Federico García Lorca se inició con el libro Impresiones y paisajes, en 1918. Su segunda publicación, Libro de poemas (1921), dentro de la atmósfera de Juan Ramón Jiménez, llamó la atención sobre su autor y sigue mereciendo la favorable consideración crítica. No abandonaría el camino ascensional. Canciones (1927), exhibe una voz con logros estéticos definitivos. Romancero gitano (1928) representa la perfecta adecuación entre la anécdota y la poesía. El cuento y el canto. Historias de gitanos, de enamorados, de perseguidos, de monjas, de santos, conforman algunos de los momentos más intensamente líricos de la lengua española. Poema del cante jondo (1931) presenta los sentimientos trágicos de la poesía popular andaluza integrados a su particular modo de ver el mundo. El éxito popular de ambos libros no lo inmoviliza para nuevas búsquedas: todo en él había sido búsqueda. Poeta en Nueva York (1931 es la fecha de composición y 1940 la de impresión) lo muestra radicalizado en la defensa de lo genuino de la vida en contra de la deshumanización de las grandes ciudades pero sin perder el sentido estético. Nunca panfletario; militante de un estilo de vida pero a la vez de la poesía. Las corrientes de vanguardia concuerdan con el espíritu de Poeta en Nueva York. Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (1935) sin estridencia se puede decir que es la obra maestra de la poesía española del siglo XX. Lorca continuó escribiendo y buscando formas. Seis poemas galegos, 1935 y póstumamente, Diván del Tamarit, 1940. Cuando se creía que este libro cerraba la experiencia estética de Lorca, se fueron dando a conocer algunos poemas que se consideraban perdidos y que conformarían el libro Sonetos del amor oscuro. La versión más completa, que se supone definitiva, fue la que apareció en el diario ABC.
(Fragmento)