Semanario Brecha

 

 

MAROSA DI GIORGIO
EL JUEGO CONTINUA

 

Semanario Brecha, Montevideo

SE HA REPETIDO una y otra vez: Marosa di Giorgio se creó a sí misma en su vida y su poesía. Al hacerlo, borró, con malicia y deliberación, los límites entre una y otra. "Produjo" una figura y una historia que, como su poesía, no se pueden consumir fácilmente. Desde niña se supo elegida, se resignó a su papel de "hada" y dio testimonio. Realizó, en palabras de Elías Uriarte, una "crónica profunda e infinita", una "crónica de la visión".*

Marosa se fue contando ante los ojos de los "paseantes" montevideanos en sus atuendos, sus maquillajes, sus peinados, y en las incontables conversaciones y entrevistas que siempre estuvo dispuesta a brindar. Uno la podía abordar tranquilamente en alguna calle o bar y escucharla decir que ella era esa niña del huerto cercado que está en su poesía o que empezó a escribir cuando la Virgen se le apareció. Todo era creíble y aceptable solo porque ella lo decía. Su muerte ocurrida en 2004 detuvo esa creación continua aunque por supuesto no clausuró versiones e interpretaciones.

Han quedado los libros publicados de Marosa, uno inédito, los textos de sus entrevistas que ella en general prefirió escribir y, muy vivo, su recuerdo. De todo esto se nutre el libro de Leonardo Garet El milagro incesante. Vida y obra de Marosa di Giorgio. Es un sentido homenaje y el primer y valioso intento de abarcar con exhaustividad el "fenómeno" Marosa, por demás complejo, ambiguo y contradictorio. Marosa jugó mucho. En el acopio de citas tomadas de las entrevistas nada ingenuas, meditadas, que concedió, es posible percibir una poética que fue escribiendo incitada por sus lectores.

"Marosa es el nombre de una planta italiana, fantástica; cada tanto da una flor sumamente abrillantada. Parece ser que esta flor fue traída de las Galias, o no, pero formó parte de los rituales druídicos. Así decían siempre en mi casa. A lo mejor inventaron todo. Inventaron el nombre Marosa" (citado por Garet de un artículo de Luis Bravo). Otra: "La niña que atraviesa mi trabajo, la que lo protagoniza bajo diferentes nombres, o con el propio, es Marosa, es mi alma andando y andando como sin fin, encandilada" (Garet, reportaje sin firma de la revista Paula).

¿QUIEN DIJO REALISMO? En su estudio, Leonardo Garet avanza morosamente, libro a libro, sin dejar nunca de lado una visión de conjunto de la obra y de las afinidades e intereses de Marosa. Son amplísimas las referencias a libros, canciones, pinturas, mitología pagana y cristiana, doctrinas esotéricas. Registra variantes entre ediciones de un mismo libro. Releva todo lo escrito sobre ella y hace un uso generoso del trabajo de otros críticos. Tiene un criterio acumulativo: paso a paso plantea una antología de lo que otros han dicho junto a su conocimiento íntimo y preciso de los textos.

Uno de los problemas cruciales planteado por la crítica es el de la relación referencial de la obra de Marosa. Es unánime la percepción de la autonomía del mundo marosiano, en cambio es discutida la pertinencia de la aplicación de las categorías de lo fantástico o realista a su obra. Con algo de provocación, Hebert Benítez ha postulado "el realismo literario de Marosa di Giorgio". Planteó en la revista Hermes Criollo (número 9) que es probable que mucho del impacto de su obra "tenga que ver, entre otras cosas, con la radical elaboración de una subjetividad que se comporta inmediatamente en los términos de una desafiante transubjetividad: la voz que refiere no admite el carácter inexistente ni arbitrario del mundo referido ". Leonardo Garet por su parte piensa que "el realismo de la autora de Los papeles salvajes está cerca de Homero, desde que los dioses andan y hablan entre humanos y el Olimpo se hace tan familiar y creíble como una chacra de las afueras de Salto poblada de diablos, santos y hadas (...). En definitiva, un "realismo" anterior a la palabra realismo, cuando los dioses andaban con los hombres y éstos con los animales sin fronteras dadas por la razón y sí con uniones dadas por el instinto ".

