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Ante la literatura como ante el canto -y no ante la arquitectura- los hombres de todas las latitudes, ciudades, pueblos, o parajes, tienen idénticas posibilidades.

Con el título "La creación intelectual", razonó Aníbal Alves con respecto a una revista (La lira) de comienzos de siglo: "recoge la profusa producción en verso y prosa de muchos jóvenes artiguenses que, olvidables para el arte, merecen justa vigencia en la memoria afectiva de la patria lugareña". (Artigas, Col. “Los Departamentos”, ed. Nuestra Tierra, 1970.) En esa imponderable frontera "olvidables para el arte" y "la justa vigencia en la memoria de la patria lugareña" pretende instalarse este libro. Entre una y otra elige equivocarse alentando la memoria afectiva, intentando rescatar lo considerado como más digno de permanencia, aunque siempre recordando que es muy mala la condescendencia que se instala demagógicamente, o que no responde sino a la propia ignorancia de fines más altos. Con la excusa de hablar de la literatura de Artigas, no se hará una valorización indiscriminada de los innumerables grupos o personas que no pasaron de las buenas intenciones. Eso sí, se preferirá la mención a la ignorancia destacando, en todos los casos, la consideración crítica que se cree necesaria. (1) Las páginas dedicadas a cada autor, entre referencia crítica y cuando corresponde, el número de textos antologados, es la forma en que, por otra parte, se establece la valorización.

Puede alguien equivocarse seleccionando o juzgando, en un intento tan abarcador como Literatura de Artigas, pero sólo es disculpable si lo inspira un deseo de aportar a la superación del grupo al que dirige su esfuerzo.

Creo en la presente creatividad de Artigas. Los nombres y las obras de la última década del siglo XX así lo permiten afirmar.

Mucha pretensión, soberbia e ignorancia sería pretender encontrar líneas generales en una literatura tan discontinua, con tan inexistentes centros nucleadores y tan poco independiente de lo que ha sido la vida literaria nacional. Por otra parte, los creadores artiguenses lo son también, en buena proporción, de otras localidades menores: Baltasar Brum, Bella Unión, Tomás Gomensoro.

 


 

Un extraño destino de silencio el de los autores artiguenses: el de décadas casi secretas, en las que no es posible rastrear actividades literarias de creación, aunque es impensable que no las hubiera. Después, además, el silencio de tantos autores poco afectos a las letras de molde. O al menos a las que corresponden al libro. Así, el caso más notorio de Aníbal Alves que en su vida sólo publicó en diarios y semanarios. Altamides Jardim publicó Cielo y raíz en 1935 y hay que esperar a 1987 -más de medio siglo- para conocer su Corazón molinero.

Hay silencios que son imposiciones de la autocrítica, pero que no son renuncia al quehacer poético que se sigue ejerciendo en soledad. Hay otros que son los desplazamientos que producen las demás actividades.

Hay otros silencios de impenitente renuncia.

Pero hay un silencio distinto. Los aborígenes de esta región le llamaban al territorio basáltico cercano a Artigas "el gran desierto del norte". Y no es exagerado agregar que también nos ha dominado durante un tiempo, creo que ya superado, "el gran silencio del norte". Un silencio de pampa que, en ocasiones, adopta un rumor metafísico. Y corresponde al carácter de los habitantes de una región.

Por último, hay sin metáfora un silencio del norte que es el que proviene de la distancia de la capital y la consiguiente falta de eco. Al que se le agrega el silenciamiento que también impone a la literatura el avasallador otro idioma del Brasil. Un silencio que hace aún más necesaria ésta y toda obra de rescate de los valores artiguenses.

 


 

 

Literatura de Artigas es, por otra parte, una conjunción de lo disperso: libros -buena parte inencontrables-, revistas y periódicos. Resulta inexcusable que se haya tenido que buscar en bibliotecas de otras ciudades, así como en casas particulares los libros de muchos, por no decir de la mayoría de los autores estudiados. Tengo la sensación que esta antología devuelve a Artigas lo que es de Artigas, organizando la existencia de un corpus importante de obras y autores. La existencia de una literatura. Ni más ni menos.

Hubo en un pasado no lejano, personalidades referenciales: Eliseo Salvador Porta y Aníbal Alves. A ellos se remitirá este trabajo en reiteradas ocasiones. A Julio Garet Mas y a Aníbal Alves pertenecen las presencias críticas más reiteradas.

