quizá, sintió que siendo pobre tenía derechos, que no teniendo padres nobles tenía derechos, que no estando de acuerdo con los religiosos seguía siendo hombre y escribió esta oración que es todo un frontispicio no solo de la literatura sino en la historia del pensamiento:

"Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí me llaman Lázaro de Tormes".

La conciencia clara de su audacia le hizo elegir un nombre con resonancia bíblica para el personaje y el anonimato para sí mismo. Lo cierto es que el autor de esas palabras fue el primero en declarar la dignidad del hombre en toda su amplitud; al menos dentro de una obra literaria, y de manera efectiva. Lo anterior sólo son idealizaciones ocasionales, aisladas perplejidades.

Lazarillo de Tormes representa un hito fundamental en la consideración social del hombre, y se lo olvida muchas veces por el deslumbramiento de su planteo literario, o porque no surge su mensaje de una didaccia deliberada. Queda así reducido al ámbito de la historia literaria o a sus aventuras bajo el punto de vista anecdótico.

El Renacimiento se inicia cuando la literatura y las artes intentan recuperar el ideal helénico y el hombre se pasea por prados verdes y castillos engalanados de torneos en páginas y figuras prosternadas ante la irrealidad por sí misma. La religión animaba lo suyo esquematizando los problemas del alma en un manual de catecismo; las órdenes militares de los religiosos formaban un estado dentro del estado; y la Inquisición se disfrazaba con un Oficio adjetivado Santo. El hombre era para ellos hermoso pero no digno. El hombre tenía un alma -salvo los indios primero y los negros después-, que podía ascender a los éxtasis sublimes, pero no era digno. Podía llegar a trabajar, luchar y morir por su honor pero éste le venía de sus padres, del dinero, pocas veces de sus acciones y nunca del simple hecho de ser humano. Estaba lejos, de tan impensable, la "Declaración universal de los derechos del hombre y del ciudadano".

Por Picaresca tenemos que entender, antes que nada, la audacia de romper los moldes sociales y religiosos que se originó a partir de Lazarillo de Tormes. Pero, además, un lenguaje y una libertad en todos los órdenes, inconcebible fuera del desarrollo del género. Como entrada al Renacimiento o al Siglo de Oro español, se nombra a La Celestina y al Lazarillo. Y ambos lo son desde el lenguaje que acompaña la perspectiva elegida para contar. Lazarillo, decididamente, busca revertir desde el habla popular la situación del hombre, dando prioridad a la realidad de la calle sobre la erudita.

La Picaresca engloba creaciones literarias del paréntesis 1554-1668, creaciones que contienen momentos de parentesco pero también, en cuanto categoría de conocimiento, otros que resisten toda clasificación.

Tres mojones fundamentales orientan en la Picaresca: el nacimiento, bañado en la frescura de las aguas del Tormes; las agrias disputas y morales advertencias de Guzmán de Alfarache; y en el último vértice, los destellos del barroco y genial Buscón. No se discute el primero, que corresponde a 1554 pero, es opinable el final de la Picaresca, dado que se abre en delta hacia distintos tipos de novela. Si se indicaron los anteriores vértices, es porque si bien existen novelas picarescas posteriores al Buscón, ninguna logra una voz auténtica y propia. Es signo, por otra parte, casi definitivo de la decadencia de un género, la aparición de la sátira con sus elementos distintivos. Y eso lo realiza El Buscón. Más allá de las novelas tratadas en este "viaje", que culmina en las novelas españolas porque la Picaresca misma es un fenómeno español por excelencia, se puede considerar el último caso con todos los rasgos copiados o adaptados, El Gil Blas de Santillana, del francés Le Sage, que se empezó a editar en 1715 y se terminó en 1735.

