PRESENCIA DEL MILAGRO

 

Desde la portada del libro sus ojos nos miran fijamente, sus manos de uñas rojo sangre cierran su boca en un gesto ambiguo. ¿Asombro, pudor, espanto? Es Marosa di Giorgio con todo su misterio. El libro es de otro salteño también poeta, Leonardo Garet.

Como un tributo de admiración y amistad nos entrega "El milagro incesante" y nos convence que existe. Derrama sobre nosotros con generosidad toda la dimensión desmesurada de la singularísima poeta y mujer que fue, que es la gran salteña.

Solía decir Vinicius de Moraes que "la vida es el arte del encuentro"; los lectores apasionados sabemos que la lectura también puede serlo. Lo buscamos con ansiedad y afán, en novelas, poemas ensayos, cuentos. Cuando el encuentro llega -por suerte sucede a menudo- es tiempo de alegría y celebración. Por eso quiero contarles de este libro.

Hace cerca de treinta años, un joven periodista entrevistaba a Marosa. Trataba afanosamente de asirla en una entrevista más o menos convencional. Ella maravillosa, extraña, libre, escuchaba.

-¿Usted, cuándo escribe?

Lacónicamente responde:

-Cuando viene la mariposa.

Inocentemente el muchacho se afana.

- Pero la mariposa, ¿en qué momento llega, de mañana, de tarde....?.

Final y definitiva la respuesta.

-Las mariposas son libres.

Muchos a lo largo de los años hemos tratado de encuadrar a Marosa en los límites de una entrevista. Ella era siempre amable, bien dispuesta, generosa, pero era casi imposible estar a la altura de los derroteros de su mundo, salvo cuando también libre y misteriosamente la magia se instalaba. Tuve la suerte que me ocurriera dos veces, hoy inolvidables. Ella y su obra ("me casé con la poesía") son una misma cosa. Nos convoca a su mundo primitivo, salvaje, profundamente sexual y erótico, llevándonos desde el terror o el miedo a la maravilla y la fascinación.

Le dijo mucho a aquel joven periodista porque siempre se identificó con las mariposas, decorativas y agresivas, comestibles y simbólicas, naciendo y muriendo.

Oigámosla: "me disfracé de mariposa; grandes salones con manchas/ papá los construyó trabajosamente/ y con él de niña enfrenté al mundo/los zorros y los pájaros". Podría haber agregado "todo empieza como un pequeño relámpago, una palabra que se adelanta ornamentada, algo del pasado o del futuro que me cae en las manos".

Extraña, exótica, diferente en su Salto le decían "la rara", llevó con timidez y valentía su mote y aceptó con humor y ecuanimidad la cuota de escándalo que su personalidad entrañaba. Como bien dice Garet no sólo en Salto sino en cualquier ciudad era "la rara". Dueña siempre de sí misma y de su opción.

Frecuentemente oigo decir, "no leo poesía, no la entiendo". Es un prejuicio que olvida la sensibilidad y apuesta sólo a la razón.

En estos días de Feria del Libro ¿porqué no buscar a Marosa, a Garet y a otros? El regalo de sus vidas y de sus obras están al alcance de nuestra mano.

 


(Lil Bettina Chouy, Diario El País – Cultura – 1° de octubre de 2006)

       
 

 

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