Por MAROSA DI GIORGIO
El libro de hoy, que abre sus secretas puertas manteniendo el misterio. Estas puertas, hojas, parecen aparecer y dar paso, sorpresivamente, en lugares donde nunca estaban, donde no podía haber puertas.
Me asomo y hay un rebullir de estrellas. Hay un pliego gigante y pequeñísimo, alto como una montaña, pequeñísimo como un dedal, entreabierto, tiene guardada y mostrada, la misma palabra en nota desconocida. Pero ésa era, la que siempre pretendimos, buscábamos.
Las Hojas de la Naturaleza. Mil o dos. El Verde erigido en señor, ante el cual palidecen acaso los más bellos lilas y amarillos. El verde, señor, músico, dibujante, dueño, pontífice.
Pero también, están, se abren paso lo bronceado, lo rojo, bronceados rojos sombríos de granada, rosa y tulipán. (Aquí Natalie Sheck de Solari pone una sensibilidad profunda; lo que saca de la naturaleza, se ensambla a este libro, a esta presencia, imbricándose totalmente).
Empieza toda la saga con un pensamiento: "Según el filósofo árabe Haly, la raíz de todas las cosas es verde.
Se trata del sujeto en estado primario, que, aunque todavía inmaduro, está listo para desarrollarse.
Goethe creía en el Urpflanze, o planta primigenia. Leyendas egipcias e hindúes enseñan que sobre las aguas todavía vacías, flotaba el huevo de oro, la flor de loto, o un nenúfar".
Así que huevo de oro, ovario dorado, música de las esferas, música de una esfera. Así que una anémona, una... flota en el agua, signa la nada. Hay una flor en nuestra más remota historia, en nuestro primer paso. Esto es un pasaje de "Anémonas":
"Bailarinas de pensamientos, las anémonas de otros territorios también son mías. Nadie puede tener anémonas como quien tiene propiedades. Cuando cruzo por un jardín desconocido me acerco con miedo de mirarlo y de que se sienta en la obligación de tener prontas sus anémonas.
Las anémonas no requieren ue nadie las cultive. Parten de la base que son el pensamiento de todos. No temen a los perros ni a los jabalíes, Y sonríen a los extraños, como los niños."
Un pasaje de "Rosas", es decir "Rosas":
"Te invito a conocer rosas toda la tarde, mientras los picaflores se deshacen en el aire atravesados por sus picos.
Estaremos en la parte de atrás de tu casa, adónde nunca entra nadie. Tocarán el timbre, derribarán la puerta y pensarán que hemos muerto. Las rosas organizarán sus pétalos adentro de tu pecho y de mis brazos.
Una espiral de luz brillará en tu cabeza y tendrán nuestras sonrisas recuerdos del jardín".
El pasaje final de "Claveles":
"Que no se venda un solo clavel. Este año voy a escribir nuestros nombres con claveles rojos y blancos.
Para que resalten los haré un buen marco de claveles negros”.
* * *
Y entonces, si salimos a la noche nos quedará el impacto de unas ramas, una granada, pesada, estelar, aérea, sola, mientras se le cae topacio o turmalina, encendida manzana de sorpresa, de ilusión.
Esto no es sólo un libro. Desde sus tapas, desde sus envolturas, desde sus claras, lleva rígidas ramas parecidas a cirios, cruces de la vegetación y hay bestezuelas medievales y van a salirse y a correr por la sala. Pero no podrán porque las hipnotizan los tramos de los crucifijos, las cruces, esa escarola sagrada.
Garet creó un clavel y una anémona. A la medianoche como un brujo transformó todo en oro y transformó el oro en perfume y en color.
Esto es un vitral. Sus sorprendentes dibujos constituyen el retrato, el reflejo, de otra edad, otra identidad. De una cosa que sucede en la tierra, pero que, en verdad sólo está en el cielo.
(Texto de la presentación del libro, recogido en El Pueblo, el 5-VIII-1999)
Marosa di Giorgio, Salto Uruguay. Poeta. Reunió sus libros, que empezó a publicar en 1953, con el título Los papeles salvajes (Arca, 1971). Otros títulos: La liebre de marzo (1981), Mesa de esmeraldas (1985). Inicia una serie de libros de narrativa con Misales (1993).