Según Américo Castro el título se debe al deseo de Cervantes de congraciarse con el Conde de Lemos y el Cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas, sus protectores en ese tiempo. No serían “ejemplares” en sentido estricto de la palabra. Pueden, en cambio, ser ejemplares en doble sentido, si se tiene en cuenta que trasmiten valores más allá del tiempo de su autor y si las consideramos como obras de experimentación narrativa.
A medio camino entre las dos partes de El Quijote el conjunto de novelas reunido con el título de “Ejemplares”, representa un verdadero crisol de propuestas narrativas. Cervantes es conciente del impulso fundacional que le está dando al género. Experimenta con la novela italianizante, con la picaresca, con planteos literarios innovadores del punto de vista –hasta los perros tienen voz- con novelas ligadas y con una gama de personajes bullente, infinita, como si metiera en sus páginas las calles de España.
Vale la pena la lectura atenta del Prólogo de las Novelas ejemplares por lo que dice de sí mismo, por la declaración de sus intenciones y también porque subraya la clara conciencia que tenía acerca de los aspectos formales como planteo central en su narrativa: “Yo soy el primero que he novelado en lengua castellana”. Además de la apuesta de cada una de las novelas individualmente, puede aceptarse –como lo ha hecho Joaquín Casalduero- que existe una ordenación no casual del conjunto. Casalduero entiende que hay una ordenación “barroca” porque se oponen La gitanilla –idealista- primera novela del conjunto, con la última, El coloquio de los perros –realista-. [1] Se puede estudiarlas, según Casalduero, con el eje vertebrador de las oposiciones idealismo-realismo. El tiempo de redacción es muy variado y si hubo una intencionalidad de ordenamiento, ésta estuvo cuando dispuso el orden definitivo de publicación.
Francisco Rodríguez Marín las divide en realistas, al modo italiano y mezcla de realidad y fantasía. Esta clasificación adolece de insalvables desenfoques, como por ejemplo ubica a Rinconete y Cortadillo dentro de las realistas, cuando si hay algo que puede destacarse de esta novela es que sobre un plano de minuciosa observación el autor imprime una mirada que tiñe de idealismo y gracejo para no dejar nada del rechazo que tendría que provocar una cuadrilla de delincuentes.
Más que esquematizar las novelas de 1613, esforzándose por encontrar un plan ordenador, conviene recordar que fueron escritas en distintos tiempos y reunidas, al igual que los entremeses, a los efectos editoriales. Ateniéndose al orden en que fueron ubicadas por su autor, estas son las doce novelas: La Gitanilla con idealización del personaje, cantos y sentido coreográfico de la acción, evidencia una concepción del amor como opción del individuo muy por encima de su época; El amante liberal (se puede afirmar que se trata de la más antigua), con claro recuerdo del cautiverio en Argel que debió soportar su autor, que ahora propone un discurso inicial desde la prisión y otro en libertad al final de la obra, es la que expone menos méritos literarios; Rinconete y Cortadillo es la comprensiva e irónica visión cervantina del hampa; La española inglesa entrecruza enfermedades y amores al servicio del triunfo del amor sucesivamente en Londres, el mar y Sevilla; El licenciado Vidriera con ese loco, familiar cercano del de la Mancha, divide su interés entre el proceso de locura y los dichos del personaje; La fuerza de la sangre contiene un planteo que puede ser símbolo de la lucha entre el pecado y su expiación, reafirmando el valor místico del matrimonio; El celoso extremeño propone un antihéroe, no a la manera quijotesca, sino por carecer de valores éticos; La ilustre fregona crea a partir de la dicotomía del título un clima de incesantes desencuentros hasta culminar con triple matrimonio; Las dos doncellas presenta a dos doncellas peleando por su amor con el expediente del disfraz, o cambio de identidad; La señora Cornelio, la hidalguía española en medio de la aventura que parece incesante, prepara la unión amorosa que dará cima a la novela; El casamiento engañoso (posterior a El Coloquio) es una sola novela con la siguiente, El coloquio de los perros (1604-1605). Al respecto el mismo autor dice en la Dedicatoria de las Ejemplares al Conde de Lemos: “Sólo suplico a Vuestra Excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos…” lo que es buen argumento para que se las siga considerando por separado. En El casamiento engañoso un personaje cuenta a otro su historiay éste le corresponde relatándole lo que oyó cuando estuvo hospitalizado, que es el coloquio de dos perros, Cipión y Berganza, que conversan muy humana y pícaramente, sobre su vida, que admite un paralelo con la de los pícaros.
Tal como se quería en el Renacimiento el lenguaje es el de la tradición, sin neologismos cultos y con las palabras y los giros de la calle. Cuando se utilizan arcaísmos es con la galanura formal y los requiebros expresivos de su época y en tono muchas veces paródico.
Con cualquiera de las tres novelas del presente volumen, su autor tendría que ser estudiado como un exponente máximo de la literatura española.
[1] Casalduero, Joaquín: Sentido y forma de las Novelas Ejemplares, Madrid Gredos, 1962.