¿Es posible escribir la historia literaria de una ciudad que en más de ciento cincuenta años de existencia no excede los 80.000 habitantes? A lo anterior hay que agregarle que no se trata del caso de una ciudad estado sino de una de las 19 capitales departamentales de un pequeño país que no ha podido superar los 3 millones de habitantes. Tampoco se puede hablar con propiedad de literatura uruguaya; convendría más bien -lo dijo con muy buenas razones Juan Carlos Onetti-, hablar de literatura rioplatense. Hablar entonces de literatura salteña parece una amenaza de la historia literaria de un barrio, de una calle, de una esquina. Es necesario, por tanto, estar alerta para no perder la perspectiva en el tema que nos ocupa.
Por otra parte, las pequeñas localidades quieren saber la totalidad de su pasado, como si pudieran acrecentar su espacio profundizando el tiempo. Si tal cosa sirve para otorgarles una identidad que incentive la emulación noble, la noción clara de salvaguarda de principios elevados, si sirve para potenciar y enriquecer el presente, entonces bienvenida sea esta Literatura de Salto, que no pretende ser una historia, con todo lo exhaustivo y abarcador que el término implica, sino un panorama, lo más abierto posible a todos los creadores y comentadores literarios de Salto, con la sola restricción y vara de medir de la calidad. En esta valorización literaria hay un criterio evidente e incontrastable que frecuentemente no es tan transitado como invocado: el de la absoluta independencia de toda corriente política, religiosa o filosófica. Es el mérito que queremos reclamar. Sin echar en olvido lo dicho líneas arriba, Salto por raras confluencias ostenta una literatura que, si bien no resiste un análisis como evolución independiente, sale airosa en cuanto a nivel estético, entre los puntos más relevantes de Uruguay y América. Por este motivo también se justifica -es el más importante-, el intento de abarcar algunos nombres poco menos que olvidados y que siguen importando.* * *Así como de un país también de una ciudad se es por nacimiento o por adopción. A nadie se le ocurre negar la ciudadanía de quien ha dejado lo mejor de su esfuerzo durante largos años en una ciudad o en un país. Es lo que ocurre cuando incluimos como salteños, a Altamides Jardím, (Artigas), Artigas Milans Martínez, (Tacuarembó), Julio Garet Mas, (Montevideo), por ejemplo, cualquiera de ellos, con más de cincuenta años de radicación en Salto. Así como decía León Felipe que el único antólogo verdadero es el viento, el antólogo comienza a soplar sobre la obra de tantos años, sobre los planes y los sueños de tantos hombres que comienza a meterse en ellos, sintiéndose cada vez más familiar y responsable de sus obras. El antólogo debe preferir el elogio a la diatriba. Y el silencio respetuoso antes que el ataque a quienes ya no están. Debe, en definitiva, guiarlo un principio ético. Concomitantemente, debe tener un estricto afán de justicia, dependiente exclusivamente de lo que considera valores estéticos. Nada que no sea la equidad del juicio. Solo así puede plantearse con probabilidades de éxito su más importante finalidad: contrarrestar el olvido. Por lo demás, el único mérito de este libro debe verse en la desproporción entre la magnitud de la tarea emprendida y la dispersión casi total de los materiales de base. Es un primer intento por abarcar la riqueza y abundancia de la literatura de Salto, sobre la que existen pocos índices para una ordenación rigurosa: hay estudios panorámicos excelentes de Fernández Saldaña y César Miranda (Historia General de la Ciudad y el Departamento del Salto), y de Telmo Manacorda, (Poetas salteños), que llegan a 1920 y 1919, respectivamente, pero no una antología de esos años; y luego, una antología fechada en 1940 sin ningún criterio ni rigor, 48 Poetas de Salto. Buen material se encuentra además, en El libro del Bicentenario (El Heraldo Salteño), y en los álbumes, Salto en su Centenario, y los del Instituto Politécnico "Osimani y Llerena". Después, estudios individuales sobre contados escritores.
Que no se vuelva irrecuperable el ayer que no tuvo oportunidad de repercusión y que se jerarquice el aporte de años más cercanos. Tal es el criterio que ha guiado este Panorama que desea, finalmente, contribuir al reclamado e imprescindible renacimiento de la creatividad salteña.