En cierta medida ambos plantean la posibilidad de la existencia de un realismo infiel a lo que la sociedad conviene como "lo real" porque rechazan la noción de lo fantástico como apropiada para calificar lo que hace Marosa. Aceptarla sería legitimar un límite que Marosa desconoce. Tal vez sea el cuento de hadas el que mejor permita comprender los mecanismos que pone en juego la literatura marosiana. Hay una voz que se postula testigo y protagonista en un relato alucinado que reclama de los lectores la entrega encantada del " había una vez...". Si trasladamos lo que afirma Marthe Robert de los cuentos de hadas a la literatura de Marosa, podemos entender que ella tampoco quiere hacernos creer en "otro mundo". Si niega los datos de la experiencia es para "insidiosamente" hacernos ver que lo que narra nos ocurre a todos. Uno recorre el "mundo Marosa" (como si fuera un sello) con incertidumbre, desconcierto, espanto y el extraño reconocimiento de que todo eso nos pertenece. Tiene algo que ver con lo siniestro freudiano que la crítica ha señalado como una presencia en su obra.

Bruno Bettelheim en su estudio clásico sobre los cuentos de hadas analizó la importancia que en ellos tiene el final feliz: cuentan un proceso de crecimiento y maduración, una lucha contra los obstáculos del mundo, que el niño-héroe gana siempre, más allá de las carencias de sus orígenes. En esa pelea el sujeto se conquista a sí mismo: esa es la felicidad alcanzada. El muchacho, o muchacha, deviene adulto y "reina" en su "yo"; triunfa sobre sus zonas más oscuras. Nada de esto sucede en la poesía de Marosa. En ella hay reyes, reinas y ascensos al trono como en los cuentos de hadas, pero nunca es ese un título que se conquista. En esta poesía se es todo definitivamente, desde el principio, no se "llega a ser". No hay gradación, hay transmutación.

En lugar de la heroína que se supera, podríamos decir que su poesía, hasta Misales, crea una "heroína" detenida, que dice siempre la permanencia en ese mundo primero familiar del que no sale, con el que no rompe; por eso vuelve una y otra vez en su obra a la imagen del "umbral".

UNA INCORPORACION Y UNA CONFIRMACION. Garet recoge las informaciones de las primeras ediciones: prólogos, contratapas, carátulas; todo perdido luego de que empezaron a publicarse Los papeles salvajes en 1971. Esta primera recopilación ampliada de la obra de Marosa realizada por Arca reunía los libros Poemas, Humo, Druida, Historial de las violetas, Magnolia y agregaba La guerra de los huertos y Está en llamas el jardín natal. Garet especifica que en 1954 Marosa publicó Visiones y poemas, libro que reeditaba los Poemas del año anterior y agregaba la sección "Visiones" que nunca fue recuperada por su autora. Situación excepcional para la que Garet propone, entre otras explicaciones, que Marosa fue consciente de su agresión a la moral y la religión provincianas de los cincuenta. "Visiones se trata de una cumplida anticipación de preocupaciones. Una iluminada anticipación ", afirma Garet. Transcribe el fragmento "Visiones II", "Dios rozó con sus labios mi frente ", del libro hasta ahora "desaparecido" e interpreta su importancia en el conjunto de su obra. En ese texto temprano esta ya la "sacrílega" fusión de religión y sexo, que será tan determinante de su posterior obra más narrativa: Misales. Relatos eróticos (1993), Camino de las pedrerías (1997), Rosa mística (2003), La flor de lis (2004).