Por supuesto que la Picaresca se derrama de los límites y puestos a buscar antecedentes, El Lazarillo no es un hongo aislado sino una síntesis. Fueron conformando al Lazarillo personaje, los graciosos, los antihéroes del teatro clásico; y a sus aventuras, las apicaradas narraciones orientales llegadas a España por vía árabe, como las de Sendebar y Calila y Dimna, de aceptación fervorosa. El Infante Don Juan Manuel y el Arciprestre de Hita se dedicaron a raposos, truhanes, prostitutas, e iniciaron en la literatura española la tendencia al realismo. Trotaconventos, Lozana, Ramplín, son las imágenes bidimensionales que prefiguran el carácter tridimensional de Lazarillo. De la misma manera los cuentos orientales y el Decamerón son las aventuras en una pantalla y prefiguran la profundidad de la novela que se inicia con El Lazarillo pero no continúan las demás novelas picarescas, sino Cervantes con El Quijote y las Novelas Ejemplares.

Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache no recuerda la riqueza de planos de Lazarillo, representa un retroceso en la evolución novelística por el congelamiento de temas y situaciones. Amado Alonso define: "Lo picaresco es, esencialmente una defectuosa visión de la vida, que resulta deformada por la forzada posición de los ojos del espectador". Y agrega: "Lo esencialmente picaresco de una novela, no depende de la condición truhanesca de sus personajes, sino de que la novela nos ofrezca una visión total de la vida propia del pícaro" (Lo picaresco de la picaresca, "Verbum". Revista del centro de estudiantes de Filosofía y Letras" N° 74, Bs. As., 1929). Aceptando las coordenadas de Amado Alonso la Picaresca empieza con El Guzmán y el personaje Lazarillo no es sino un "protopícaro" expresión de Francisco Ayala-porque poco de picaresco tiene su comportamiento en el Tratado 3 frente al Escudero. Si bien el ciego le pone escuela de picaresca, todos las maldades que Lazarillo descubra causarán su sorpresa; a pesar de haber escuchado "la música de la piedra" -al decir de José Bergamín- nunca va con predisposición a encontrar la defectuosa visión de que hablaba Amado Alonso.

Volviendo a Lazarillo de Tormes como átomo desencadenante del género, que lo fue sin duda, a pesar de las precisiones anteriores, su solitaria aparición determina la estructura del estilo autobiográfico que es la existencia misma de la novela picaresca. Cuando Lazarillo confiesa: "no ser menos sancto que mis vecinos, desta monada, que en este grosero estilo escribo, no me pesaría que hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella algún gusto hallaren, y vean que vive un hombre con tantas fortunas y adversidades", impone el deseo de verosimilitud y la necesidad de recreación de una realidad social que son las bases para que se hable de realismo de la Picaresca. Lazarillo contará su vida y la técnica episódica resultante iniciará lo que Irene Simón entiende como estructura épica de la narrativa. En su nacimiento fueron inseparables el estilo autobiográfico y el deseo de verosimilitud, arrojando ya desde entonces confusión al término realismo. Si por tal se entiende la creación de una realidad imitativa de la real, el realismo abarca hasta las más elevadas acciones del espíritu y no solo lo palpable o chocante de la naturaleza humana. Alcanzaría con la existencia de verosimilitud en el planteo. Y así Lazarillo por los mismos motivos es menos "picaresco" y más realista que todos sus seguidores. Dámaso Alonso concluye un razonamiento de esta manera: "En el Lazarillo todo se ha resuelto con claridad y orden. Todo está en la primera novela realista impresa en Europa". (Cuadernos del idioma, Fundación Pedro de Mendoza, Ed. Codex S.A., Año 1, núm. 1, Bs. As. 1956).

 


Este viaje pasa revista, después de una introducción más extensa que la que aquí se transcribe, a

Lazarillo de Tormes, Lazarillo por incierto autor, Segunda parte de Lazarillo de Tormes, Lazarillo de Manzanares, Guzmán de Alfarache, Segunda parte de la vida del Pícaro Guzmán de Alfarache, La Picaresca Femenina, Góngora y la Picaresca, Vida de Marcos de Obregón, Cervantes y la Picaresca, La desordenada codicia de los bienes ajenos, Historia de la Vida del Buscón llamado Don Pablos, El castigo de la miseria, El Diablo Cojuelo, Vida de Don Gregorio Guadaña, La vida y Hecho de Estebadillo Gozález, Periquillo el de las gallineras.

Finalizando con un título: Este viaje se ha terminado.

       
 

 

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