El País Cultural

 

LIBRO SOBRE MAROSA DI GIORGIO
UN CIMIENTO MÚLTIPLE

 

Por Elvio E. Gandolfo

Como otros nombres de la literatura uruguaya (Julio Herrera y Reissig, Juan Cunha, Felisberto Hernández, Mario Levrero), Marosa di Giorgio se dedicó básicamente a su arte, sobre todo en sus años montevideanos. Marcó además su territorio y su tono desde el primer libro, con una coda final de varios títulos donde se acentuó la temática erótica y el enfoque narrativo. Nació en Salto como su fiel amigo Leonardo Garet, también poeta, y además narrador y crítico, que siguió viviendo en Salto, donde emprendió desde el 2003 la edición de una colección de Escritores Salteños. Ahora entrega un grueso volumen sobre la autora de Los papeles salvajes, que cumple plenamente, y con originalidad, la promesa de su subtítulo: "Vida y obra de Marosa di Giorgio".

EN EL JARDIN NATAL. El tono de esos dos grandes bloques es una combinación equilibrada entre la recopilación de datos y la flexibilidad de enfoque. En ese sentido es fundamental cierta humildad: tanto en la vida como en la obra de Marosa, Garet cita en abundancia a todos los que han escrito sobre ella, desde Roberto Echavarren a Washington Lockhart, desde Ricardo Pallares a Osvaldo Aguirre, desde Benítez Pezzolano a Miguel Ángel Campodónico. Y muy en especial a su hermana Nidia di Giorgio, compañera que compartió "los mismos pensamientos del alma" con la poeta, como diría Allen Ginsberg.

Los principales aportes biográficos tienen que ver con su etapa salteña. Allí Garet se ha dedicado a definir el perfil, por ejemplo, de la etapa teatral, que Marosa ejerció con su hermana Nidia y que tuvo en el grupo Decir, dirigido por la argentina Nydia S. Arenas, su principal espacio. El grupo duró un cuarto de siglo, representó 50 obras y Garet hace la lista completa de aquellas donde intervino Marosa. No deja de destacar, por otra parte, la base sólida que esa experiencia significó para sus recitales, que tuvieron un efecto explosivo cuando trascendieron en otros países de América Latina, como Colombia y Argentina.

Uno de los primeros críticos de Marosa fue justamente Julio Garet Mas, padre de Leonardo, que heredó a su vez la profunda amistad con la poeta. De hecho la permeabilidad y generosidad de Marosa hacia los relacionados con la letra o el arte que conoció, es uno de los rasgos que aparecen nítidos en los testimonios sobre su vida. Garet mantiene una distancia intermedia ejemplar entre la amistad y la objetividad, entre la decisión de recopilar la mayor cantidad de datos posible y la tentación de subrayar su papel de testigo privilegiado, de quien toca el pasado ("Tengo en mis manos un programa de Doña Rosita la Soltera...", escribe en un momento). En ese sentido recuerda la que aplicó Suzanne Jill Levine en su excepcional biografía de Manuel Puig, siendo como había sido traductora y amiga de Puig a lo largo de varios años.

Van desfilando las chacras y huertas, los parientes, el ambiente natural insondable y colorido de la infancia, el café, las bebidas, las tertulias montevideanas. Cuando llega el tránsito final, se corporiza en dos conmovedoras anécdotas, de una sobrina y de su hermana. Como cierre definitivo, Garet describe el hipotético homenaje parlamentario propuesto, votado, y nunca realizado.

LOS PAPELES. Un buen pliego de fotografías (que acompañan otras dispersas en el texto) divide el libro en dos. En la segunda parte, más extensa, hay un prolijo estudio crítico, lingüístico y temático de la obra de Marosa di Giorgio. En ese aspecto, Garet ha compulsado ediciones diversas, con sus variantes y cambios. Una zona inicial hace un sobrevuelo general, que completa y se articula con las precisiones de la zona biográfica sobre sus gustos y lecturas. En ese sentido son de destacar los vínculos con la filosofía (lectura favorita de Marosa), y con figuras herméticas como Hermes Trismegisto.

Después Garet divide la obra en períodos cronológicos: "la creación del mundo" (los tres primeros libros), "la danza de Eros y Thánatos" (los tres siguientes), "el mundo en el espejo o la viva presencia de Mnemosine" (desde Gladiolos de luz de luna a Está en llamas el jardín natal), "Eros alucinado" (los libros narrativos, desde Misales a Rosa mística) y por último "la familia", aún en proceso de edición, ya que Pasajes de un memorial al abuelo toscano Eugenio Medici aparecerá en diciembre de 2006.

Más allá de que se compartan o no los puntos de vista críticos de Garet (para este cronista equilibrados y justos), es indudable la utilidad de una extensa sección final. Allí Garet repasa el recorrido, libro por libro, incluyendo la portada de su primera edición, y agrega en notas al pie los textos de contratapa o los prólogos eliminados en ediciones posteriores. Subraya además el modo en que la propia Marosa quitó Visiones y poemas (Venezuela, 1954) de su bibliografía. En buena medida puede deberse al propio coraje de la autora para meterse con esa interface tan explosiva que es el cruce de la religión con el sexo.

En las "palabras finales" Garet trata de sintetizar el perfil de Marosa di Giorgio. Para hacerlo, cambia la frase de Borges ("pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído") por la probable paráfrasis marosiana: "pocas cosas me han ocurrido y muchas he imaginado"; compara su uso del jardín-paraíso-chacra-quinta y sus animales, teología y leyendas con los elementos que empleó el Dante; descubre un centro temático obsesivo en la idea "de ser cazado y violado". Por último recurre a la famosa frase de Shelley sobre los poetas como "secretos legisladores del mundo ".

Cada uno de los autores que nombramos al principio sigue corriendo con su obra mucho más adelante que la crítica abundante que los sigue, repartida entre los extremos histórico/ sociológico y teórico/ textual, con aún pocos aportes que los eviten o los combinen. Marosa es un caso evidente. Por una parte Garet hace su propio intento. Por otra, recopila una abundante bibliografía de libros, artículos y reseñas en las últimas páginas. Su libro entero es un cimiento sólido, una base de datos ineludible (se la cite o no después como fuente) para las incursiones ensayísticas, sensoriales y lúcidas del futuro.

El País Cultural, núm. 886, 27 de octubre de 2006.

 


Elvio E. Gandolfo (1947, Rosario, Argentina), narrador, crítico literario, periodista. Residió por muchos años en Montevideo. Colaborador de Crónicas Económicas, Jacque, Opinar, El País, Crisis, Tiempo Argentino. Algunos de sus títulos: Caminando alrededor (1986), Rete carótida (1990), Cuando Lidia vivía se quería morir (1998).

       
 

 

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