La relación sexual con Dios aludida/realizada en ese primer Visiones anticipa la imagen posterior de Marosa/Dios. "Ella tenía, ya en el alba, una expresión sombría, era la señora de un bicho, era Dios ", dice casi hacia el final del relato la voz de Rosa mística. Los seres femeninos que aparecen en los últimos libros de Marosa son ogresas deseantes. Son diosas que se comen a sus hijos. Pueden leerse como metáforas de un miedo a la procreación que está desde el inicio de esta poesía. Elías Uriarte explicó "el doble movimiento interno" del texto marosiano: devoración y engendramiento. Si es un mundo fascinado por los nacimientos y la gestación (en la imagen del huevo), esta poesía nombra una y otra vez el aborto. Hay una fatalidad de no descendencia en este mundo signado por las figuras parentales, el deseo y la muerte.

"VIDA DE..." Las fuentes de Garet son, además de sí mismo y su padre, las muchas personas que frecuentaron a Marosa a lo largo de los años, entre las que destaca la importancia del aporte de su hermana, Nidia di Giorgio. No sólo sistematiza y aclara la información más o menos conocida, investiga y agrega datos importantes que incidirán sin duda en las interpretaciones futuras. Por ejemplo rastrea la vinculación de Marosa con el conjunto teatral Decir, un grupo formado por Nydia Arenas en 1947 en el liceo nocturno de Salto. Establece la lista completa de sus actuaciones en diversas obras. Las apariciones en público de Marosa, sus performances, sus lecturas de poesía son prueba de la sabiduría adquirida en el escenario. También su poesía está concebida como un juego dramático de fuerzas ocultas, simuladas o manifiestas, que por lo general no se resuelve.

Entre los "propósitos" de su estudio Garet hace constar el "deber de memoria" hacia ese "ser de excepción" que fue Marosa. Consigna que es necesario que "quienes estuvimos a su lado, demos fe" de "algunos rasgos inseparables de su persona, tales como la simpatía y la bondad ", que no deben ser ocultados por el aura mítica de su figura. Se pone en la situación de testigo autorizado para decir el lado humano y personal del "milagro".

Se ha criticado a Max Brod, el escritor, primer biógrafo y amigo de Franz Kafka, el haber dejado a la posteridad "su" Kafka: el que su amor le permitía ver. La objeción es atendible; pero al mismo tiempo es necesario decir que el valor de su biografía es inestimable porque trasmite la calidez humana de la imagen lograda en cercanía, con todos los riesgos que esto implica. Esa proximidad entre biógrafo y biografiado se hace presente también en la primera parte de El milagro incesante, un libro "documental" y al mismo tiempo "vivo" y "pasional" según quiere Garet. Pero, mientras Brod crea una narración con su conocimiento de Kafka, Garet prefiere no hacerlo. No hace una biografía a secas, ni una biografía literaria. Dice Garet al comienzo de su trabajo: "...nada mejor para describir su infancia que un poema con ese motivo, nada mejor que hablar del lugar "real" de la chacra de su abuelo, que "El mar de Amelia 33'... ". Con esta afirmación, Garet queda atrapado en la visión hipnótica de Marosa, que inhibe la posibilidad de análisis y confrontación con una realidad ajena a sus textos. No cuenta su vida, ni abre su obra al juego de significaciones que podrían surgir del cotejo con algunos sucesos debidamente documentados e interpretados. Con esta discrepancia de criterio, vale la pena reafirmar que El milagro incesante es un aporte fundamental al conocimiento de Marosa.

El milagro incesante. Vida y obra de Marosa di Giorgio, de Leonardo Garet. Montevideo, Ediciones Aldebarán. 2006.

CARINA BLIXEN

* Los papeles salvajes, Elías Uriarte en BRECHA, 21-VIII-92.

 


Carina Blixen, Montevideo, 1956. Crítica literaria, docente. Becaria del ICI. Profesora del Instituto de Profesores Artigas. Algunos de sus títulos: Isabelino Gradín, testimonio de una vida (2000), Juan Carlos Onetti. Aproximación a El Pozo (2002), El desván del 900. Mujeres solas (2002).

       
 

 

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