Finalmente, dejo constancia de mi satisfacción al ver reunidos tantos nombres surgidos en Talleres a mi cargo, en Bella Unión y Artigas, en la última década del siglo XX. Ojalá puedan leerse los textos emanados de esos talleres, así como el mayor número posible de los incluidos en esta Antología, sin desmedro comparativo, dentro del contexto amplio de la literatura uruguaya.

La búsqueda en bibliotecas y las consultas de todo tipo que permitieron la realización de este libro, me recuerda la expresión del poeta argentino Ricardo Rojas: "La pesquisa suele realizarse entre sombras y escombros, con la intuición por luz y la ventura por lazarillo". Pero quizás esta Literatura de Artigas surgió alentada, secretamente, del deseo de dar cumplimiento a las palabras finales de un artículo de mi padre publicado hace más de veinte años y con el cual me reencontré cuando transitaba los tramos finales de este trabajo: “Con poetas y prosistas de Artigas podría hacerse un libro harto interesante y variado que mostraría al vivo, el modo como fructificaron o fructifican en Artigas, al par que las vocaciones de orden práctico, muy respetables, las de los soñadores que aman entablar diálogo con las estrellas”. (2)

Que este libro sea contribución a una trayectoria ascensional de la literatura del departamento. Lo dice quien se considera tan salteño como el mejor salteño y tan artiguense como el mejor artiguense.

 

 

(1) Es llamativa la ausencia de estudios sistemáticos sobre la literatura del departamento de Artigas. Los artículos de Julio Garet Mas y de Aníbal Alves, sin esa pretensión, fueron escritos bajo el imperativo del rescate. Los del primero, incluidos en La cigarra de Eunomo, (Montevideo, Ed. de Numen, 1954), en Bocetos y semblanzas (Páginas escogidas nº 2, Montevideo, 1972) así como en artículos recogidos en diarios; los de Aníbal Alves: un trabajo incluido en Artigas (Montevideo, Ediciones "Nuestra Tierra" Col. "Los Departamentos", Nº 17, 1970) y otros diseminados en distintas publicaciones periódicas –que se irán oportunamente señalando- son las referencias más importantes que se deben tener en cuenta.

Lo más detallado no sólo referente a la literatura sino a la cultura en general, hay que buscarlo en el capítulo "La cultura artiguense" que le dedica Aníbal Barrios Pintos en Artigas, de los aborígenes cazadores al tiempo presente (Montevideo, MEC, 1989.)

La publicación Páginas para un estudio literario del Departamento de Artigas, de Luis Augusto Rodríguez Díaz (Montevideo, s/e ,1976) reúne importante material y fue un empeñoso intento que se empaña, en parte, por innumerables inexactitudes y ausencia de sentido crítico.

El capítulo "Las expresiones de la cultura" en Artigas, Col. “Los Departamentos” (Montevideo, Ediciones Fin de Siglo, 1998) destaca apenas dos nombres -A. Alves y E. Salvador Porta- "del pasado" y cuatro en el subtítulo "La creación más reciente", olvidando a muchos que quedarían bajo la advertencia "ámbito de la ciudad de Artigas y los últimos lustros". La publicación no hace tampoco ninguna referencia a la auspiciosa creatividad del presente.

Por último, apenas referencias parciales, o complementarias, en publicaciones de otra índole.

En la última década varios nombres se dan a conocer que aparecerán en el capítulo 3 de este libro.

Todo parecía menos auspicioso cuando un artículo sin firma, planteaba en el periódico El Baluarte, el 25 de agosto de 1930: “¿Existe y ha existido literatura en Artigas? Únicamente ha habido y los hay, cultores literarios aislados, de actuación completamente personal, es decir, sin ambiente propicio, alejados de todo centro de cultura, carentes de todo apoyo intelectual. Se puede decir que todavía existe aquí, en Artigas, un completo desamparo para quien quiera que realice la labor literaria. Se choca, de inmediato, con la indiferencia general, y se lucha, luego, con los mil y un obstáculos que exigen para vencerlos: elevado espíritu y recta voluntad”. Queda adelantada la situación del presente por Aníbal Barrios Pintos (de quien se tomó la cita anterior) cuando concluye: “En la actualidad, el panorama es distinto: existen varios centros de irradiación cultural públicos y privados, que comúnmente efectúan conciertos, recitales, representaciones teatrales, muestras plásticas y también certámenes literarios, conferencias y exposiciones del libro”. (Ob.Cit.)

 

(2) Julio Garet Mas, “Poetas y prosistas de Artigas” en “La Página Literaria”, Tribuna Salteña, 31 de agosto de 1980.

       
 

 

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